Opinión

Clases medias en la Bolivia: una agenda de futuro

domingo, 23 de febrero de 2020 · 00:00

Luis Fernando Barbery Paz

Es evidente que, tras los sucesos políticos de noviembre de 2019 y de la innegable desaceleración del crecimiento de nuestra economía, los bolivianos vivimos hoy en un trascendental tiempo de inflexión. En materia económica, nos toca la necesidad de realizar ajustes al modelo de desarrollo que se mantuvo en los últimos años; la renegociación, en desventaja, de los contratos de venta de gas con Argentina y Brasil; el desafío de sostener el crecimiento a base de  una mayor inversión privada y  la urgencia de revertir o disminuir los déficits fiscal y comercial, así como la deuda externa.

En materia política debemos fortalecer y recuperar la institucionalidad y el Estado de Derecho. Las movilizaciones de octubre y noviembre de 2019, que mostraron la emergencia de los jóvenes y las mujeres de las principales ciudades del país, dan cuenta de algo nuevo: la importancia política de las clases medias. En materia social, es evidente que los años de bonanza y el modelo de consumo han dejado como positiva la reducción de la pobreza y de la conflictividad, y una mayor movilidad social, pero al mismo tiempo  todavía se mantienen la inseguridad ciudadana, la violencia familiar, el empleo precario y los graves problemas en el acceso a la salud y a una educación de calidad. 

Somos los mismos que antes, con las mismas limitaciones productivas, pero con mayores ingresos, en la mayoría de los casos volátiles y ligados a las rentas de recursos naturales, que han llegado a los bolsillos de la mano de la inversión pública, el crédito y en general el gasto.

Frente a esto, es claro que ningún retroceso hacia la pobreza es aceptable y que, si no logramos generar las condiciones para consolidar este nuevo segmento de clases medias, la pobreza, el desgobierno y la conflictividad retornarán con todas sus secuelas. Más allá de las motivaciones de estabilidad, respecto de preservar la calidad de vida los bolivianos y en particular de estos grupos emergentes, resulta claro que no es posible concebir prosperidad sin clases medias fuertes y consolidadas. El potencial para diversificar la economía está en este segmento y, en una perspectiva de futuro,  debe tener la capacidad de emprender, innovar, ampliar la base productiva, aportar más impuestos e internacionalizar la producción boliviana. Las clases medias consolidadas demandarán de los gobiernos condiciones para trabajar y prosperar, exigirán políticas públicas adecuadas y estables; demandarán mayor calidad en los servicios, además de transparencia y eficiencia en la inversión pública. En suma, estas clases medias serán también fuente de retroalimentación y creación de un verdadero mercado interno, creciente y distinto del generado por las rentas de recursos naturales, que son volátiles. 

La consolidación de estos segmentos es directamente proporcional a las condiciones que se generen para la inversión privada. Las clases medias quieren vivir de la producción y no del Estado, y necesitan entornos adecuados para emprender, organizar la producción de diversas formas y eventualmente derivar en empresas de todo tamaño.  

Finalmente, a base de estas clases medias emergentes se forjará un crisol de mayor equidad en el que  las diferencias étnicas, de género, regionales y culturales darán paso al predominio de la cohesión social y la verdadera identidad nacional. 

Por eso, como sector privado, remarcamos que la prioridad en esta trayectoria de cambio es el capital humano y la educación como factor fundamental para la producción. 

El futuro de la nueva Bolivia debe estar en su gente y en su capacidad de generar riqueza, independientemente de la disponibilidad de recursos naturales.

 

 

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