Opinión

La película que nos contaron sobre el gas

domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:00

Javier Aliaga

La inauguración de una torre de perforación a fines de  2015 en el campo Itaguazurenda (Santa Cruz) sólo sirvió para que el entonces presidente Evo Morales pueda tomarse una bonita fotografía que corone una escena más de la película de la nacionalización que nos contaron. Los trabajadores de YPFB armaron la torre e hicieron la planchada y los caminos de acceso en tiempo récord para que la inauguración coincida con el Día del Petrolero. El proyecto resultó un fracaso, pero eso no fue una sorpresa para los expertos que veían el show con escepticismo debido a la conducción excesivamente política e improvisada de YPFB.

Con una total falta de respeto por la población, los “guionistas” de la nacionalización montaron lo de Itaguazurenda y uno que otro truco más para la televisión con el propósito de contar la historia de que el Estado estaba trabajando e invirtiendo para desarrollar el sector ante la ausencia de inversión privada. Hubo mucho trabajo exploratorio sin sentido, improvisación, mala gestión y derroche de los escasos recursos del país. 

La puesta en escena de Itaguazurenda la contó el experto Hugo del Granado en el foro de Jubileo sobre hidrocarburos para cuestionar el hecho de que se perforaron pozos para justificar la erogación de recursos. Según datos oficiales, Itaguazurenda demandó una inversión de 15 millones de dólares, una cifra modesta si se compara con el despilfarro de otros recursos. En el foro, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), bajo la conducción de nuevas autoridades, reveló cifras desconocidas acerca de la situación del sector. Las presentaciones permitieron concluir a los expertos del foro -Del Granado, Mauricio Medinaceli y Raúl Velásquez- que hubo pérdidas millonarias en proyectos fallidos y en plantas de supuesta industrialización con problemas estructurales y de mercados. 

También alertaron sobre los conflictos con el régimen fiscal, las subvenciones, los precios del mercado interno, la falta de transparencia en la adjudicación de bloques y el vía crucis de las empresas que quieren invertir en exploración, pero no pueden porque los contratos tardan años en concretarse. 

Los cuestionamientos tienen que ver con el manejo del sector durante la gestión de Evo Morales. Sabemos que la nacionalización fue bendecida providencialmente por el ciclo de altos precios de los hidrocarburos. La abundancia de los recursos ayudó a que las petroleras acepten el régimen fiscal y el país reciba mucho dinero, aunque los privados no hayan hecho inversiones significativas para exploración, ni siquiera tratando de ampararse en la Ley de Incentivos de 2015. 

El modelo no es sostenible. Lo razonable hubiera sido que el anterior Gobierno dé un verdadero giro con el régimen fiscal del sector analizando experiencias de la región sobre marcos tributarios flexibles y graduales en función de la producción y de los precios, pero no pudo para no contradecir el discurso antiprivado y antipetroleras, claramente inútil a la vista de la declinación del sector.

También es razonable la recomendación hecha en el foro de que el sector necesita de verdaderos equilibrios entre el Estado y las petroleras, sin dejar que ninguno de los dos ejerza un rol aplastante sobre el otro. La reciente historia, la de antes de Morales y la desarrollada durante su Administración, demuestra que optar por los extremos puede agravar los problemas. Durante 14 años nos contaron la película del supuesto éxito de la nacionalización para desarrollar el gas, pero parece que muchos de los bolivianos asistieron dormidos a la exhibición de la historia y no diferenciaron lo propagandístico de la realidad. No sé a qué género fílmico corresponde la historia, pero hay temas que no caben en el cine. 
 

 

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