Festividad

El lado B del Gran Poder,
ese del que hay que hablar

Gran Poder, pero no gran organización. Este evento generó mucha expectativa en el último tiempo y por ello fue un desdén ver que no cumplió todo lo que prometió.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

Volver después de dos años y estrenar el título de Patrimonio de la Humanidad, declarado por la Unesco, era ingrediente suficiente para esperar que el evento sea majestuoso, brillante, entre todo lo trillado que hemos escuchado en espots y publicidad edil. Y no es que alguien desee que la actividad muestre su peor cara, sino que esa es una faceta que no podemos negar o esconder debajo de la alfombra. La mayoría de las críticas aparecieron solo en comentarios de redes sociales, pero no en informes oficiales.

Que las autoridades ediles y organizadores del evento reconozcan los errores cometidos será una ganancia para la versión 2023, pues hay mucho que trabajar. Un poco de eso se vio cuando el alcalde Iván Arias, también folklorista, propuso tener una entrada y una pre entrada a causa de la masiva participación de bailarines.

La Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder está integrada por más de 70.000 personas. Este año fueron 76 fraternidades. Es claro que no se puede controlar el comportamiento de tantos, ni pretender que todos bailen con fe y devoción. Para excusas muchas, pero no se las podemos conceder a quienes, se supone, saben cómo llevar a cabo una actividad cultural de estas características. ¿Cuándo fue la última vez que dijimos: qué buena organización?

La última fraternidad, integrada por bailarines de tinku, pasó por el palco principal a las 5 de la mañana con 50 minutos. Lo hicieron con 6 grados bajo cero, en una avenida Camacho sin público y con personas en estado de ebriedad. Las horas de ensayo, los preparativos y las expectativas de esa fraternidad y todas las que entraron desde la media noche quedaron muy por debajo de lo que hubiesen elegido.

La entrada sí se vio majestuosa, brillante y espectacular, pero eso sólo se vio así por momentos. Lo que salió en muchas portadas de periódicos y videos bien producidos de canales de televisión no es lo que ocurrió en verdad, o al menos no durante las casi 24 horas que duró la entrada.

A nadie le suma que el Gran Poder, la Fiesta Mayor de los Andes, esté deslucida y nunca el objetivo será el de mostrar sólo sus aspectos negativos, pero ningún problema se ha resuelto sin describirlo antes. Revisemos algunas escenas que todos quienes fuimos hemos visto, y no con el mayor de los placeres.

Tras el paso de un bloque de danzarines, cerca al medio día, muchas personas aprovechan para pasar de un lado al otro. Ninguna baranda, cadena de guardias, policías o una cuerda que separe a los bailarines de su público. Aunque claro, esas barandas no se necesitan cuando el público prioriza el espectáculo y no tomarse fotografías en medio de los bailes.

Cervezas de todas las marcas y venta de comida de todos los sabores y olores, con sus respectivos vendedores coreando a viva voz para lograr compras. Eso es lo habitual, ese es el sonido de Gran Poder cuando las bandas terminan sus melodías. Si la calle es estrecha, todo irá mucho peor. No habrá espacio para bailarines, transeúntes, curiosos y vendedores.

A medida que se oculta el sol, el panorama es peor, los más sedientos ya empiezan a desvariar. A viva voz escuchamos cómo las charlas alegres terminan en peleas callejeras. Urinarios por todas partes, filas inmensas para pasar por alguno de los cinco puntos que la organización habilitó en el recorrido.

Todos los transeúntes apretujados, cabellos jalados, una que otra gritando para que no le quiten su lugar y uno que otro tratando de guardar la calma mientras que pocos policías intentan imponer control. Los más, estarán atentos a tener un lugar aún sin haber hecho la fila ¿es esta la gran fiesta a la que vinimos?

Incluso los famosos bailarines que lucían sus músculos nos darán la razón si se trata de seguridad. Su amabilidad fue clara cuando las mujeres se acercaron a verlos. Fue inusual ver que la danza de los incas tuviera tanta piel al descubierto. Y fuera de su performance, ellos mismos fueron asediados por cámaras de celulares y vasos de cerveza mientras hacían sus pasos de baile. El control ausente dejó que todo pasara.

Las más precavidas llevaron guardias de seguridad para evitar el robo de sus joyas. Habíase visto en otro lado bailar con las guaruras a lado y sin la seguridad de lucir las alhajas, porque el amigo de lo ajeno esta por todas partes.

La policía prometió más de 3 mil efectivos policiales para controles durante esa jornada y que algunos estarían vestidos de civiles. Probablemente todos fueron de civiles porque se vio a muy pocos en los puntos de paso.

Los patrullajes en la noche fueron extrañados y así la ciudad quedó a merced de las consecuencias de la noche, de la ingesta desmedida de alcohol y de la basura. A propósito, la entrada generó 59 toneladas de desechos.

Pensar en basureros en la entrada es imposible. La forma en que desarrollamos nuestros eventos al aire libre es tiránica, quien guarda su basura en el bolsillo es visto como extraño. Con este telón de fondo la entrada de Gran Poder hizo su paso por la ciudad.

Esta es la fiesta más importante de las 200 que tiene La Paz, somos el departamento con más baile en zonas, barrios y comunidades. Alrededor de la fiesta bailan los billetes. La Alcaldía de La Paz calculó más de 51 millones de dólares en movimiento económico solo durante ese sábado de fiesta.

Parte del dinero invertido se vio en las pinturas de los pisos, de los pasacalles de promoción y en pantallas led acomodadas a lo largo de la avenida Camacho. No hay un registro del dinero pagado en seguridad, limpieza o controles de salud.

La devoción, la fe y el compromiso nos llevaron a la Unesco, pero esta desorganización podría quitarnos el sitial. Qué viva el Gran Poder y que viva sin la necesidad de llevar la cámara de filmación a otro lado cuando pase delante una escena desagradable como las que vimos. Como todo en la vida no se trata de llegar, sino de mantenerse.

“Los patrullajes en la noche fueron extrañados y así la ciudad quedó a merced de las consecuencias de la noche, de la ingesta desmedida de alcohol y de la basura”.
“Los patrullajes en la noche fueron extrañados y así la ciudad quedó a merced de las consecuencias de la noche, de la ingesta desmedida de alcohol y de la basura”.

Esther Mamani / Periodista

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