Opinión

Desmenuzando la “política” para los gerentes

domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:00

María José Rodríguez B.

Las empresas no hacen política. Cierto. Pero necesitan saber leerla y, en este siglo, conocer sus bases y las de la comunicación especializada en este ramo, para conectar con sus clientes-ciudadanos. Y es que hoy, quienes compran también ejercen la ciudadanía desde un paradigma mucho más amplio. En él las empresas son actores ciudadanos, sociales y económicos. “Pero para eso es que estudié business -me dice uno de mis amigos empresarios-para librarme del tedio de la política y sus teorías”. 

La mayor parte de los líderes empresariales  tienen una aproximación a la política como la mía al fútbol. Mi análisis se resume en habilidades y conocimientos generales, intuición y pasión. 

Las empresas suelen analizar la política desde una vitrina de pensamiento concreto. Desde los conceptos de desarrollo y sostenibilidad con los que han venido haciendo crecer sus actividades y, con ellas, una parte del país. 

Pero ya en el meollo de la política dura y pura, las variables cambian. Los nortes y visiones, así como los actores se amplían y las maneras en que suceden las cosas no siguen la lógica a la que está acostumbrada una compañía. En ella las decisiones se van acatando con algo de incentivos y motivación, en el otro lado, suele usarse más la persuasión, la negociación y el diálogo. 

Ahí otra diferencia. Para la empresa el término “negociación” significa algo distinto (distintísimo) que para los actores de la política. A los primeros, los cruza una lógica numérica y técnica. A los segundos, una simbólica, idealista y de causa. 

Con el auge de los asuntos públicos, que en su buena versión trata de contribuir a la formulación de políticas públicas de manera ordenada y transparente haciendo escuchar la voz de la empresa, la necesidad de entender la política es cada vez más urgente.

Y ahí, otra vez tenemos la multiplicidad de visiones en el ring. La del abogado (obviamente, estoy simplificando y hasta caricaturizando un poco, espero  que ningún profesional se enemiste) viene cargada de una lógica de litigio en la que no hay mucha cabida para el consenso, sino para el triunfo. Mientras que para los profesionales de la comunicación, el periodismo y la sociología (mayormente) la consecución (a veces idílica) del, consenso es en sí misma, el triunfo.  

De este lado de las ciencias sociales, tenemos un chip de pensamiento que nos hace dar un peso especial a las corrientes de opinión pública, cómo estas influyen en las decisiones en el ámbito público como privado y eso hace que el análisis y los instrumentos a usar tengan otro cariz. 

Con todo ello, el gerente de una empresa, debe estar tan confundido como cuando me piden analizar un partido de fútbol. “Y ¿entonces qué hago? Avanzo con el abogado, el de marketing, los de comunicación?”. Nada fácil. Quizá esta receta pueda ayudar a tomar decisiones cuando las aguas de la política resbalan bajo la puerta de las empresas. 

Primero, obtener un mapa de públicos fiable que no sólo nos diga quién es quién, sino cuánto poder tiene cada quién y/o quiere tener.  Segundo, identificar las promesas que adeuda ese quién a sus bases o correligionarios.

 Tercero, ¿cuál es el mapa narrativo de cada uno de los personajes en cuestión? Cuarto, listar los actores de la ciudadanía a los que, el tema en cuestión, pueda interesar, motivar, preocupar o apasionar. Quinto, hacer una hoja de ruta para descubrir una causa conjunta, y finalmente (sexto) hacer un plan de acción, respondiendo las cuestiones de fondo de la parte simbólica y los intereses.