Entrevista

Amalia Decker vuelve a la nostalgia con una valija

“La valija”, marca su debut en el cuento. “El cuento es una idea redonda, una historia más corta, la novela es un universo lleno de detalles”, afirma.

Letra Siete
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La Paz - domingo, 22 de mayo de 2022 - 0:20

La periodista, novelista y escritora cochabambina Amalia Decker presentará su primer libro de cuentos, La valija, en la Feria del Libro de Santa Cruz, el próximo 3 de junio, relatos en los que “inventa ciudades a través de viajes oníricos, delirios de una viajera sedentaria”. Página Siete conversó con la escritora sobre su trabajo y, además, sobre su mirada al momento que vive la literatura nacional.

¿De qué va su libro de cuentos?

La valija es un libro de cuentos que a su vez contiene cuatro libros. El libro I responde a tiempos de Patria o muerte; sin embargo, no necesariamente relata episodios épicos, más bien intenta visibilizar lo que no se ve o lo que se oculta por considerarlo banal. Y, sin embargo, al tratarse de hechos corrientes, nos permite hurgar en el interior de la vida misma. Querencias, el libro II, tiene algo de amor y de sexo, sin pretensiones eróticas pero escritas desde el cuerpo que enaltece al deseo con el ánimo de salir del sometimiento de nuestras abuelas, abandonadas al deseo pasivo, a la falta de orgasmo. Pero sin caer en los cánones masculinos.

El tercer libro camina por los senderos torcidos del narcotráfico. Ya lo he dicho, parto de la realidad y de allí a la ficción. Así nacen las historias del Edén. Finalmente, La valija, tiene un último libro de viajes oníricos, llenos de nostalgia por un nuevo mundo en equilibro. Y aunque son sueños, ellos fueron gatillados por hechos e imágenes reales que se mostraron durante el tiempo más duro de la pandemia: calles desiertas, sin ruidos, sin agresiones, tomadas por los animales. A partir de ahí comencé con el afán de inventar ciudades a través de viajes oníricos. O quizá mejor decir que son los delirios de una viajera sedentaria.

¿Prefiere el cuento o la novela?

Es mi primera incursión en el cuento, y quizá por eso siento algo de inseguridad, tanto así que, antes de tomar la determinación de publicar, me he sometido a algunas lecturas de gente de oficio, entre ellos a uno al que le tengo respeto, Homero Carvalho, ha sido él quien más me ha alentado para hacerlo. Ahora me someteré al público grande y siempre es un reto. Finalmente, son ellos quienes dan el veredicto. Son los lectores los que dan vida a un libro, los que reviven a los personajes guardados en sus páginas. Quizá por eso tengo la sensación de la primera vez, un estremecimiento en el estómago.

En cuanto a mi preferencia, gozo con ambos. En realidad, lo que me gusta es escribir. Y, sin embargo, son géneros diferentes. El cuento es una idea redonda, una historia más corta y por lo mismo, creo que debe tener un mayor rigor. La novela es un universo entero lleno de detalles. Creo que Cortazar decía que la novela es como una película y el cuento como una fotografía. Me parece que es una definición perfecta, además de gráfica. El cuento se limita a uno o pocos hechos y pocos personajes; es un trozo de vida. En cambio, la novela es un gran viaje, donde se entrelazan varios y muchos personajes. Escribir una novela es como vivir una vida paralela.

¿Qué separa en su literatura, la ficción de la realidad?

Mis novelas, en general, están ancladas en la realidad. Un hecho fortuito, una noticia, un periodo histórico, pueden gatillar en mí una novela. Pero además me gusta que ellas tengan la capacidad, no solo de narrar un hecho, sino de retratar la sociedad y el ambiente político de la época. Partiendo de la realidad, se puede inventar una historia de amor para los personajes y así el hecho histórico pasa por ellos. Hay mucho espacio para contar historias estremecedoras de la realidad y que a, través de la ficción se puede llegar al alma de lector, claro, sin degradar al texto en un panfleto.

Admito que me gusta mirar atrás para poder mirar el presente y vislumbrar el futuro. Una historia propia, o la del abuelo, o la tía puede convertirse en un impulso invalorable para lograr verosimilitud, piedra angular, fecunda y condicionante de una narrativa de ficción.

¿Cuán determinante es el realismo mágico en su obra?

Es inevitable no estar influenciada por el realismo mágico, sobre todo porque es inherente a nuestras sociedades, me refiero a América Latina donde convive lo real y lo mágico en un mismo nivel. Sin embargo, no creo que llegue a ser determinante en mi breve obra literaria. Son muchos los escritores latinoamericanos que hemos leído y que han marcado ese rumbo, donde lo mágico se naturaliza ante los lectores. La convivencia exuberante, el sincretismo junto a las creencias ancestrales de América Latina genera esa corriente literaria. No hay separación entre lo subjetivo y lo objetivo. Es sin duda una cuestión de fe.

¿Periodismo o literatura?

Mi respuesta no es la respuesta a la pregunta y, valga la redundancia. Es la elección, hace quince años que me dedico a la literatura, aunque de vez en cuando me siento seducida a escribir una crónica o una columna de opinión. Confieso que hago fuerzas de flaqueza para frenar el ímpetu, sobre todo cuando veo a diario lo que pasa en el país, no solo en la política sino en el cotidiano vivir. Pero definitivamente, es el periodismo el que me ha permitido cruzar a la otra orilla con comodidad y placer.

¿Qué opinión tiene sobre el boom de la literatura boliviana, en particular la femenina, con Liliana Colanzi? ¿Cómo califica en general la situación del libro en el país?

Creo que la literatura boliviana vive un muy buen momento. No solo por autoras galardonadas que han visibilizado la literatura boliviana, sino que además han visibilizado a la mujer. Hasta no hace mucho, era un espacio, salvo excepciones, meramente masculino. Por suerte corren otros tiempos. Creo que tenemos nuevos y buenos escritores y escritoras, probablemente una de las dificultades sea el no tener las herramientas para salir de nuestro gueto. Esa es una tarea pendiente. ¿Quizá crear una agencia literaria?

“Carmela”, “Tardes de lluvia y chocolate”, “Yo, la reina de sus sueños”; “Mamá, cuéntame otra vez”... ¿Con cuál de sus creaciones se queda si tuviese que elegir?

No me provoca elegir, o quizá no estoy preparada para hacerlo. Mucha gente considera que Carmela es la mejor lograda. Yo quiero a mis cuatro hijas literarias por igual. Algunas me han dado más satisfacciones que otras, por ejemplo, Tardes de lluvia y chocolate ha sido traducida al portugués y al italiano; Carmela, al francés, solo con fines académicos y las otras dos, aunque les ha ido muy bien en el país porque ya llevan varias ediciones, no han podido salir de las fronteras bolivianas. También atribuyo a que en mi primera etapa tenía agente literaria y eso ayuda muchísimo. La mía, Anne-Marie Vallat, se jubiló y el nuevo encargado dio una vuelta de tuerca y decidió dedicarse a la literatura francesa. Pero aquí estoy, con la certeza de que lo que más amo es escribir.

“Creo que la literatura boliviana vive un muy buen momento. No solo por autoras galardonadas, sino porque además han visibilizado a la mujer”.
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