La industria del vino y singani en jaque por el contrabando

El analista menciona que el sector informal evade más de 10 millones de dólares en impuestos, no paga tributos aduaneros ni respeta los beneficios sociales.
domingo, 01 de septiembre de 2019 · 01:09

Luis Pablo Granier

Nuestro vino y singani de altura han logrado que Bolivia tenga un lugar en el mapa de la vitivinicultura mundial. Este logro ha sido fruto de mucha pasión y arduo trabajo de miles de personas a lo largo de varias generaciones. Sin embargo, vemos con mucha preocupación que hoy más que nunca nuestro sector se encuentra en riesgo por el flagelo del contrabando. Somos un rubro que contribuye de manera integral al desarrollo económico, social y cultural de Bolivia; pero, necesitamos ayuda, el contrabando nos tiene en jaque. 

La cadena de uvas, vinos y singanis es la actividad productiva más importante del sur de Bolivia, genera más de 5.000 fuentes de empleo directo e indirecto a nivel nacional, hay 4.200 familias que viven de este rubro que mueve más de  200 millones de dólares anuales, aporta millones de dólares en impuestos y se ha convertido en motivo de identidad y orgullo boliviano.

El efecto negativo del mercado negro daña a grandes, medianos y pequeños productores: el sector informal evade más de 10 millones de dólares anuales en impuestos, no paga tributos aduaneros, ni mucho menos respeta los beneficios sociales. Esto también implica perder puestos de trabajo, fuga de talento al exterior, quiebre de emprendimientos, desincentivo e incertidumbre en la sociedad.

El contrabando es muy dañino, no solo para nosotros sino para los que se benefician con el efecto multiplicador de esta industria, al igual que muchas otras en nuestro país. La cadena de uvas, vinos y Singanis crea un hilo productivo que tiene un impacto positivo y profundo en áreas rurales y urbanas. Genera el impulso de actividades económicas paralelas al sector y a través de su interrelación con la identidad cultural tarijeña y boliviana; además de su aporte a la cohesión social.

Se estima que actualmente el consumo de vino de contrabando en Bolivia es de un 40%. La fuerte devaluación del peso argentino de los últimos días elevó aún más el riesgo de entrada de productos de contrabando a nuestro territorio. Esta problemática está en ascenso y la industria nacional tiene que ser protegida. Es necesario reforzar el control del comercio al por menor y fortalecer la supervisión en nuestras fronteras por el bien de todos.  Muchos países vitícolas en el mundo consideran al rubro como una “joya” nacional por el impacto positivo que tiene en lo socioeconómico. Nuestra vitivinicultura es pequeña comparada con las demás en el mundo (4.000 ha plantadas en todo el territorio versus 200 mil ha plantadas en Mendoza, Argentina) pero hemos demostrado que tenemos la capacidad de competir en calidad con productos de alto valor. 

¿Cuándo tomaremos medidas de fondo contra el contrabando? Qué difícil que es construir y que fácil destruir. Necesitamos el compromiso serio de nuestras autoridades a mejorar la competitividad de nuestros productos, a través de políticas claras que den certidumbre a la inversión, lucha frontal contra el contrabando, adulteración y falsificación, sumado al fortalecimiento de instituciones que den soporte a la cadena productiva. Nuestro vino y singani están en riesgo, necesitamos ayuda. 

Luis Pablo Granier es gerente general de Sociedad Agro Industrial del Valle, empresa que dirige Campos de Solana y Casa Real

Confidencial

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