Investigación

Campesinos ya no producen alimentos, venden fuerza laboral

El estudio señala que a la falta de acceso a la tierra, se suma la creciente importación de alimentos, de países vecinos, y a bajos precios, lo que hace que ellos ya no produzcan alimentos.
domingo, 11 de agosto de 2019 · 08:10

Cándido Tancara Castillo  / La Paz

La severidad de la pobreza va en aumento y está muy extendida en la sociedad. En las últimas décadas las políticas agropecuarias siguieron privilegiando el desarrollo de la producción de la gran empresa agropecuaria en el oriente del país y, también, se profundizaron las tendencias a la diferenciación social de los productores y a la parcelación de la tierra en el altiplano y los valles, donde se concentran las unidades productivas campesinas. El resultado es la existencia de campesinos que ya no producen alimentos, en situación de pobreza y ofrecen su fuerza laboral.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) presentó en días pasados el estudio Desigualdades y pobreza en Bolivia: una perspectiva multidimensional. Tiene como fuente principal la Encuesta de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2017, en un contexto en el cual el país atraviesa un periodo de deterioro de los principales indicadores macroeconómicos, productivos, laborales y sociales.

La principal conclusión del estudio es que “en 2017, el 34% de la población boliviana era pobre por ingresos, mientras que los pobres multidimensionales llegaron al 61%”. El Cedla señala que entre estas dimensiones se encuentra la falta de acceso a recursos monetarios y de bienes durables, como bienes del hogar, el logro educativo o el acceso a internet, la cual “influye significativamente en la incidencia de la pobreza multidimensional de las y los bolivianos”.

Tierra en pocas manos

El estudio señala que con el tiempo se ha profundizado la desigualdad de acceso a la tierra, pues las unidades productivas capitalistas tienen 83,6 hectáreas en promedio, en tanto que las unidades productivas campesinas solo tienen 10 hectáreas, en promedio, y el 25% produce con superficies menores a una hectárea.

El aporte de los campesinos a la producción de alimentos tiende a disminuir. Hacia el 2013 solo participaban con el 10% de la producción agrícola nacional. Es más, prosigue, los campesinos asentados en los departamentos con mayores índices de pobreza solo aportaron con la mitad del reducido volumen registrado aquel año.

Precisa que campesinos y colonos son el 25% de los trabajadores del país (1,3 millones) y el 86% es pobre multidimensional. Este hecho transcurre en medio de la competencia de  alimentos importados a bajo precio, agravada por la política de apertura comercial y la ausencia de políticas e inversiones  para revertir los factores que inciden en su baja productividad. 

A medida que disminuye la producción y la capacidad para sustentar sus medios de vida, continúa, una gran cantidad de campesinos ya no se presentan en el mercado como oferentes de bienes agrícolas sino fundamentalmente como vendedores de fuerza de trabajo, dentro o fuera de sus lugares de residencia habitual, es decir son campesinos semiproletarizados, cuyos ingresos familiares ya no dependen principalmente de la venta de sus productos, sino de la venta de su fuerza de trabajo.

Sin embargo, señala el estudio, en el actual contexto socioeconómico y político ni siquiera los procesos de migración, doble residencia y pluriactividad en los cuales están inmersos, contribuyen a reducir los niveles de pobreza de este grupo social, que sigue enfrentando enormes déficit en las condiciones para el ejercicio de los derechos a la salud, educación, vivienda y servicios básicos mejorados, pero también en sus posibilidades de movilización y acción colectiva.

Añade que su derecho a la participación social y política se ha visto cada vez más limitado por el autoritarismo de sus dirigentes sindicales, que trabajan para sus intereses  y beneficios particulares, en el marco de una relación prebendal con el Gobierno.

Trabajadores independientes

Los trabajadores independientes son el 30% de los trabajadores (1,5 millones) y el 60% es pobre multidimensional, señala el estudio del Cedla. El trabajo por cuenta propia puede entenderse como una opción para desarrollar iniciativas generadoras de ingreso o como una situación de sobrevivencia o de precariedad laboral para evitar el desempleo. También es frecuente que los empleadores de pequeñas unidades económicas que pierden mercados transiten hacia el trabajo independiente para mantenerse ocupados.

Los trabajadores independientes predominan en el comercio, los servicios personales menos calificados y el transporte público.

Clase obrera agrícola

El estudio del Cedla señala que la clase obrera no obrera constituye el 15% de los trabajadores (715 mil) y el 63% es pobre multidimensional. La clase obrera disminuyó aceleradamente en los últimos 30 años, desde 22% al 14% de la fuerza laboral, pari passu que el abandono de las políticas sectoriales activada y el retorno al extractivismo. Los obreros de la manufactura, la construcción, la minería y la agropecuaria, en ese orden de importancia, componen este grupo social. La mayor parte de los obreros están expuesto a condiciones laborales degradas en términos de estabilidad laboral, salarios, jornadas de trabajo y beneficios sociales, en resumen precariedad laboral.

Los hogares pobres están en 3 ciudades
  
El estudio del Cedla señala que en La Paz y Cochabamba, ambos departamentos con pocas ciudades intermedias que abarcan un porcentaje reducido de la población, la mayoría de los hogares pobres multidimensionales residen en las dos ciudades capitales y en El Alto, pero también en su entorno rural.

Sin embargo, continúa, en Santa Cruz, los hogares pobres tienen mayor presencia en las ciudades, en particular en las ciudades intermedias emergentes, cuyo número se ha incrementado notablemente en las dos últimas décadas, y luego en la ciudad capital.

En el departamento cruceño, la población rural declina al ritmo en que se expande la agropecuaria mecanizada y el campo se articula a las ciudades mediante una amplia red caminera. Entretanto, los hogares pobres en Potosí, Oruro y Chuquisaca residen  en el campo, mientras que en Tarija y Beni lo hacen en las ciudades intermedias.

El estudio advierte que la emergencia de ciudades intermedias y centros poblados no está acompañada por actividades productivas y fuentes de empleos suficientes como para ocupar una fuerza de trabajo creciente y mejorar la calidad de los empleos existentes.

 Considerando la posición de los jefes de hogar en la estructura social, continúa, se puede ver que los hogares pobres multidimensionales están encabezados por campesinos y colonos, trabajadores independientes y miembros de la clase obrera del campo y las ciudades. En conjunto, representa casi el 70% de los hogares pobres. Los hogares no pobres son de la clase media asalariada. En ambos grupos hay jefes de hogar desocupados.

 

Gobierno dice que la extrema pobreza disminuyó de 38,2% a 15%

El presidente Evo Morales, en su discurso por el aniversario patrio, en Trinidad, sostuvo que la extrema pobreza disminuyó de 38,2% en 2005 a 15% en 2018, y dio por hecho su continuidad hasta el 2025, cuando dijo que esta situación bajará  a 5%.

“Si bien hemos recibido (el país) con 38,2% de extrema pobreza, nuestro plan al Bicentenario es el 5% de extrema pobreza, es la meta que tenemos”, puntualizó el mandatario. 

Destacó el aumento de la esperanza de vida en años de la población boliviana, tomando en cuenta las supuestas mejoras sociales y los avances en la prestación de servicios básicos, los que han permitido a la población que viva “más y mejor que antes”. “La esperanza de vida aumentó en nueve años. Ahora las mujeres viven 77 años y los hombres 70”.

El vicepresidente Álvaro García Linera, que también leyó su discurso por los 194 años de la Independencia de Bolivia, aseguró que  cada día 790 bolivianos dejen la pobreza y pasan a la clase media, cada mes se inauguran 30 unidades educativas en el país, un millón de niños reciben  educación escolarizada gratuita y medio millón de estudiantes en las universidades  se profesionalizan sin pago alguno, cada año.

Además, dijo, cada año se crean 22.000 empleos,  110 mil familias acceden a la luz eléctrica, un millón de adultos mayores reciben su renta de vejez. “Al fin tenemos un Estado social protector”, cerró su discurso.
 

La ausencia de derechos afecta a quien también no es pobre

 La falta de participación política o de oportunidades de poder y voz, es otro factor relevante para que las personas sean afectadas por la pobreza, señala el estudio del Cedla. En lo que respecta a otros indicadores que cobran relevancia en la configuración de la pobreza multidimensional, como el acceso al empleo, explica, la calidad de trabajo, la participación en organizaciones o la seguridad de las personas, es notorio ver cómo la ausencia de derechos es una cuestión compartida por pobres y no pobres, lo que expresa que los derechos que se vulneran en forma generalizada son aquellos que  profundizan las desigualdades económicas, sociales y políticas, desde donde se nutre el empobrecimiento de la población.

La contribución de las dimensiones a la pobreza, según la clase social de los jefes del hogar, muestra que la pauta general se reproduce en todos los grupos, con algunas diferencias. Así, continúa, la ventaja de la dimensión de recursos es el denominador común, pero su influencia en la pobreza es mayor cuando se trata de campesinos y asalariados agrícolas. 

Además, dice el documento, la falta de oportunidades contribuye más a la pobreza de las clases propietarias del campo, a la clase obrera agrícola y no agrícola, a la pequeña burguesía urbana e incluso a  profesionales liberales. 

En cuanto a la dimensión de poder y voz, la falta de participación gremial se expresa en un mayor aporte a la situación de pobreza en el caso de empresariado no agrícola y la pequeña burguesía, debido al enorme peso que tiene la pequeña y microempresa en las ciudades; este es un rasgo compartido por las clases medias, la obrera y los profesionales liberales.

Añade que la incidencia de la dimensión de la seguridad humana en la pobreza es proporcionalmente mayor en las ciudades que en el campo.

 

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