Opinión

Inversión y clima de negocios

domingo, 02 de junio de 2019 · 00:00

Luis Fernando Barbery Paz

La inversión es uno de los principales factores que dinamiza el crecimiento económico. 

Para el caso de nuestro país, los años de bonanza han generado altas tasas de crecimiento en base a inversiones que llegaron a un pico de 21% del Producto Interno Bruto (PIB) en  2015.

 En la desagregación de los componentes se puede apreciar el fuerte dinamismo de la inversión pública y, aunque la inversión privada subió en valores absolutos, cuando se la mide como porcentaje del PIB se evidencia su estancamiento.

Según las cifras oficiales, la inversión privada pasó de cerca de 4.700 millones de bolivianos en 2005 a 19.400 millones de bolivianos en 2018, lo que representa un crecimiento promedio anual de 11% frente a un 16% en el caso de la inversión pública que  al cierre de 2018 fue siete veces más grande que en 2005, mientras que la privada fue cuatro  veces mayor. Como el PIB ha crecido en estos años, el peso relativo del componente privado se ha ralentizado debido a varios factores que afectan el clima de negocios y dificultan la inversión. 

Es importante mencionar una trayectoria de incremento de costos laborales sin contraparte de productividad, a lo que se suma el Segundo Aguinaldo y un claro endurecimiento de la norma laboral. 

Adicionalmente, se ha visto un escenario de costos tributarios y el sostenimiento de una burocracia que ha generado mayores cargas y un sistema de fiscalización y regulación que no es amigable con los productores. 

Pese las flexibilizaciones de los últimos meses, aún persisten restricciones a las exportaciones, además de un tipo de cambio real apreciado que, si bien favoreció a algunos sectores en la importación de insumos, también implicó un ingreso masivo de productos externos, que desplazó a varios otros segmentos nacionales. 

La Ley de Empresas Sociales y la reciente iniciativa para modificar el Código Penal, que dejaría sin sanción conductas que podrían significar el sabotaje en las empresas, han sido señales de alerta en el ánimo de los inversionistas no solo nacionales, sino extranjeros, estos últimos muy sensibles al tema de la seguridad jurídica y la garantía de protección a la propiedad privada.

Cuando se mejora el clima de negocios, es decir el conjunto de condiciones que facilitan la actividad empresarial en un país, la atracción de la inversión privada es mucho más segura y constante,  y por el contrario cuando se empeora, el conjunto de indicadores de desarrollo empiezan a mostrar señales de deterioro.  

Desde esa evidencia y en una perspectiva futura, con menor capacidad para ampliar la inversión pública, el Estado debiera optar por eliminar las trabas que desalientan la inversión privada, e impulsar su dinamismo para así compensar y facilitar un crecimiento más dinámico. 

Lo que la sociedad necesita es una expansión económica más cercana a sus vidas, con oportunidades para emprender y con empleos dignos. 

Los emprendimientos de escala, desde el Estado son importantes, pero no suficientes; si son intensivos en capital son distantes a la realidad productiva y laboral de la mayor parte de la gente.  

Por ello, el Estado debe acompañar el desarrollo productivo de los sectores y de las regiones, conjuntamente la inversión privada, toda vez que el crecimiento sostenido de las unidades productivas, se traducirá en incremento del empleo digno y mayor bienestar para los bolivianos, como efecto del aumento de las recaudaciones tributarias, que a su vez ayuden a prestar mayor atención a aspectos como la salud, la educación y la infraestructura.

 

 

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