Análisis

Se estancan las recaudaciones y sube el gasto corriente

domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:04

Inversión  / La Paz

Bolivia se encuentra entre los países que más impuestos cobra. Esta afirmación  está certificada por organismos internacionales, como el Banco Mundial y el BID, o el Ministerio de Economía. Para el BM es 26,6% respecto al PIB, para el BID 34% y para Economía es 20%. Esta última apreciación no incluye los aportes a la seguridad social, porque el Gobierno no considera que esos aportes son una forma de impuesto.

No obstante, la recaudación tributaria se encuentra estancada o en descenso, pero el gasto corriente sigue en aumento. Las recaudaciones se han movido para abajo, de 50.000 millones de bolivianos en 2015 a 49.200 millones en 2018 y se prevé recaudar 49.118 millones hasta fin de año. El gasto corriente, según la Fundación Jubileo, ha crecido hasta ahora un 8%  respecto a un periodo similar en 2018. Entre el año anterior y el previsto para este 2019, el incremento es más de 10.000 millones de bolivianos: de 121.729 millones a 131.756 millones de bolivianos.

Señala que el Gobierno tiene la razón para justificar este aumento del gasto porque se destina a salud y educación. Efectivamente, muestran que el número de maestros contratados ha ido creciendo a razón de 3.000 nuevos contratos por año desde 2006. Lo propio ocurre con los ítems en salud, que han sido creados a razón de 2.000 por año. Además, el Ejecutivo indica que los sueldos de los maestros han crecido de 3.500 bolivianos en ese mismo año a 5.000 en 2019.

Pedir que estos gastos bajen no parece que puede ser defendible por nadie que se encuentra en la pelea política. Se tiene que buscar otros lados flacos en los que el Gobierno debería repensar su política de recaudación como de gasto.

En la recaudación, por ejemplo, dice Jubileo, los impuestos a las empresas unipersonales no pueden ser más injustos; no permiten que éstas tengan pérdidas ni que descuenten gastos de alimentos. En su política de gasto hay mucha tela que cortar, empezando con inversiones improductivas (canchitas, viajes oficiales con comitivas gigantescas), continuando con gastos que aparecen como oficiales cuando son de apoyo a la campaña presidencial.

Aumenta el gasto y la deuda

El sector público registra limitaciones en la generación de ingresos, pero mantiene la tendencia a seguir incrementando los gastos, lo que resulta en un déficit fiscal –7,8% en 2017, 8,3% en 2018 y este año sería 7,8%– que se ha estado profundizando, además de un mayor endeudamiento. Así como crece el gasto público desde 2006, la deuda pública externa también va en ese sentido: en 2007 era 2.248 millones de dólares, el 2017 llegó a 9.428 millones y el año anterior trepó a 10.178 millones. Esta es la situación actual de las finanzas públicas, a la luz de los datos del Presupuesto 2019 y la ejecución observada en las últimas gestiones después de la caída de los precios internacionales de hidrocarburos.

La recaudación se estanca

La evolución de la recaudación de impuestos nacionales prácticamente se habría estancado en un nivel menor que el máximo alcanzado el año 2015, reflejo de la situación real de la economía –en desaceleración– y de no haber resuelto o al menos avanzado en temas fundamentales, como la formalización de la economía y una reforma o adecuación del sistema tributario. En 2015, Impuestos Internos recaudó más que en todos los casi últimos diez años: 50.444 millones de bolivianos y en adelante descendió a 47.591 millones, 47.420, 49.208 y para este año se proyecta 49.118 millones.

Según Jubileo, en lo que se refiere a  recursos por hidrocarburos, éstos cayeron de manera significativa entre 2014 y 2016 en un 60%. Si bien registraron una leve recuperación en 2018 y para 2019 se ha presupuestado un monto similar, el nivel actual es bastante menor al registrado en los últimos años de la bonanza (2014 y 2015).  Siendo que los principales ingresos con los que cuentan las gobernaciones y municipios provienen de las transferencias por coparticipación de impuestos (incluyendo el IDH) y las regalías; la evolución de sus ingresos tiene un comportamiento similar al registrado en las recaudaciones nacionales, situándose en un nivel bastante por debajo en comparación con los últimos años de la bonanza.

Gasto corriente en expansión

Con relación a los gastos públicos, éstos presentan dos tendencias distintas, menciona Jubileo. Por un lado, los gastos corrientes continúan en expansión, registrando un monto récord programado en el Presupuesto 2019, mientras que la inversión registra una caída. Esto significa que se estaría priorizando el gasto de funcionamiento y consumo que realizan las administraciones públicas, y que tienden a ser inflexibles a la baja; mientras se reduce la inversión, la cual debería traducirse en retornos y desarrollo. Los gastos corrientes tuvieron un significativo crecimiento durante el periodo de la bonanza, pero registraron un retroceso en 2016, como efecto del shock de precios internacionales; sin embargo, éstos han estado expandiéndose nuevamente y alcanzarían un nivel récord para 2019.

Por otro lado, en lo que se refiere a la inversión pública total, en 2019, los sectores que se benefician con la mayor cantidad de recursos son transportes (caminos y otros), energía y salud. Y, dentro de la inversión productiva, se priorizan los sectores extractivos y no así una diversificación hacia aquellos que generan ingresos y empleo, como son agropecuario, industria y turismo, situación que ha sido constante  en gestiones pasadas.

Déficit y endeudamiento

El escenario de los últimos años –con un sector público con menores ingresos, pero con un alto nivel de gastos (y aún en expansión como el caso de los gastos corrientes)– resulta claramente en un déficit fiscal (más gastos que ingresos) que tiende a profundizarse.

Después del periodo de superávit fiscal que se registró entre 2006 y 2013; en 2014, el sector público registró nuevamente déficit, que fue cada vez mayor, llegando en 2018 a 8,1% con relación al PIB.

Para 2019, según las proyecciones del Programa Fiscal–Financiero 2019, suscrito entre el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y el Banco Central de Bolivia, se estimó un déficit de 7,8% del PIB.

Este déficit fiscal, que es resultado del incremento de los gastos (tanto de inversión como gastos corrientes) de varios años,  en un escenario de disminución de ingresos, es financiado principalmente con endeudamiento externo. La deuda externa, que fue aumentando incluso durante el periodo de bonanza, registra un crecimiento demasiado acelerado en las últimas gestiones.

Para 2007, la deuda externa bajó a 2.208 millones de dólares, gracias a una condonación de la deuda multilateral gestionada en años anteriores; posteriormente, tuvo un crecimiento continuo y con montos adicionales de magnitud. Entre 2016 y 2017  la deuda externa se incrementó en  2.160 millones de dólares; y entre 2017 y 2018  en  750 millones de dólares.

Hasta finales de 2018 la deuda externa del país alcanzó a 10.178 millones de dólares, más de cuatro veces con relación a la deuda que se tenía en 2007.

Es insostenible mantener el modelo a costa del gasto público

La Fundación Jubileo considera que el nivel de gasto público alcanzado  y la tendencia de seguir incrementándolo a pesar de no tener los ingresos suficientes, con el argumento de alimentar un modelo y bajo un discurso que no reconoce el nuevo contexto de desaceleración de la economía, podría llevar a una situación de insostenibilidad de las finanzas públicas y de endeudamiento a mediano plazo.

El crecimiento del gasto y del endeudamiento tiene o debería tener límites que, aparentemente, no están siendo considerados por las autoridades de Gobierno. Existe la necesidad de reorientar las tendencias para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas y que el presupuesto sea un verdadero instrumento que contribuya al desarrollo del país.

Dar solución a esta problemática requiere, en principio, de un sinceramiento sobre la actual situación económica, el modelo y lo que no está funcionando. Al contrario, negar lo que está sucediendo, y aún peor, postergar aún más el ajuste y tapar la realidad con una mayor expansión del gasto a costa de mayor deuda, llevará a profundizar el problema.  A partir de una revisión de las diversas competencias y atribuciones que tienen los diferentes niveles de gobierno se requiere cambiar el enfoque que ha orientado la gestión pública durante la última década. Gobernar no es solamente gastar.

Sobre la deuda externa, señala que si bien aún  es manejable, las tendencias son preocupantes. A mayor deuda,  mayores obligaciones de pago del servicio .

 

Puntos de vista

Alberto Bonadona

 Economista

Se perdió el dinamismo

En las condiciones actuales que evoluciona la economía de Bolivia, es muy difícil esperar que el gasto público disminuya. El PIB trimestral muestra una tendencia al descenso desde 2014 y esto continuará. El PIB medido cada tres meses otorga una idea más aproximada con  la pérdida de dinamismo de la economía boliviana.

Las recaudaciones impositivas están cayendo no porque el aparato tributario se haya debilitado. Todo lo contrario, la tecnología lo ha invadido y se ha creado una maquinaria monstruosa de cobro de impuestos. Adicionalmente, en un año electoral tanto la inversión como los gastos corrientes están determinados a subir.

No es coincidencia que el aumento salarial sea superior a la inflación del año pasado: incorpora un criterio que va más allá del criterio económico.

La economía boliviana no se encuentra en las mejores condiciones, a pesar de que la tasa de crecimiento llegó al 4,5% en 2018, que obligó al pagó del doble aguinaldo y dejó a muchas empresas en situación preocupante.

Se muestra a este crecimiento como el índice mayor de América Latina, lo cual no es correcto porque Panamá y República Dominicana están muy por encima de esa cifra (a veces esto se disimula comparando sólo con Sudamérica).

Se insiste que crecer a una tasa del 4,5% es una muestra del aumento, no sólo de la producción, sino también de la productividad. El crecimiento de la productividad se mide en relación con  la utilización de algún factor de producción u otra variable, como el uso de energía utilizada u otro insumo empleado en el proceso productivo. Aspecto este en el que cada vez se va de mal en peor, particularmente en el sector agrícola tradicional.

Los fracasos de las empresas estatales se harán más evidentes en los años venideros. Ya existe la demostración con los proyectos de Karachipampa, Quipus...

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