Análisis

El zinc da 5% de regalías y genera 60.000 empleos en el exterior

Es urgente que se instale una planta hidrometalúrgica, ya no fundidora, para separar el metal del oro y la plata para exportar el mineral con valor agregado.
domingo, 21 de julio de 2019 · 02:56

Héctor Córdova  / La Paz

El mineral que más exporta Bolivia, en peso, es el zinc. Con los precios de este metal, el año pasado, el valor del mineral extraído de los yacimientos bolivianos fue de más de 1.550 millones de dólares, cifra mayor a la registrada por el oro, la plata y el estaño.

Pero el monto que ingresó al país fue  menor por los descuentos aplicados en la comercialización de minerales y no de metales; el Estado recibió, como compensación por la extracción de esos recursos extraídos, apenas 76 millones de dólares. En el proceso de comercialización de los minerales, los compradores imponen condiciones desfavorables y aplican descuentos por las “impurezas”; aun si el mineral contiene elementos valiosos, como plata u oro, no pagan por todo el contenido; si en una tonelada de mineral hay cuatro onzas de plata, sólo pagan por una. 

El mayor descuento que se aplica es por la denominada maquila, que representa el costo por procesar el mineral para extraer el metal valioso; en este caso el zinc. Así, el país paga el costo de la operación de las fundiciones instaladas en el extranjero, pago que incluye los sueldos de sus empleados, el costo de sus reactivos y otros detalles operativos. Con esta modalidad, se exporta el mineral que genera empleo y bienestar en otros países. Se estima que el mineral de zinc exportado por Bolivia cubre 60.000 empleos anuales en el extranjero.

Los compradores definen, unilateralmente, las condiciones a favor de sus intereses, ellos imponen el costo de la maquila. En 2018, éste estuvo alrededor de 140 dólares por tonelada de mineral, este año fluctuó entre 350 y 380 dólares por tonelada. El descuento, desventajoso para Bolivia, es independiente de la cotización internacional de los metales. Sólo por este rubro, el monto que dejó de percibir el país fue de 150 millones de dólares y este año sobrepasaría los 350 millones.

Esto no termina ahí. El país recibe por la exportación de los minerales una regalía e impuestos sobre las utilidades de las empresas. La regalía es un porcentaje del valor bruto de ventas que depende únicamente de la cotización internacional del metal. Para el zinc, si la cotización internacional supera 0,94 dólares la libra fina ($us/lbf), la regalía será equivalente a 5% del valor bruto de ventas; pero, si baja de esa cotización, la regalía disminuirá proporcionalmente. Actualmente, esta cotización está en franca caída, desde hace varios días. Este comportamiento hace prever que, en poco tiempo, Bolivia recibirá menos de 5%. Considerando la caída de la cotización y si el peso de la producción se mantuviera en el nivel del año pasado, las regalías bajarían de 76 millones a 63 millones de dólares.

Dadas estas condiciones de la comercialización del zinc, lo que más interesa son los impuestos a las utilidades que pagan las empresas (IUE). Si los ingresos bajan  por los elevados descuentos (la maquila, que para este año representa más de 30% del valor bruto de ventas), las utilidades también bajan fuertemente y, por tanto, los impuestos. De todo el zinc exportado por Bolivia, 83% corresponde a empresas privadas, 14% a cooperativas y el resto a la estatal Comibol. Como las cooperativas no pagan el IUE, todo el impuesto corresponde a las empresas privadas. El margen de utilidades de las empresas depende, en gran medida, de la maquila que pagan al extranjero. Si sube la maquila, baja el IUE para el país. Las compradoras que definen las maquilas están ligadas a las transnacionales que explotan el mineral, de manera que ellas no pierden y el país acaba pagando su bienestar.

Urge procesar el zinc en el país

¿Cómo puede liberarse al país de estas condiciones injustas? Lo más adecuado sería procesar el mineral en el país, financiando así miles de empleos, se estima que podrían ser más de 100 mil  fuentes de trabajo; y si se fabrican los insumos necesarios dentro del país, el beneficio puede multiplicarse aún más. Esta medida no supone fundir los minerales. Ahora hay tecnologías mucho más amigables con el medioambiente, más baratas y más eficientes en el manejo de los productos y subproductos que asegurarían un resultado  favorable para el país. Las fundiciones están en retroceso por varios factores y la hidrometalurgia  gana espacio, es el caso de los últimos desarrollos metalúrgicos en el mundo.

Una tecnología que fue ofrecida a  Comibol, el año pasado, demostró que puede lograr que Colquiri, en lugar de recibir 500 dólares por tonelada de concentrado de zinc, podría recibir 2.000 dólares con una inversión menor a 40 millones de dólares. Como cada año vende 30.000 toneladas de mineral, recibiría 45 millones de dólares más en cada gestión.

Los más de 350 millones de dólares que transfiere el Estado al extranjero, cada año, podrían servir para montar plantas procesadoras en el país;  esto no puede ser hecho de manera abrupta, es imprescindible elaborar un plan que impida bloqueos internacionales y logre accesos a los mercados de los productos. En  2010, el Gobierno tenía una buena idea; pero la estrategia para su aplicación no condujo al objetivo. Se había decidido montar dos plantas de procesamiento de zinc, una en Oruro y otra en Potosí, para tratar el 20% de la producción nacional. Debían ser plantas hidrometalúrgicas, no fundiciones. 

El presupuesto de su construcción fue estimado en 500 millones de dólares. El financiamiento debía provenir de las constructoras. La obra debía ser entregada llave en mano, partiendo de cero. Es decir, la empresa que se adjudicara tenía un trabajo múltiple y una responsabilidad gigantesca: definir la tecnología, hacer la ingeniería del proyecto, determinar la ubicación de las plantas, construirlas y ponerlas en funcionamiento, además de financiarlas.

Después de varias licitaciones, no se hizo. La normativa  generó obstáculos sobre el tema de garantías, la forma de pagar al proponente, la forma en que el Estado asumía la deuda y la disponibilidad de presupuesto. El freno mayor estuvo en los intereses que hubieran sido afectados por las dos plantas, es decir, las transnacionales que se financian con el mineral boliviano y que son dueñas de fundiciones, minas y comercializadoras.

Cuando se lograron procesar los concentrados de estaño en la fundición de Vinto, hace casi 50 años, tres fundidoras  en el extranjero cerraron. Esto puede repetirse en el caso del zinc, de ahí la resistencia externa; por eso, la estrategia debe ser diferente. Las plantas deben ser hidrometalúrgicas, como decidió el Gobierno. En el congreso de la Sociedad de Minería, Metalurgia y Exploración de EEUU, una empresa presentó una tecnología que ataca las raíces de esas dificultades y que las supera. Todo esto para mostrar que el mundo avanza y que es una preocupación de investigadores.

Analista de Fundación Jubileo

 

 

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