El Banco Centralizado

domingo, 12 de mayo de 2019 · 00:00

Flavio Machicado

Un gobierno goza de miles de maneras de afectar la economía. Es prerrogativa del Estado, sin embargo, velar por una política monetaria independiente de los avatares de la política.

La Constitución Política del Estado Plurinacional establece en el artículo  326 que el Órgano Ejecutivo debe coordinar con el Banco Central de Bolivia para juntos determinar los objetivos de la política monetaria y cambiaria del país.

Es decir, la sociedad en su conjunto ha decidido que aquellos que desarrollan políticas monetarias no estén sujetos a los caprichos y designios personales del jefe de turno. No  obstante, en Bolivia el BCB ahora se encuentra bajo el mando del Ministerio de Economía y Finanzas.

No es noticia que las instituciones del Estado están bajo órdenes del jefe máximo, dando lugar al exceso de discrecionalidad y tonos de autoritarismo.

 Lo que sí sorprende es que esta tendencia se ha generalizado a lo largo y ancho del planeta, por lo que Evo Morales ha quedado en la compañía de líderes como Donald Trump, Recep Tayyip Erdogan y Narendra Damodardas Modi, todos ellos de naciones también “democráticas”.

En particular sorprende la arremetida del anaranjado populista del Norte, que ahora ataca por Twitter a la Reserva Federal (conocido como Fed), quejándose que “ajustar (tasa de interés) ahora perjudica todo lo que hemos logrado”.

A Donald Trump le conviene un dólar más barato, que promueva el intercambio comercial de productos norteamericanos. Por ello, está pidiendo que el Fed reduzca las tasas en un momento de fuerte crecimiento y baja tasa de desempleo.

No obstante, el Fed ha hecho caso omiso de las múltiples presiones del Ejecutivo, para dejar los tipos de interés estables entre el 2,25% y el 2,5%. Trump insiste que su guerra comercial requiere de una ventaja competitiva sobre China, para lo cual pretende utilizar precisamente la estrategia que solía criticar: la manipulación de la moneda.

En contraste con Bolivia, donde el presidente del Banco Central de Bolivia, Pablo Ramos Sánchez,  ha manifestado su compromiso político con el presidente Morales, el Fed ha mantenido su independencia.

Y aunque la economía estadounidense demuestra un dinamismo que ha sorprendido incluso a Paul Krugman, la guerra económica con China empieza a hacer temblar a Wall Street.

En la economía no existen recetas prescritas, existen herramientas para  ser aplicadas en el momento adecuado para equilibrar fuerzas en contraposición.

Dado el actual déficit fiscal y del comercio exterior, en Bolivia existe la necesidad de un reajuste en el tipo de cambio. Pero una caída abrupta de la “bolivianización” de la economía podría inducir un debacle monetario. Revertir una política diseñada en un escritorio de la plaza Murillo no se puede implementar sin un alto costo.

A su vez, el despilfarro de 8.000 millones de dólares en los últimos tres años ha dado lugar en Bolivia a una artificial estabilidad y prosperidad económica.

Al margen de llamados a la disciplina fiscal en Bolivia, la perpetuación de Morales en el poder requiere de su uso discrecional de los 7.000 millones de dólares que forman parte de nuestras Reservas Internacionales Netas.

 Y aunque se empieza a sentir la desaceleración, al igual que en las terrazas del Palacio del Pueblo, en año electoral el  Gobierno boliviano tiene órdenes de tirar toda la carne al asador. 

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