Opinión

Los nanopasos de Bolivia hacia la ciencia y la tecnología

domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:00

La Criba/ Javier Aliaga

Hace unos días, el presidente Evo Morales anunció la creación del ministerio de Ciencia y Tecnología, después de que el vicepresidente Álvaro García Linera dijera en su discurso por el aniversario patrio que ambas áreas formaban uno de los tres ejes  para impulsar la economía del país junto con la transformación agrícola y la industrialización.

El anuncio sobre el ministerio llega más de dos años después de la recomendación que medio centenar de científicos llegados del exterior le hizo al mismo Morales cuando los convocó para hablar de la “liberación tecnológica” de Bolivia. A principios de 2016, los expertos le pidieron crear el citado ministerio, pero anotando que eso no sería suficiente también hablaron de desafíos estructurales cambiando el chip de la financiación, la formación docente y educación para ingresar a la economía del conocimiento.

Al escuchar hablar a García Linera de la supuesta existencia de “centenares de empresas públicas y privadas que producen, venden y exportan conocimiento” y de la formación de una masa crítica de profesionales en software, litio, energía, robótica, inteligencia artificial, energía nuclear, medicina nuclear, física de partículas y nanotecnología, en seguida pensé que se refería a Uruguay, al que varios tecnólogos apodan el Silicon Valley de Suramérica y cuyo expresidente José Mújica asistía al acto del aniversario patrio.

Ya lo he mencionado antes en esta columna mensual y lo repito: no está mal que los líderes políticos miren el horizonte para fijarse objetivos, pero eso no es suficiente si no planifican en serio la forma de alcanzarlos y financiarlos en el período de Gobierno que les corresponde. Tenemos una  acumulación de frustraciones y retrasos con proyectos como el de la siderúrgica del Mutún o la industrialización del litio, solo para mencionar dos casos cuya malograda historia es archiconocida, pese a las millonarias inversiones realizadas. Si hubiera centenares de empresas tecnológicas en Bolivia se notaría  como en los casos de Jalasoft o Code Road-Mojix y en su peso en la economía nacional, como ocurre en otros países que tienen políticas de fomento a las startups y a los emprendedores tecnológicos desde hace una década, mientras acá recién debatimos una ley para el sector mostrando otra tremenda lentitud, igual que con el mencionado ministerio, con que caminamos para entrar a la economía del conocimiento.

Desde hace unas semanas circula en el sector el estudio Línea de Base del Mapeo del Ecosistema de Tecnología Digital en Bolivia 2019 realizado por Funda-Pró, y las fundaciones Solydes y Emprender Futuro, que ha identificado a 152 startups, la mayoría de ellas situada en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, en ese orden. 

Los expertos que han comentado el estudio enfatizaron que los datos reflejan un ecosistema tecnológico incipiente, como si se tratará de un “bebé de pocos meses”, a la vez que muestra la necesidad de herramientas de financiación privada y del apoyo estatal para las iniciativas tecnológicas siguiendo ejemplos de Uruguay y Colombia.

Resta saber cuántas de las empresas están exportando conocimiento y en qué áreas, además de los obstáculos que afrontan y están superando para consolidarse a nivel internacional, una tarea que debería concentrar de forma urgente el interés del Estado y las universidades, claves para potenciar esos emprendimientos.

De otra forma, el país con su conocida lentitud para asumir los cambios tendría que conformarse con seguir de espectador de éxitos como el del paceño Carlos Salinas que en México ha revolucionado el mercado de la producción y distribución de colchones comenzado con una startup fundada en 2015 y que hoy vale 80 millones de dólares.