Opinión

Casi un millón

domingo, 09 de junio de 2019 · 00:02

Flavio Machicado

El que una ciudad de 26,855 habitantes pueda albergar a un millón de visitantes parece ser el último gran logro del Gobierno.

Las verdaderas cifras (asistentes, presupuesto, controles) serán un misterio, en parte porque a nadie le conviene entrar en polémica sobre cuántas personas realmente asistieron a la concentración del MAS en  el aeropuerto de  Chimoré.

La cifra de un millón es una manipulación que revela muchos asuntos de sus políticas, no la menor de ellas la de intimidación económica a los medios de comunicación, que han aceptado la contabilidad del jefe máximo. Pero también revela la naturaleza artificial de la actualidad estabilidad económica, que se mantiene gracias a que nos seguimos farreando las reservas del Banco Central de Bolivia.

Se empieza a evidenciar un asedio a pequeñas empresas por cargas fiscales y laborales que acabarán por destruir empleos. Es decir, en nombre de la redistribución de la “riqueza”, pequeños empresarios están siendo llevados a la ruina. Si la intención es crear igualdad, entonces el Gobierno seguramente será tremendamente exitoso en volver pobres a todos: unos por la bancarrota, otros porque en Bolivia se perderán cientos de miles de empleos.

Cuando faltan cinco meses para las elecciones generales el silencio de la oposición en materia económica es ensordecedor. Mientras el MAS se ufana de derrochar el dinero del pueblo en proselitismos cargados de simbolismo, la economía depende de los vaivenes de los precios internacionales por las materias primas y el efecto multiplicador de una demanda subvencionada por el Tesoro General del Estado  y el Chapare.

Nuestro pueblo es emprendedor, con un potencial empresarial impresionante. Ese pueblo de a pie, que no pertenece a un partido político, sindicato o movimiento social es una gran mayoría. Una parte de esa mayoría tiene los recursos, la imaginación y capacidad de emprender un negocio, la otra parte necesita de los empleos que se podrían crear si el Gobierno dejaría de atosigar con cargas impositivas y cargas laborales que castigan al empleado, al igual que al empleador formal.

Un principio elemental es la libertad económica, que crea dinamismo y empleos. El actual régimen estatista es la antítesis de dicha libertad, por lo que hemos caído en una dependencia no sólo del paternalismo de Estado, sino de la capacidad de crear un efecto multiplicador mediante el consumo que permite el gasto público y el Chapare.

Los sectores de turismo y gastronomía conforman la cadena productiva a la cual “están vinculados, directa o indirectamente, millones de empleos”.  Es decir, somos una sociedad consumista, que depende del consumo por parte de una burocracia con plata en el bolsillo que construye edificios y llena los restaurantes de las grandes ciudades. Porque las demás cadenas productivas, aquellas que están siendo lentamente asfixiadas, no representan en el corto plazo una esperanza.

En la Larga Noche de Museos, millones de paceños se volcaron a las calles, en  norte, centro y sur. Esas masas seguramente no tienen presupuesto para aportar en un día normal a la demanda agregada que sostiene a la economía boliviana.

En realidad fueron “casi” un millón, al igual que en la última década “casi” vivimos un proceso de cambio y “casi” industrializamos un país secuestrado por la clase política y burocracia hace más de medio siglo.

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