Entre fuegos

domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:01

Antes del incendio que consume la Amazonía, Angela Merckel criticó a Jair Bolsonaro por su deficiente protección. Luego, con la voracidad del fuego consumiendo millones de hectáreas del pulmón del planeta, Bolsonaro y Emmanuel Macron se enfrascan en una guerra de insultos. El Presidente francés se siente ofendido por insinuaciones sobre su esposa, mientras que el brasileño se siente ofendido por la “lamentable posición colonialista”. 

Si bien Merckel no busca su reelección y Macron recién enfrentará elecciones en 2022, ambos deben aprovechar la coyuntura para fortalecer las credenciales “ambientalistas” de sus partidos. En Europa existe un resurgimiento de los Verdes, por lo que es políticamente astuto posicionarse en contra de Bolsonaro, ampliamente despreciado en Europa por su postura anti-ecológica.  Lo que no queda tan claro es si, ahora que Bolivia y Brasil arden juntos, los europeos por fin vislumbran desafortunadas coincidencias entre la extrema derecha religiosa e izquierda carnívora latinoamericana. Porque queda claro que los gobiernos de Bolsonaro y Evo Morales estuvieron dispuestos a tirar toda la carne al asadero en nombre de mantenerse en el poder.

Bolsonaro no es un hombre devoto de la ciencia, por lo que no cree en el calentamiento global y quiere el apoyo de empresarios que se beneficiarían con el “desarrollo” de esta región. De lo que no estamos seguros es si en el caso de Bolivia existe un plan o proyecto para proteger nuestros bosques húmedos, o si el desafortunado incendio es simplemente incompetencia de parte del Gobierno.

En ese sentido, el Gobierno boliviano pretende marear la perdiz al establecer que las tierras de la Chiquitanía no son agrícolas, sino ganaderas. Ahora que Evo Morales se encuentra entre el fuego cruzado entre Europa y Brasil en medio de un infierno que consume nuestro continente, resulta que el Decreto Supremo 3973, aprobado el 10 de julio de 2019, que autoriza el desmonte mediante la “quema controlada”, no es culpable de la presente crisis ambiental. 

Al igual que Bolsonaro sugiere a Francia “centrarse en sus propios desafíos ambientales”, Evo también declaró “innecesaria” la ayuda extranjera. Pero más allá de la incompetencia y posible colusión política con las élites agropecuarias del oriente, existe otro problema: la inmigración hacia zonas selváticas. Incentivar nuevos asentamientos en zonas donde la capacidad de uso de suelo no es agrícola, sino de uso forestal, ha  creado esta lamentable destrucción de la naturaleza.

El daño ecológico ambiental es consecuencia de una serie de desaciertos del actual Gobierno. Lo que jamás hubiéramos imaginado es que una arremetida mundial en contra de la extrema derecha de Brasil acabaría desenmascarando a la “reserva moral de la humanidad”, que acabó siendo igual de depredadora y angurrienta de poder.  

Los chaqueos, legalizados por el Decreto Supremo 3973, representan una práctica suicida. Otros “despilfarros” y malas prácticas del actual Gobierno no fueron tan tangibles como ésta, aunque también representan decisiones políticas que pasarán factura. Espero que el pueblo tome conciencia que toda elección trae consecuencias. Sobre todo las que hacen los políticos a nombre del pueblo. 

 Lamentablemente, la cultura verdaderamente incendiaria y podrida es la actual cultura política, tanto de izquierda como de derecha, Brasil o Bolivia, donde los intereses sectoriales están por encima de la mínima racionalidad, y donde el instinto de supervivencia política es superior al propio instinto de supervivencia.

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