Tiempos líquidos

Encomio a la emoción y al arte

Un repaso a tres estrenos cinematográficos nacionales de septiembre: “Pseudo”, de Rodrigo Patiño y Luis Fernández ; “Valcárcel”, de Roberto Dotti, y “Utama”, de Alejandro Loayza.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 09 de octubre de 2022 - 5:00

En su nueva serie Atlas del corazón (HBO Max), Brené Brown habla del tema de las relaciones y cómo cultivar conexiones significativas, no solamente con los demás, sino con nosotros mismos. Brown aborda temas como la valentía, la vulnerabilidad y la vergüenza en un tono auténtico y honesto; hay que escucharla, pues se enfoca en aspectos que no se suele enseñar, ni en la escuela ni en el hogar.

Mi padre, que fue muy conservador, pero de alma noble, tuvo la hidalguía de decirme en cierto tiempo que estaba consciente de sus errores y que hizo lo que buenamente pudo, pues para su generación la crianza implicaba tan solo cubrir las necesidades básicas de la prole, como alimento, techo y educación. “Jamás escuchamos términos como la estabilidad emocional y ese tipo de cosas”.

Y es que, a pesar de los avances en la neurociencia, la psicología y demás, generalmente nos cuesta tratar de forma franca y directa la cuestión de los sentimientos y de las emociones.

Expresamos enojo, alegría, tristeza, asombro, pero en realidad poco hablamos de eso, salvo que sea en algún tipo de terapia, lo que no está al alcance de todos.

“El mayor error al pensar en quiénes somos es creer que somos seres pensantes, personas cognitivas, que en ocasiones tropezamos con la emoción, la apartamos de nuestro camino y volvemos a nuestro ser pensante. Somos, por encima de todo, seres emocionales que, en ocasiones, piensan”, afirma Brené Brown.

Quizás por eso ha surgido el arte y el mundo tiene artistas, esos seres algo distintos al resto que se empecinan y crean porque les nace de las tripas, se escuchan a sí mismos y a sus emociones; su obra es el espacio en que las personas nos reconocemos y nos reencontramos. La producción artística logra aglutinar a los grupos más heterogéneos y actúa como un bálsamo, un pegamento social.

Esto viene a cuento de que en septiembre sucedió algo inusual para nuestro contexto. Tuvimos la suerte de ver, en un solo mes, tres películas bolivianas que además, son de primera.

Pseudo. Rodrigo Patiño, Luis Fernández Reneo, 2020

$!Utama, un poema visual

De las mejores propuestas del año, una historia de acción y suspenso donde lo falso, lo que parece y no es, marca un trasfondo invisible que juega con los personajes. La trama se desarrolla mayormente en el casco viejo de La Paz, en locaciones cargadas de historia y de ajayus. Nos conduce por barrios marginales que muchos solo ven en pintorescas postales sobre la extravagante topografía paceña. En esas calles hay pasiones, conflictos, crímenes y persecuciones que mantienen en vilo al espectador, de cabo a rabo. Como para pensar en las miles de historias reales que suceden a la vuelta de la esquina o en esas personas que asumimos como prosaicas, delincuentes u honorables, sin saber en realidad, nada.

Valcárcel, el documental. Roberto Dotti, 2022

“El arte es una expresión humana en la cual juegan la racionalidad y la locura, juega el inconsciente y el consciente; el individuo totalmente único y su inserción en la sociedad. El arte, por esencia, es una relación dialéctica entre cosas y de esa tensión surgen las obras de arte” (Roberto Valcárcel).

La película es un documento para aproximarse a Valcárcel, percatarse de que fue un gigante y condolerse por un final que pudo y debió evitarse. Habla de crear una fundación que cuide y difunda su legado y hacerlo accesible para las nuevas generaciones. Algo necesario y urgente para una sociedad cuyo sistema educativo no cultiva ni el pensamiento crítico, ni la creatividad. Es un documental que debería proyectarse para estudiantes de todo el país.

Utama. Alejandro Loayza Grisi, 2022

$!Encomio a la emoción y al arte

La historia de Sisa y Virginio es una de miles que suceden desde hace siglos en las zonas rurales de Bolivia, de este a oeste y de norte a sur. No solo se trata del cambio climático, sino de la absoluta ausencia estatal. Quien haya viajado por el país, lo sabe; hasta podría ser un documental, pero no. Utama es una filigrana delicadamente elaborada y eso es parte de su magia. Es una gema que nos habla bella y serenamente de las relaciones familiares, del amor, de las raíces y del propio sentido de la vida.

¿Por qué hallo esto excepcional? ¿Qué tan importante es que se hagan películas bolivianas? ¿Por qué ir al cine, al teatro, a una exposición? ¿Por qué escuchar a nuestros músicos? ¿Por qué leer a nuestros autores, a nuestras escritoras? Es que el arte es estratégico para las sociedades y no solo desde una perspectiva social, además puede ser un buen negocio y mejorar vidas.

“Las emociones son acciones y expresan a los demás cómo manejamos nuestras interacciones con el mundo circundante”, dice Damasio. La gente creativa y creadora de arte, actrices y actores, cantantes, dibujantes, escritores, pintores, titiriteros y más son narradores de emociones y tienen esa inefable cualidad de transformarlas en obras.

El arte nutre el alma y conecta con nuestras emociones. Tiene la virtud de activar la sensibilidad, catalizar sentimientos, provocar sensaciones, permite percibirnos de diferentes modos. Es una forma de comunicación universal que ayuda a entender cosas y reflexionarlas, pero sobre todo, genera conexiones que pueden ser muy sanadoras.

Tener tres buenas películas hechas en casa, en un solo mes, es algo que se agradece y que provoca formular algunos deseos:

Que haya más cine que nos emocione, con nuestros rostros, nuestras palabras y nuestros idiomas.

Que se escriban más historias que nos abran los ojos a esas realidades que están a la vuelta de la esquina y que, voluntaria o involuntariamente, ignoramos.

Que se filmen más películas para que nuestros niños y niñas se vean en las pantallas y sepan que ellos y ellas también pueden estar ahí.

Que el Programa de Intervenciones Urbanas pase a ser una política de Estado seria, sostenible y no como una concesión, sino porque la producción artística también genera empleos y aporta al desarrollo humano y económico, evitando los daños que ocasionan la fuga de talentos y las diásporas.

Así sea.

“¿Por qué leer y ver a nuestros autores? El arte es estratégico para las sociedades y no solo desde una perspectiva social, además puede ser un buen negocio y mejorar vidas”.

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