Opinión

El inicio de la crisis del coronavirus

domingo, 22 de marzo de 2020 · 07:07

Luis Fernando Barbery Paz

Incluso antes del 10 de marzo, cuando se confirmó oficialmente el primer caso de coronavirus en Bolivia, ya se percibían señales claras de los efectos que esta pandemia tendría sobre la economía de nuestro país. 

En menos de 10 días, esas señales se convirtieron en realidades concretas, primero desde el ámbito internacional, con el cierre de fábricas en China, la caída estrepitosa de las bolsas y la baja sustancial del precio del petróleo y los minerales. 

 Después del 10 de marzo, y tras las medidas drásticas pero necesarias, aprobadas por el gobierno nacional, sectores como el turismo, transporte, comercio, servicios financieros, gastronomía, hotelería, construcción, aeronáutica, las exportaciones y las importaciones, y varias industrias, están sufriendo ya el rigor de una crisis cuya duración es incierta, así como sus consecuencias y alcance.

Aunque no podemos caer en la prospectiva catastrófica, los expertos ya auguran un año muy difícil en los sectores mencionados, pero también en otros ámbitos como la inversión pública, que se verá mermada por menores ingresos por la venta de gas, la disminución de los precios de las materias primas y una eventual baja de los ingresos por impuestos. 

La variación negativa de los principales indicadores económicos recién se sentirá el segundo semestre del año, aunque más acelerado será el efecto en el ámbito privado, especialmente en la inversión, la generación de empleo, de nuevos emprendimientos e incluso en el dinamismo del mercado financiero.

En medio de este complejo escenario, no podemos ignorar el efecto que puede generarse sobre el empleo, el riesgo del aumento de la pobreza y posiblemente la afectación de otras variables sensibles para la población, por efectos precisamente del freno a las importaciones del mercado asiático y la menor disponibilidad de bienes de consumo y de capital, que importamos desde los mercados internacionales.

Se suele afirmar que las crisis deben ser entendidas como oportunidades, y que las sociedades tienden a recuperarse de manera inercial, asumiendo claro, las consecuencias que se generan tras episodios traumáticos como el que nos toca vivir.

Sin embargo, también es cierto que, luego de esta crisis, sumada a las experiencias complejas que sufrimos el año pasado en lo político, social y medio ambiental, ya no es posible para los bolivianos, pensar en un retorno mecánico hacia el modelo de desarrollo y crecimiento que hemos vivido hasta ahora.

 No somos inmunes a los efectos de los problemas que se generan en el exterior, pero tampoco podemos planificar nuestro futuro sobre la base de visiones que divorcian al Estado de la sociedad y que prescinden de la intervención de los actores ciudadanos, desde sus roles políticos, empresariales, sociales, culturales, e incluso desde sus causas e intereses.

En su momento, el sector privado va a ser protagonista de este debate. Por ahora, nos toca enfrentar con serenidad, pero también con disciplina, responsabilidad y entereza, esta amenaza para la salud pública.  

Desde el ámbito empresarial, nos hemos comprometido en aportar y apoyar las decisiones que tome el gobierno para combatir esta pandemia. 

Para ello es preciso generar los mecanismos que garanticen la cadena de suministros a fin de evitar el desabastecimiento y que los productos esenciales puedan estar a disposición del público. Bolivia es más grande que sus problemas y vamos a salir adelante.

 

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