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De la derrota teórica hacia la Teoría crítica de la sociedad

La autora escribe este homenaje a propósito de los 80 años de H. C. F. Mansilla.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 20 de noviembre de 2022 - 5:00

Mis reflexiones tratan de una aproximación analítica al pensador H.C.F. Mansilla por el sendero del pensamiento crítico. Lo conocí cuando fui su estudiante en la carrera de Filosofía en la Universidad Mayor de San Andrés. Recuerdo que en los descansos pedagógicos junto a mis compañeros lo tildábamos de ultraderechista y hasta racista. Lo considerábamos conservador como habitualmente es calificado por nuestra sociedad. En clases fui una asidua opositora y resistente a sus ideas, porque yo venía de un grupo denominado Pensamiento Crítico, donde se nos formó bajo el marco teórico de Enrique Dussel y Franz J. Hinkelammert. Asimismo, desde casa fui educada bajo los ideales cubano-guevarista y desde mi inicio universitario tuve contacto con diversas corrientes izquierdistas antiimperialistas.

Enfrentarme a él en sus clases me demostró que yo partía de un horizonte de prejuicios mal argumentados con un desconocimiento de la historia, falta de precisión y profundidad en mis reflexiones. Por medio de su actividad docente comprendí paulatinamente que yo pertenecía probablemente a la población boliviana que no ve ni va más allá del sentido común de nuestra sociedad. En esta derrota, al derrumbarse mi sistema de creencias, fue donde inicié mi indagación sobre este personaje y su manera de pensar. Al investigar sobre el mencionado filósofo en internet, me quedé sorprendida por su hoja de vida, formación y publicaciones.

Fue entonces cuando percibí que me encontraba ante una eminencia y tenía mucho que aprender de él. Poco a poco adquirí los libros de su autoría que encontré a la venta y fui armando fichas bibliográficas. Esta labor me sirvió para más tarde, cuando decidí iniciar proyectos junto a él, ya que terminé publicándole mediante una editorial de la cual formo parte (rincón ediciones), no solo varios títulos, sino también sus Obras selectas. Considero que para comprender la Teoría crítica de la sociedad de H. C. F. Mansilla, hay que estudiar dos áreas: en primer lugar, su Teoría crítica de la modernización y, en segundo lugar, su Teoría crítica del poder.

Al revisar su producción teórica, lo primero que me pregunté es lo siguiente: ¿Por qué le interesó a H.C.F. Mansilla la Escuela de Frankfurt al llegar a Alemania? De acuerdo a su biógrafa María Luisa Amuchástegui y por varias conversaciones que sostuve con nuestro escritor, él llegó a Europa en mayo de 1962 y no sabía nada de la Escuela de Frankfurt. Recién a partir de octubre de ese año, cuando ingresó a la Universidad Libre de Berlín, escuchó las primeras manifestaciones de la Escuela de Frankfurt porque se anunciaba la publicación de una importante obra de Herbert Marcuse. Además, sus compañeros de estudio le señalaron que un filósofo singular y divertido llamado Theodor W. Adorno aparecía a menudo en los medios.

El primer libro que leyó y le impresionó fue Razón y revolución. Hegel y el comienzo de la teoría social, de Herbert Marcuse. Una obra posterior de H. C. F. Mansilla, titulada Los tortuosos caminos de la modernidad (La Paz 1992), está dedicada a la memoria de Marcuse. Escrita en un idioma elegante, fácil de entender, con un buen nivel filosófico y basada en Hegel, la obra de Marcuse asevera que la razón histórica conduce a una revolución emancipadora. Los estudiantes alemanes estaban encantados con ese libro. Es una mezcla de filosofía y ciencia política, lo que ha interesado a Mansilla desde aquel tiempo. Le gustaron la estructuración de la obra y la escasa aparición de Karl Marx: un pensador entre otros. Paradójicamente fue la primera vez que leía algo serio acerca de Marx.

Mediante Marcuse, nuestro autor obtuvo el primer acceso a la Escuela de Frankfurt (entonces establecida como el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt) y a su metodología crítico-discursiva, partidaria del pensamiento autónomo y contraria a las definiciones escolásticas y a las prácticas memorísticas.

Elaborando su primer enfoque de la Teoría crítica de la modernización, el autor hizo su licenciatura en ciencias políticas en 1968 con una tesis sobre continuidades y discontinuidades del fascismo alemán. Quedó impresionado por aquella mentalidad que en 1933 contribuyó decisivamente al establecimiento de un régimen totalitario en Alemania.

Entre 1968 y 1973 analizó la ética cotidiana de carácter oficial y la mentalidad colectiva en países socialistas como instrumentos para consolidar un régimen igualmente totalitario. El último aliciente para estudiar esta temática le fue dado por la atmósfera “revolucionaria” del mundo universitario alemán a partir de 1967. Mansilla observó que los jóvenes revolucionarios y los intelectuales progresistas no conocían ni la situación real del sistema socialista ni tampoco habían leído la enorme producción impresa de esos países.

Quedó sorprendido porque el sistema bibliotecario alemán de entonces permitía saber cómo era el uso del material bibliográfico en las bibliotecas públicas: los libros y las revistas de la Unión Soviética y de la República Democrática Alemana habían permanecido sin un solo usuario. Nuestro autor decidió entonces emprender, como era lo prescrito, un trabajo original para el doctorado con materiales y temas que no habían sido nunca utilizados en el sistema universitario alemán. Entonces notó el enorme peso de la indoctrinación: lo que a uno le enseñaban de arriba era igual a una verdad incuestionable.

La gran cantidad de publicaciones sobre una “ética socialista” indicaba la relevancia que los gobiernos socialistas otorgaban a un modelaje de la moral colectiva de acuerdo a los planes de desarrollo acelerado y autoritario. La función de la ética oficial socialista era generar un instrumento de modernización acelerada: si los trabajadores producían más y mejor por el mismo salario, y si ellos, por otra parte, estaban convencidos de la corrección histórica del sistema al que prestaban obediencia, entonces se reducían notablemente los esfuerzos escolares, policiales y culturales por mantener contenta a la población.

Una ética de la indoctrinación adecuada tenía, por lo tanto, la función de acelerar pacíficamente la construcción del socialismo. En la teoría esto significaba que la ética oficial de los países socialistas adoptaba el carácter convencional de un catecismo obligatorio y no discutido por la población que estimulaba las virtudes morales clásicas de la obediencia, el alto rendimiento laboral y la identificación con el régimen como si fuesen virtudes genuinamente socialistas, derivadas directamente de los escritos de Marx, Engels y Lenin. El filósofo Mansilla establece entonces su tesis del carácter instrumental acrítico y doctrinario de esa abundancia de publicaciones que pretendían ser un aporte original a la nueva ética de los trabajadores en el ámbito del socialismo.

Su obra titulada Elementos de una teoría crítica del poder fue publicada en Hamburgo y Münster en 1994 por la editorial LIT-Verlag. Está dedicada a la memoria de T. W. Adorno. En lugar de exponer una intención unitaria, H.C.F. Mansilla se apoya en tres principios, que no son necesariamente excluyentes entre sí: 1) La importancia del fragmento en lugar del sistema (Adorno); 2) La filosofía como intento de oponerse a la manipulación, a la incomprensión y a las trampas de toda teoría (Max Weber), y 3) la filosofía como crítica de un régimen considerado como ineficaz para mejorar el mundo (René Antonio Mayorga).

Es una compilación de quince ensayos que tiene que ver con la necesidad de armonía y la perpetuación de la dominación jerárquica, que conforman el núcleo del fenómeno del poder político. Apoyado en Adorno y Mayorga retoma una posición de la Escuela de Frankfurt: La filosofía ya no puede dar luces sobre el conjunto de la sociedad si no tiene el apoyo de las ciencias sociales e históricas bajo el “enfoque integrativo” que propuso Max Horkheimer.

En esta obra, Mansilla se distancia de Adorno para proponer algo original como intento de unificar estos enfoques: el teorema del sentido común crítico. Podemos señalar que empieza a producir ideas propias y amplía el horizonte de sus primeras influencias. Es decir que no solo se queda en la concepción y los aportes de la Escuela de Frankfurt. Poniendo en duda lo que mentalmente ya consolidó, empieza a comparar, profundizar y contraponer estudios sobre Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche y Arthur Schopenhauer. Es un recorrido largo el de Mansilla con una simbiosis de lecturas y experiencias personales. Experimentó el ser lo otro en el ambiente académico alemán: una forma de discriminación bajo la apariencia de la igualdad en una sociedad ultramoderna. Por ello pienso que esta posición se expresará conceptualmente, décadas más tarde, en su obra aún incomprendida titulada Espíritu crítico y nostalgia aristocrática.

Es necesario enfatizar la importancia del racionalismo para H.C.F. Mansilla, pero ojo, posicionándose en defensa de la razón global y no así de la razón instrumental. Para él otra vertiente importante fue la obra de Karl R. Popper. Al llegar a Alemania, Mansilla fue vivamente impresionado por el debate sostenido entre Theodor Adorno y Popper, quienes contrapusieron el pensamiento crítico-dialéctico a las tendencias positivistas y empiricistas. Así Mansilla fue absorbiendo las ideas de la sociedad abierta.

Sin embargo, de acuerdo al estudio biográfico que realicé, considero que los pilares fundamentales del pensamiento del filósofo Mansilla emergen del seno familiar, antes que de las lecturas y de la rigurosa formación académica. Es decir que, si en casa nos forman autoritariamente, muy difícilmente cambiaremos nuestra estructura mental, pero el cambio no es imposible si nos responsabilizamos cuestionándonos a nosotros mismos y ejerciendo o haciendo uso de la razón. Por ejemplo: la influencia de la casa paterna en Mansilla es medular porque lo inclinó al pluralismo ideológico. Su padre, que fue rector de la UMSA, manifestó la mayor tolerancia y paciencia frente a posiciones extravagantes, que han sido fenómenos permanentes en el ambiente estudiantil.

Asimismo, fue influido por la religiosidad de su madre en la construcción que acuñó del concepto religión, ya que la madre no profesaba un credo supersticioso y santurrón. Por el contrario, era un acto de confianza y agradecimiento ante la racionalidad y el sentido del universo y un trato razonable y bondadoso hacia el prójimo y todas las criaturas de la naturaleza.

Es evidente que el autor creció en una La Paz casi rural con la solidaridad de la estructura familiar tradicional. Leyó a los clásicos griegos, los estoicos, los moralistas franceses, los ensayistas latinoamericanos, porque no solo estudió a la generación de pensadores influidos por Max Weber y Talcott Parsons, sino también a los autores de la Teoría de la dependencia. Todo este contexto configuró en Mansilla la tolerancia, la duda, la convivencia razonable entre las personas, el pluralismo político, su adhesión al Estado de derecho, el derecho de terceros, el respeto a los derechos humanos y que ningún ser humano debe ser sacrificado por ningún proyecto utópico. El individuo debe estar siempre por encima del Estado, gozando del respeto a ser diferente.

Asimismo, su disciplina cotidiana y esforzada de su transcurrir teórico, le permitirá construir sus primeras hipótesis del porqué las sociedades se desarrollan en forma desigual. Se presentó al público las Obras selectas de H.C.F. Mansilla en 2018 como un homenaje en vida al autor y como un reconocimiento a su largo trabajo intelectual de más de cincuenta años. En efecto: en septiembre de 1967 él publicó en La Paz un breve texto sobre las escuelas neomarxistas alemanas, que constituye su primer escrito. Asimismo, hoy a sus 80 años de vida, es importante hacer conocer la obra de este ensayista a las nuevas generaciones de intelectuales, docentes, estudiantes, investigadores y público en general. Es necesario contribuir a mostrar cómo se proyecta para el futuro la obra del destacado filósofo y politólogo Mansilla, cuyos escritos han sido y continúan siendo testimonios de una corriente fundamentalmente crítica, que no puede ser clasificada fácilmente ante las corrientes emergentes en América Latina.

Considero que el pensamiento y los escritos de nuestro autor van a perseverar en el tiempo y a trascender las tendencias intelectuales del momento en el que le tocó vivir. Las Obras selectas servirán de consulta a generaciones posteriores de estudiosos que mediante estas podrán tener una visión completa de un pensamiento que no estaba circunscrito a nuestras latitudes. Por ejemplo: en la página 469, del tomo I de las Obras Selectas de H. C. F. Mansilla, encontramos la siguiente expresión del Génesis bíblico: Eritis sicut Deus scientes bonum et malum (Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal), que según nuestro autor estas palabras son el testimonio de hace más de 3.000 años de la arrogancia tecnológica del ser humano y también la necesidad de reconocer los límites del desarrollo histórico. Precisamente en este temprano ensayo de 1970 empezó a elaborar sus ideas sobre ecología y la poca aceptación de la protección al medio ambiente en América Latina.

No puedo dejar de mencionar una de sus novelas, titulada: Consejeros de reyes (1993), obra que la considero interpeladora por la simbiosis entre filosofía, historia y política. Sus reflexiones versan sobre la obediencia como problema de teoría política, la condición humana, la ironía versus la perfidia y maldad, la felicidad, la existencia y la muerte. Obra atravesada por la famosa Consolación de la filosofía, del filósofo y político romano Boecio, el héroe intelectual y figura de identificación de H.C.F. Mansilla.

“El pensamiento y los escritos de nuestro autor van a perseverar en el tiempo y a trascender las tendencias intelectuales del momento en el que le tocó vivir”.

Mensaje de Raúl Garáfulic, presidente de Página Siete

 

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