Las guardabocaminas del Cerro Rico

Ganan entre 500 y 1.000 bolivianos. En un cuarto viven, cocinan y guardan los minerales.
domingo, 28 de abril de 2019 · 01:04

Inversión  / La Paz

En el coloso Cerro Rico de Potosí, 135 mujeres guardabocaminas custodian las 24 horas del día, los siete días de la semana, en parajes que llegan hasta 4.400 msnm. Las secciones de mayor importancia de actividad minera en el Sumac Orcko o cerro hermoso –debido a su intensidad y concentración de trabajadores– son: Robertito, que abarca el sector oeste; La Plata, que comprende la parte este; y Caracoles, al norte del yacimiento minero, área desde donde se ve el centro urbano de la ciudad de Potosí.

La pobreza se cobija en el Cerro Rico, allí las mujeres tienen como principal actividad ser guardianas del ingreso a la mina o recolectoras de residuos minerales, en condiciones de vulnerabilidad y desprotección de derechos, según una investigación realizada por la Fundación Jubileo.

Las guardabocaminas perciben entre 500 y 1.000 bolivianos por mes. Son  parte del sustento de familias que, en su mayoría, tienen más de cuatro hijos. Suelen cocinar y guardar explosivos en viviendas precarias de adobe, piedra, calamina y pisos de tierra, de 12 a 16 metros cuadrados. Ninguna tiene alcantarillado, casi ninguna accede a agua potable y pocas tienen energía eléctrica. En algunos casos, se exponen a maltratos y acoso; y si les roban herramientas, maquinaria o insumos, pagan con su trabajo.

Pero no ingresan a la mina

Las mujeres no ingresan a la mina, su condición de viudas o separadas de su pareja hace que su supervivencia sea cuesta arriba. Algunas, además de guardabocaminas, también son palliris, personas que operan en los desmontes, de donde extraen residuos de mineral de bajo valor comercial. Recoger (pallacu) y barrer (pichar) son algunas de sus actividades, también expuestas a la contaminación ambiental, con riesgos para su salud.

El estudio de la Fundación Jubileo, con testimonios de las trabajadoras, muestra que están en un eslabón marginal de la cadena productiva minera.

En Bolivia, la explotación de los yacimientos mineros genera entre 2.500 y 4.000 millones de dólares anuales, de los cuales  apenas 300 millones de dólares ingresan a las arcas del Estado. En los últimos 11 años, Potosí recibió más de 1.000 millones de dólares por regalías. 

Pese a los importantes resultados alcanzados en la reducción de la pobreza, todavía están latentes desafíos para proteger a los sectores más vulnerables.

Vida y trabajo

La pobreza de las mujeres mineras está vinculada a un conjunto de mecanismos de presión por parte de sus empleadores, acallando las injusticias. La baja escolaridad, la impotencia y el conformismo se convierten en una barrera difícil de superar, lo que posterga que puedan organizarse y exigir el cumplimiento de sus derechos.

Debido a las escasas oportunidades para vincularse con la población y para realizar otras actividades económicas y laborales, las guardabocaminas y sus familias tienden a reproducir esta condición de vida en sus hijos, quienes no conocen otra labor que no sea minera, y así se mantienen en el círculo de la pobreza.

Mejorar las condiciones de vida y trabajo de las mujeres mineras pasa por la intervención del Estado y de otros actores del sector. Algunas líneas de acción propuestas son el fortalecimiento de capacidades, promoción del enfoque de derechos, aplicación de la normativa laboral, garantías para la atención integral en salud y generación de alternativas productivas.

Poner la mirada en este tema trasciende principios éticos que interpelan al Estado en su rol de protector de los derechos y, en especial, de las personas con mayor vulnerabilidad social, como el caso de las mujeres mineras.

También hay un serio daño a la Casa Común. Las políticas de consumo promueven un estilo de vida para que todo sea descartable, incluso las personas. En el caso de la minería, resulta más barato seguir extrayendo recursos naturales -con un alto costo social y ambiental- que los mercados internacionales no compensan ni reparan, en lugar de reutilizar o reciclar. Y los Estados, de manera encubierta, no sólo omiten las sanciones, sino fomentan estas actividades.

Este estudio tiene la intención de sensibilizar a los gobernantes, a los actores del sector y a la población boliviana porque detrás de una supuesta bonanza hay víctimas de explotación humana y daño ambiental. 

Esta investigación, apoyada por Pan Para el Mundo, está disponible en www.jubileobolivia.org.bo.

Mi esposo falleció y dejamos  el cuarto

“Cuando falleció mi esposo, yo no sabía qué hacer, tenía fuertes deudas que cumplir, debía al banco y a otras personas, porque mi esposo ha muerto enfermando cuatro años y dejándonos con deuda. Un día, la dueña de casa me dijo que desocupara mi cuarto, porque debía del alquiler. Agarré a mis cuatro hijos, no sabía qué hacer; dije, iré donde mi hermana, ella era guarda en La Plata. Fui al cerro llorando y pensando qué voy a hacer. Cuando llegué a La Plata estaban ahí trabajadores de la mina Acogedora y me dijeron: señora, ¿no quieres trabajar?, estamos necesitando guarda; ese rato me animé, sin pensar dos veces, aunque sea con poco sueldito, lo más importante era que había cuartito para mí y mis hijos”.

Mis hijos también pagaron la compresora

“He hecho perder una compresora, por ir a capacitarme para aprender repostería, era día feriado. Aprovechando que los trabajadores no iban a venir, he dejado a mis hijitos cuidando; cuando he llegado, mis hijos habían estado buscando la compresora, en una volqueta se la habían llevado. He ido a todo lugar, a los curanderos, no ha aparecido; en esto el dueño qué va a perder. La licenciada de una institución me ha ayudado a transar, le reclamaba que yo no tenía ni contrato ni seguro y mi sueldito era bajo; pero como un año no me ha pagado, todo mi sueldo era a cuenta para pagar esa compresora, he trabajado gratis. En ese tiempo, mis hijos más han entrado a sacar los carritos, de eso también se ganaban, así hemos tenido que pagar”.

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