Jorge Velasco

Programas de gobierno e inversión privada

domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:02

Este 15 de julio se conmemoró el día mundial de las habilidades de la juventud, según la ONU, para  recordar que los jóvenes son un colectivo estratégico para lograr un avance en las sociedades.

La celebración  busca empoderar a los jóvenes  para que sean influyentes en el mundo y sean un factor fundamental contra los problemas, como el cambio climático, el desempleo, la pobreza, la desigualdad de género y la migración. Actualmente hay 1.200 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que representan el 16% de la población mundial.

La educación y la formación son cruciales para desarrollar habilidades que conviertan a los jóvenes en agentes de cambio y tengan una participación activa en los esfuerzos de desarrollo para lograr sociedades sostenibles, inclusivas y estables para alcanzar las metas del 2030.  

América Latina tiene una población joven de 140 millones de jóvenes, de los cuales un 22%, aproximadamente 30 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, no estudian ni tienen empleo según datos del 2012. De esa cifra un 70% son mujeres del sector urbano, el 55% se dedica al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, el 2% está cesante o busca trabajo remunerado y el 15% está inactivo. Esta es la “generación nini” que son jóvenes que están quedando al margen de esas dos instituciones fundamentales para la inclusión social: educación y empleo; una fuerza humana que está abandonada a su suerte y que seguramente engrosará las filas de la delincuencia, las pandillas y la droga y que no podrá ser parte de ese movimiento que mencionó Ban Ki-moon como “destinada a romper con los patrones del pasado y situar al mundo en la senda de un futuro más sostenible”.

En Bolivia, según el último censo, se tiene una población joven de dos millones, de los cuales unos 400 mil jóvenes no tienen empleo  y tampoco estudian, según informe de organizaciones especializadas. Esta población es posible que este dentro de la informalidad pero su futuro es incierto y su potencial innovador seguramente no podrá ser aprovechado para generar esos cambios en la sostenibilidad de Bolivia y el mundo. 

Se requiere una política urgente en el ámbito económico y de educación  para generar posibilidades de formación especialmente diseñadas para que esta generación adquiera habilidades, conocimientos y capacidades que le permitan afrontar el futuro sin quedar marginados. Por otro lado, los jóvenes que están dentro del ámbito de formación universitaria suman otro medio millón de personas que estarían desarrollando habilidades y competencias  que les permitan ser profesionales y tener un papel más decisivo a la hora de participar en cambios de nuestra sociedad.

El rol que tiene el gobierno y la academia para desarrollar habilidades en los jóvenes es fundamental por las razones antes citadas. Es por eso importante preguntarnos que estamos haciendo al respecto tanto con los “ninis” como con la población universitaria y si realmente  estamos valorando el talento y potencialidad que tiene nuestra juventud. Ya no es suficiente desarrollar habilidades duras en esta población.

Hoy es  importante dotar a esta juventud de habilidades blandas,  aquellas que ahora son más importantes para conseguir un trabajo, habilidades prácticas que les permitan  comunicarse mejor y sean capaces de relacionarse y construir redes, que tengan espíritu emprendedor y sean creativos, que tengan capacidad de trabajar en equipo, que desarrollen actitudes proactivas para resolver problemas y generar ideas innovadoras, y reforzar en ellos los  valores como el compromiso, puntualidad y honestidad, entre otras.