Memoria nómada

Breves apuntes sobre la primera edición de Yanakuna

Un relato cómo esta novela boliviana, la más traducida de la historia literaria nacional, fue llevada al polaco, ruso y checo y cómo sigue siendo aclamada por la crítica.

Letra Siete
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La Paz - domingo, 26 de junio de 2022 - 5:00

La historia de los libros, así como las historias de las ideas, están llenas de datos curiosos, muchos acontecimientos que podrían definirse como habituales influyeron, en parte, en el devenir de la cultura. Así, la circulación de una especie de crónica judicial francesa, publicada en La gaceta de los tribunales el año de 1827, fue la que inspiraría a Stendhal la escritura de Rojo y negro (1831); se trata, sin duda, de una de las novelas más importantes de la literatura francesa y una novela capital de aquello que se suele describir como parte fundamental de la literatura universal. Quién iría a imaginar que la historia de un preceptor y antiguo seminarista formaría parte de aquella maravillosa novela del siglo XIX francés. Que la noticia de un asesinato y una condena a muerte expresarían el problema de la condición humana de modo tan dramático, complejo y al mismo tiempo maravilloso.

En otro continente, un siglo después, quién iría a imaginar que la historia de una niña indígena y de apenas 10 años, que huyó de la casa de su patrona llevando como único recuerdo sendas heridas y cicatrices en su cabeza inspiraría la novela boliviana más publicada en el extranjero. Quién iría a imaginar, como lo apuntó Luis H. Antezana, que esa pequeña cuyo nombre ficticio fue Wayra se convertiría en el personaje femenino más fuerte de la literatura boliviana, quizá.

Quien imaginaría que ese retazo de acontecimiento se conjugaría con un evento histórico como la insurrección indígena de Ayopaya. Que la narración ficticia de su historia procuraría mostrar y combatir el gran problema de la sociedad boliviana de mediados del siglo XX, en un país que todavía se encontraba signado por las injusticias y el maltrato a los indígenas. De hecho, cuando Jesús Lara se refirió a Yanakuna (1952) admitió sin tapujos que su relato estaba inspirado en historias “reales” vividas o atestiguadas, que la niña de 10 años y evadida de una práctica de servidumbre era real; como era real Donata Pérez, el modelo al que Lara se remitió para describir las acciones de su protagonista en la última parte de la novela. Siguiendo su testimonio, se sabe parcialmente que Donata fue la mujer que precipitó la insurrección de Ayopaya y que, según Lara, estuvo entre los condenados a muerte. Así, la novela conjugó, por lo menos dos historias grandes: la de la niña condenada a la servidumbre y la de Donata, una de las líderes de la insurrección. Ambas víctimas del régimen de servidumbre dominante y ambas irremisas frente al destino que las marcaba a fuego.

Yanakuna (1952) de Jesús Lara se escribió a lo largo de tres años entre 1949 y 1951, en cuanto la concluyó fue presentada a Guttentag, el mítico editor de Los amigos del libro, quien no vaciló en preparar el contrato para su publicación. El éxito alcanzado fue inmediato, la novela se vendió rápido. Miguel Ángel Asturias, el autor de El señor presidente (1946), no vaciló en decirle a Lara que se trataba de una de las mejores novelas latinoamericanas. El mismo año de su publicación Lara viajó a Viena, al Congreso de los Pueblos por la Paz y allí tomó contacto con la editorial Czytelnik. En Viena acordó la traducción al polaco, se publicó un tiraje de siete mil ejemplares en 1956.

La edición y traducción rusa fue mucho más enrevesada y a ella le debemos, quizá, lo más cercano a la versión definitiva. Ocurre que la Unión Soviética no reconocía tratados internacionales como los de derechos de autor, así que libremente cogían los libros que les parecían importantes y los traducían. Eso hizo el secretario de la embajada de la Unión Soviética en Buenos Aires, que era traductor, compró el libro lo leyó, le gustó y comenzó a traducirlo. Lara explicaba que excepcionalmente aceptaron pagarle derechos de autor. Sin embargo, lo sobresaliente es que el traductor se percató de algo y, de modo muy sutil, consultó a Lara si había revisado el capítulo final. El autor reconoció que lo escribió rápido y mientras su esposa se encontraba con una enfermedad terminal y que, por ese motivo, el desenlace no fue correctamente trabajado. De ese modo y a pedido del traductor ruso se tomó la molestia de corregir el último capítulo. Dada la situación de la política internacional y el bloqueo a lo que se conocía como la Cortina de hierro no le fue fácil hacer llegar la corrección al traductor que se encontraba en la embajada Soviética en la Argentina.

Lara cuenta que la corrección fue enviada en tres ejemplares a tres diferentes direcciones y está seguro que alguna llegó a buen puerto, pues no se volvieron a comunicar con él. Esa enmienda principal que Lara hizo al capítulo final y fue hecha a sugerencia del traductor ruso, es la que marcó a la edición definitiva, las sucesivas ediciones en castellano y demás traducciones tienen como punto de partida esa corrección. Aunque Lara hizo correcciones ulteriores, que fueron de forma, fue esta edición definitiva la que se publicó primero en ruso el año de 1958 con un tiraje sorprendente: 150 mil ejemplares.

Dada la militancia política del autor de Yanakuna, no es extraño que haya sido el propio Pablo Neruda el responsable de la traducción de la novela al checo. Dicen que lo hizo como un gesto de reivindicación con Lara, lo cierto es que recomendó a Ian Drla su traducción, este editor se encargó de la traducción y publicación de la novela en Praga en 1956. Por otro lado, fue Néstor Taboada T. quien hizo las correspondientes gestiones para que la novela se traduzca al alemán junto a la traducción de El precio del estaño en Berlín el año de 1967. Sin duda, Yanakuna es la novela boliviana más traducida de la historia literaria nacional.

Este año cumple 70 años de su primera edición y lo que se conoce respecto al derrotero de la novela es que en nuestro territorio tuvo una recepción conflictiva. Se la vendió rápidamente, pero tenía detractores que la descartaban, quizá a consecuencia de la militancia de su autor, quizá por la porción de denuncia que sostenía o definitivamente por el abundante uso del quechua. Lo cierto es que fue repelida por la élite letrada. Las múltiples ediciones que tuvo fuera de Bolivia evidencian su importancia. Actualmente, la crítica literaria a propósito de esta novela en Bolivia sigue siendo escasa, pero fuera del país le dedicaron varias tesis de postgrado y el autor forma parte imprescindible de toda referencia que se haga al indigenismo, a la literatura latinoamericana y boliviana.

“Dada la militancia política del autor de Yanakuna, no es extraño que haya sido el propio Pablo Neruda el responsable de la traducción de la novela al checo”.

Cleverth C. Cárdenas Plaza / Docente universitario

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