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El reto de poner en cuarentena a millones que viven el día a día

Las restricciones contra el avance del Covid-19 en la región afectan a familias que venden en la calle. Perú decidió dar un bono mensual de $us 108 a este sector.
domingo, 22 de marzo de 2020 · 00:00

Stefania Gozzer  / BBCMundo

Noelia Flores contaba con los 35 soles (cerca de 10 dólares) que iba a ganar limpiando en un hotel de Tumbes, en el norte de Perú. Con ellos iba a comprar la comida de ese día para ella, sus dos hijos, su nuera y sus cuatro nietos. Pero al llegar al establecimiento, le dijeron que desde ahora solo los empleados que estaban en planilla trabajarían.

La razón: la noche anterior, el gobierno peruano había declarado el estado de emergencia y puesto al país en cuarentena para frenar la expansión del nuevo coronavirus, así que quienes no tenían contrato, como ella, ya no eran bienvenidos. Perú es el país de América Latina que ha aplicado la cuarentena más restrictiva para detener el avance del virus, cerrando las fronteras a cal y canto y sacando al Ejército a la calle para asegurarse de que la población esté confinada en sus casas.

A nivel global, más de 200 mil personas han contraído el virus surgido en China, que causa la enfermedad Covid-19. Pese a que a la gran mayoría solo le genera síntomas leves parecidos a los de una gripe, la pandemia ya se ha cobrado más de 7.000 vidas. Al momento de tomar la decisión, Perú era el Estado de la región con más casos confirmados después de Brasil y Chile, Argentina y Bolivia. 

En Perú siete de cada 10 personas no cuenta con un empleo formal, la retricción  cayó como un balde de agua fría. “Nosotros, lo que vamos haciendo lo vamos gastando a diario en comida y ahorramos un poquito para el alquiler2, explica Flores. “Mi hijo conduce un mototaxi y gana un promedio de entre 15 y 20 soles (entre 4,3 y 5,7 dólares) porque tiene que pagar la gasolina y la moto”. Esta inmigrante venezolana de 39 años también junta lo que puede para enviárselo a su madre. “Para su comida”, dijo la afectada.

Hasta ahora, complementaba los tres días a la semana que trabajaba en el hotel con la venta ambulante de café y golosinas en la playa. La cuarentena, que le parece “exagerada”, ha acabado con todas sus fuentes de ingresos. “Hay personas que tienen su dinero guardado y pueden comprar abarrotes y al por mayor. Pero a los que no tenemos, como nosotros que somos extranjeros, se nos hace muy difícil”, cuenta por teléfono.

“Esto está creando un caos bastante fuerte y las personas que tienen, compran y se abastecen, pero uno se queda sin nada porque no tiene con qué comprar”, lamenta. “Yo como madre y como abuela me preocupo porque tengo niños pequeños. ¿Cómo les voy a decir que no van a  tomarse su tetero (biberón)? No podemos, tenemos que buscar la manera de dárselo”.

La situación de Flores ejemplifica uno de los grandes retos que la pandemia representa para los países latinoamericanos que opten por imponer una cuarentena.

En muchas naciones europeas existen redes de protección social y económica como las bajas médicas remuneradas generalizadas. Sin embargo, en América Latina, 140 millones de empleados dependen del sector informal, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Es decir, uno de cada dos trabajadores.

Perú es uno de los que tiene la tasa de informalidad más alta, aunque esta es incluso superior en países como Guatemala y Honduras, donde ronda el 80% según la OIT; o en Bolivia, donde asciende al 83%. Trabajar en la informalidad no significa ser pobre, como puntualiza el exministro de Economía peruano Alonso Segura: “La población económica activa informal es del 70% y la pobreza en el país está en el 20%”.

Pero, solo en ese país, nueve millones de personas forman parte de una familia donde, si no se trabaja hoy, no se come mañana o incluso ese mismo día, según estimaciones del Gobierno peruano.

“Hay un sector importante de la población que es vulnerable y que tiene un sistema de vida de trabajo diario para  subsistir. Ese porcentaje importante de la población vulnerable no va a quedar desamparado”, afirmó el presidente de Perú, martín  Vizcarra, en una conferencia de prensa en la que anunció un bono de 380 soles (unos  108 dólares) para cada una de estas familias. El monto está por debajo del salario mínimo mensual de 930 soles ($us 263). Fue calculado en base al gasto promedio urbano de alimentación, según explicó la ministra de Economía, María Antonieta Alva, así que no tuvo en cuenta otras obligaciones como el alquiler. “El país se enfrenta a un tremendo reto”, afirma el exministro Alonso Segura. “No solo es la alta informalidad, sino también que el tamaño del presupuesto de Perú es relativamente pequeño en comparación con otros países: menos 20 puntos del PBI”.

“Así, es bastante difícil que el Estado pueda llegar a cubrir ingresos que ni siquiera tiene adecuadamente registrados, no solo los de los trabajadores sino también los de las microempresas y pymes”.

Quienes tengan un empleo informal con el que ganen el dinero suficiente para no formar parte de las estadísticas de pobreza también se encuentran en una situación vulnerable. Por un lado, no tienen la garantía de que, después de estos 15 días, puedan retomar su trabajo. Por otro, no entran dentro de la población que accederá a ayudas como el bono familiar. “Los sistemas de focalización para pobreza del Perú, y los de todo el mundo, no están preparados para lidiar con un tipo de fenómeno de esta naturaleza: que no afecta solo a personas en situación de pobreza sino a gente que realiza sus actividades económicas normales, clases medias, media bajas, pero que no son pobres y que no están mapeados en los sistemas de focalización”, dice Segura.

A sus 62 años, Marieta Ríos sale todos los días a vender marcianos, unos helados de hielo largos y delgados, en un mercado de Lima. El domingo, cuando se enteró de la cuarentena, ya tenía 200 hechos. “Tendré que dejar que se entibien y usarlos como refresco”, cuenta  resignada. Pese a que vive de lo que vende cada día, dice tener “unos ahorritos” para sobrevivir la cuarentena junto a su esposo. “Tienen que alcanzarme, no comeré demasiado. Eso hay que estirarlo”. Rechaza que la cuarentena dure más de 15 días.

 

 

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