Contante y sonante

Contrato temporal

Acordaron contratar a un ser de luz. Los seres de luz no temen a la noche.
La noche se come a los seres de luz. La noche se come a la propia noche...

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 25 de septiembre de 2022 - 5:00

Esa semana en la que empezó a pasar todo lo malo que podría ocurrir en un pequeño pueblo en medio de una montaña, en las noches, hubo una reunión entre los pobladores. Alumbrados con farolitos y velas, se reunieron en la plaza del pueblo. La única plaza. Alrededor de ella, estaban los oficios más importantes, distribuidos en locales pequeños. El carnicero, la modista, la heladería, la notaría de fe pública en la que nadie tenía fe, la tiendita de revistas. Claro, como el pueblo no contaba con energía, todavía alguien leía, a lo mejor la señora notaria y el profesor de la escuela que era oriundo de un pueblo más grande pero que tampoco llegaba a ciudad.

El asunto es que en la reunión trataron el tema más importante. Se habían estado sucediendo cosas extrañas y tristes en las noches en el poblado. Una persona asesinada, otra persona violada, a otra le robaron el sombrero y a una más le cortaron una manga de la chaqueta. No podía seguir pasando, había que conseguir alguien que los proteja.

Se le ocurrió a un ingenuo sugerir pedir uno o dos policías para el pueblo. La negativa fue rotunda. Sabido era que la policía tenía tan mala reputación que cualquier hecho criminal, lo asociaban con el color verde aceituna verde. Así que fue mala idea. Se hizo decir de todo quien tuvo tan brillante iniciativa. ¿Quieres que nos roben de día? Le preguntaron. Ja, ya te quisiera ver rogando al policía para que te devuelva tu gallina mientras se la come cruda o cuando se estén haciendo su cuartito, en tu terreno.

De tal modo que desecharon la absurda idea y después de una hora de ideas de toda índole, hubo consenso. Acordaron, por varios motivos, contratar a un ser de luz. Se resolvían varias cosas. El primero, el de la luz. No tendrían que gastar en combustible para una antorcha por noche. El ser de luz traía su propia luz, era una suerte de foco andante. Tenían la idea clarísima. Un ser que dé vueltas toda la noche y duerma durante el día. Que sea un ser iluminado, que sea motivo de respeto en la comarca y más allá de la comarca. Que sea una gran figura que influencia a miles de personas solo con mostrar su rostro parecido al rostro de otra persona del mundo del arte, que nadie conoce. Que sepa abrir las puertas para ir a jugar solitario. Que no moleste a nadie, que en lo posible ni hable y se comunique dibujando en las paredes del pueblo, cositas que dibujan los seres de luz en los días aciagos, como mensajes de extrema positividad: si estás triste, no estés triste, si te abandonaron, ya vendrá alguien que te abandone mejor, si no te aman, ámate hasta que te encuentres un amanecer, a tu lado, y te saludes y te mueras del susto.

Si no tienes trabajo ni edad ya para conseguirlo, ya vendrá alguien que te diga tienes un puesto gracias a que estuviste lisonjeando a los fascistoides en tal o cual ministerio. Si te preocupa tu dolor de huesos, no te preocupes, alguien te los va a romper por una deuda y no te volverán a doler. Era absolutamente imprescindible contratar a un ser de luz. Ahora había que encontrar a ese ser.

Se pusieron de acuerdo para enviar a un emisario al pueblo más grande y próximo en el que había una radio con su locutora y con su operador. El elegido debía llevar un texto en el que se informaba sobre la necesidad de contratar a un ser de luz para trabajo temporal nocturno en Aucapata Alto. El texto tenía mayores detalles como la edad ideal del ser de luz, el color del cabello, la necesaria y esperada actitud de heroicidad y poco temor a la noche. La noticia viajó rápido, se extendió a las redes sociales en los dispositivos inteligentes, se hizo un virus del orden mundial.

Comenzaron a llegar, a través de las redes, hasta la radio del pueblo vecino lejano, ofertas de todas las latitudes del globo. Seres de luz de Australia y de Tailandia se ofrecieron. Personas brillando como foco fluorescente en una oficina de investigador privado en Nueva York, se ofrecieron. Pero había que pagar pasajes y los pobladores de Aucapata Alto no tenían recursos. Podían pagar con una ovejita, como se solía hacer para hacer pasar de curso al menos avispado del pueblo. Así que tuvieron que optar por un ser de luz local, uno de 60 watios nomás. Pero de luz y con poco miedo a la noche. Los seres de luz no temen a la noche. La noche se come a los seres de luz. La noche se come a la propia noche.

“Llegaron, a través de las redes y la radio del pueblo vecino, ofertas de todas las latitudes del globo. Seres de luz de Australia y de Tailandia se ofrecieron”.

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