Flavio Machicado

Voluntad popular

domingo, 07 de julio de 2019 · 00:04

El refrán “el diablo no sabe para quién trabaja” refleja nuestro proceso democrático.

Para empezar, resulta ridículo que quienes ostentan dirigir nuestro destino colectivo puedan darse el lujo de no participar de un debate que, frente-a-frente, despeje dudas y demuestren la viabilidad de una propuesta de gobierno que vaya más allá de un listado de buenas intenciones dependiente de nuestras reservas de gas. Incluso Arabia Saudita, millones de veces más exitosa en extraer hidrocarburos, entiende este predicamento.

En el camino que conduce hacia las futuras elecciones también se ven otras irregularidades, como ser la candidatura oficialista, que claramente desconoció la voluntad popular y su palabra empeñada, buscando sinuosos senderos que a todas luces se ampararan en erróneas interpretaciones, como es el Pacto de San José que –en el marco de los derechos humanos– sólo busca proteger el voto ciudadano frente a las dictaduras.

A sabiendas de que los principios enarbolados por el oficialismo han sido manipulados para legitimar una reelección ilegal, la intencionalidad evidente es perpetuarse en el poder.

En Venezuela, con la mirada complaciente y cómplice de los militares, este escenario ya ha sido conjugado.  La situación es tan triste e inverosímil que arrancó lágrimas a Michel Bachelet, seguramente en recuerdo de su padre, quien siendo un militar de alto rango fue asesinado por sus propios camaradas.

Pero lo más preocupante del proceso es la polarización del voto. La angurria por una cuota de poder, por pequeña que fuera, sigue siendo palpable, convirtiendo a cualquier candidato como funcional al actual ilegal binomio. Lo que plantea la interrogante, ¿quién sería el candidato más  “funcional” al MAS?

Dicha incógnita que sólo será resuelta mediante el voto popular el día de las elecciones. Pero para entonces, una vez resuelta la interrogante, será muy tarde. Sabremos quién fue funcional al MAS, pero de poco nos servirá dicha información.

Aún estamos a tiempo de –por ejemplo– promover un voto cruzado que, a cambio de una actitud responsable de parte de los “funcionales”, recompense al partido político con la tercera mayor fuerza en el país con una representación robusta en el Congreso.

Es decir, se podría promover un movimiento cívico espontáneo que  comprometa un voto a favor de los candidatos a la Asamblea Legislativa Plurinacional de la tercera fuerza, bajo la condición que el candidato que (según las encuestas) esté en tercer lugar a dos semanas de la elección dimita de su candidatura a presidente.

Ello entraña una alta madurez ciudadana y democrática, por lo que podemos descartar este escenario.

La única opción que le queda al pueblo que dijo “no” al estatismo derrochador y violación de la Constitución es –independientemente del juego por el poder de la oposición– votar por aquel candidato que tenga la posibilidad de competir contra Evo.

Es decir, no podemos depender del sentido patriota y democrático de los candidatos de la oposición. Pero lamentablemente uno de ellos debe ser la alternativa.

Por ende, la sociedad tendrá que organizarse, sin depender de los políticos de oposición, para no desperdiciar su voto en el que acabará tercero, además de controlar directamente la voluntad popular, a fin de evitar el fraude programado.

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