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Empleo rural, juventud y desarrollo

domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:00

Actualmente, se estima que más de 800 mil Unidades de Producción Agropecuaria (UPA) practican la agricultura familiar;  sin embargo, la incidencia a la pobreza rural supera el 60% (según el Instituto Nacional de Estadística) y existe una alta prevalencia del empleo precario. Entonces, se resalta la importancia de generar soluciones estructurales a diferentes niveles para reducir la pobreza, ampliar las oportunidades de empleo y asegurar los medios de vida de las familias indígenas campesinas.

En ese sentido, es fundamental recordar que en Bolivia existe un hilo invisible e indestructible que une al mundo rural y urbano. Pues, este hecho debe ser la base del pensamiento y sentir nacional, para construir el desarrollo.  Debido a que al impulsar un nuevo modelo de producción resiliente y sostenible en áreas rurales, también se estimula el aparato productivo de las áreas urbanas. Entonces, es vital promover empleos dignos, tanto en los centros urbanos más importantes, como en las comunidades más alejadas del país, a través de políticas (planes, programas, estrategias, leyes, etc.). Ciertamente, las familias rurales afrontan niveles bajos de ingresos, desempleo y subempleo, trabajos con poca estabilidad y beneficios sociales. Además, tienen acceso limitado a conocimientos prácticos y tecnología útil en la educación y procesos de producción. Igualmente, suelen sufrir discriminación, en especial las mujeres y niños, estos últimos deben empezar a trabajar a muy temprana edad. Asimismo, aquellos productores emprendedores tienen dificultades para la comercialización de sus productos en los mercados. 

Ante esta situación, más del 50% de los hogares rurales, para incrementar sus ingresos, realizan también actividades económicas no agrícolas, normalmente informales, sin  prestaciones sociales, ni las suficientes condiciones de seguridad. En ese escenario, la fuerza productiva de la juventud es vital para el desarrollo económico productivo rural, con gran capacidad de innovación.

Por ello, se debe  dar énfasis al fortalecimiento de agrocadenas de valor de la agricultura familiar; impulsar un modelo de educación, con un enfoque productivo emprendedor; fomentar la innovación tecnológica; establecer seguros, créditos y asistencia técnica para proyectos orgánicos. Igualmente, se debe transmitir, a diferentes niveles, mensajes de integración e interrelación entre bolivianos, que destaquen el valor de todos los agentes, para la transformación social orientada al bien común. También se debe informar, sensibilizar, empoderar y movilizar a la mujer, a través del empleo productivo, para contribuir a la sociedad, debido a que las mujeres representan la mitad de la fuerza de trabajo y cuando ellas acceden a empleos decentes pueden mejorar las condiciones de vida de sus familias, comunidades y municipios. Por otra parte, es vital promover la protección social, fortalecer la participación igualitaria, equitativa, inclusiva y horizontal. Además, es urgente incluir a las familias en organizaciones que puedan potenciar sus oportunidades comerciales, respetando las prácticas culturales locales de asociación.

Es valioso resaltar que la intervención de otros actores, como universidades, centros de investigación, Organizaciones No Gubernamentales (ONG), empresas privadas y públicas  también tiene un rol principal, para potenciar las políticas de empleo digno. Pues, solamente con la correcta articulación de todos los actores se podrá fortalecer el potencial productivo agropecuario nacional, que es una clara alternativa para diversificar la economía boliviana, con gran proyección hacia mercados internacionales que buscan productos amigables con el medioambiente. 

Para concluir, las áreas rurales de Bolivia tienen un gran potencial de desarrollo; sin embargo, albergan un alto índice de pobreza y empleo precario. Entonces, la promoción del empleo digno en la agricultura familiar es una alternativa de crecimiento y desarrollo económico para las comunidades, municipios y el país, tomando en cuenta que el vínculo entre lo rural y lo urbano es inquebrantable y se fortifica mutuamente.

En ese sentido, si queremos terminar con la espiral de la pobreza y encaminar a Bolivia hacia el desarrollo, ¿cómo apoyamos, desde nuestros hogares, a convertir el empleo digno en una realidad para las futuras generaciones?

 

Carlos Andrés Torrico Monzón es investigador y director del Círculo de Investigación en Estudios para el Desarrollo. (CIED-Latinoamérica).
 

 

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