¿Cuánto cuestas?

domingo, 05 de enero de 2020 · 00:00

El general Juan José Torres me nombró Ministro de Finanzas cuando yo apenas había cumplido 33 años de edad. Es posible que la pugna entre Estados Unidos  y URSS haya inducido modelos económicos que luego han comprobado tener falencias. Tal vez fue el romanticismo propio de la juventud, o fue porque la era estuvo marcada por una verdadera amenaza existencial, pero recuerdo que en aquel entonces el dinero no jugaba un papel tan preponderante en la política. Equivocados o no, luchábamos por un ideal.  

Políticos corruptos han habidos siempre. Pero hay una pequeña diferencia con los políticos de hoy que vale la pena recalcar: antes los corruptos robaban por egoístas, ahora roban por necesidad. Antes, el político robaba porque pretendía jubilarse temprano, o mejorar la condición de los suyos. Ahora robar es un trabajo en equipo, que se lleva a cabo en coordinación, con gran delicadeza. Los que hoy abusan de su poder para obtener un beneficio económico no lo hacen sólo por el bienestar personal, lo hacen también por el bien del partido. 

Esta peculiar “ética” se justifica bajo el principio enarbolado por el MIR de “hacer patria” llenándose los bolsillos. La lógica era sencilla: la revolución requiere de recursos económicos, por lo que el dinero sustraído del pueblo era para defender al propio pueblo. El síndrome de Robin Hood es robar al Estado para financiar al partido y así ser un gobierno de los pobres. La ironía no se le escapa a nadie. 

Recuerdo aun cuando ser de izquierda quería decir abogar por mayor justicia social, un sistema inclusivo que permita el concurso en la economía de todos los bolivianos, sin discriminación o ventaja para unos cuantos. Recuerdo aun cuando ser de izquierda era luchar contra las injusticias de un sistema amañado al servicio de una oligarquía. Hoy ser de izquierda se ha vuelto en un pretexto para salir de pobre. 

La culpa, sin embargo, no la tiene por completo el individuo. Parece ser parte de la naturaleza humana. Cuando el MAS subió al poder, la esperanza era que sus políticos fueran hechos de una madera diferentes. Todavía hay quienes, en su ceguera ideológica, consideran al círculo de poder de Evo Morales una “reserva moral de la humanidad”. 

Lo que no les queda claro es que ahora la política necesita de mucho más que de un ideal: necesita de plata, mucha plata. 

No debe de extrañarnos, por ende, que Podemos, que actualmente forma parte de la coalición que junto al PSOE gobierna al país ibérico, haya necesitado de cada centavo que pudo recaudar, incluyendo dádivas que recibió del pueblo boliviano. Es por ello que la actitud del actual gobierno, bajo la firme mano de la presidente Añez, su canciller Longaric y el delegado ante la comunidad internacional, Tuto Quiroga, representa una actitud soberana que permitirá desenmascarar las triquiñuelas de aquellos que avanzan la agenda del Foro de Sao Paulo. Hacer política hoy en día es un negocio muy caro. Afortunadamente (para los socialistas del Siglo XXI) en nuestro continente se maneja uno de los business más lucrativos del planeta. 

El narcotráfico se ha incrustado en la política de nuestro continente de tal forma que, de hacerse un documental, parecería más una película de terror. La hipocresía más grande de nuestra era no es el pretender que roban para darles a los pobres, mientras ellos se hacen ricos. No. La mayor hipocresía es pretender que luchan contra el flagelo de la cocaína, que arruina millones de vidas, a la vez de que hacen política gracias a ella. Por suerte Bolivia ahora también aportará su parte para que el mundo sepa la verdad.