Publicación

Excélsior, un periódico
de altura

Este “órgano mensual de los alumnos del colegio de La Salle” vio la luz el día 14 de julio de 1929, con un carácter eminentemente periodístico. Esta es su historia.

Letra Siete
Ignacio Vera de Rada
Por 
La Paz - domingo, 22 de mayo de 2022 - 5:00

La palabra excélsior (así, con tilde) no es propiamente un latinismo puro, pero sí una palabra derivada directamente del latín y extraordinariamente próxima a esta lengua muerta. Es una palabra extraña. Procede del vocablo latino excelsus, que significa alto, y no debe confundírsela con excelsius, que es diferente, que podría ser excelso. No está inscrita en la RAE, aunque curiosamente sí está en otros registros lingüísticos, como el Larousse y algunos diccionarios enciclopédicos castellanos. Recuerdo muy bien que en el colegio La Salle siempre nos enseñaban que aquella palabra era sinónima de la palabra excelencia, pero eso no es así en el estricto sentido. Es un término muy peculiar porque no tiene un significado muy exacto ni preciso, pero puede significar “más alto”, “siempre más alto” o incluso “excelso” o “superior”. Si la analizamos en el contexto de la frase de Longfellow: Scopus meus excelsior est, la cuestión se hace más fácil: Mi objetivo es más alto.

Gracias al hermano José Antonio Diez de Medina, actual director de La Salle, tengo el honor de llevar en mis manos un proyecto de gran envergadura consistente en la reconstrucción de la historia del colegio La Salle en la ciudad de La Paz. Para ello, a partir de febrero de 2022 me metí en el archivo histórico de la institución. En ese repositorio de documentos paso deliciosas y solitarias horas de descubrimientos y hallazgos históricos. Viejos tomos empastados de los años 20, 30, 40 y 50 albergan desde recortes de prensa y cartas, hasta fotografías y dibujos, y guardan la historia completa de la institución de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Me impresiona cómo los primeros hermanos lasallistas previeron la utilidad de salvaguardar la memoria histórica del colegio en La Paz, y se preocuparon, por ende, de ir almacenando de manera metódica los papeles y documentos que hoy son los que me están sirviendo para reconstruir el pasado de la institución.

A lo largo de todo este tiempo he ido descubriendo muchas cosas, no solo referidas a la historia del colegio La Salle como tal, sino relativas a la misma historia de Bolivia, material nunca antes consultado ni revisado por historiador alguno y que creo será de gran relevancia histórica una vez que se pueda publicar el libro, que con la ayuda del hermano José Antonio estoy escribiendo poco a poco.

En una de mis últimas visitas al archivo encontré una pila de libros empastados, desde 1929 hasta 1998. Al abrirlos aleatoriamente noté que correspondían al viejo periódico mensual lasallista Excélsior (ahora anuario del colegio). Todo lasallista sabe qué es Excélsior: la revista anual de La Salle que se publica gestión tras gestión (además de lema de la institución), pero probablemente muy pocos saben que antes, en sus orígenes, no fue un anuario. Excélsior fue una publicación mensual que vio la luz el día 14 de julio de 1929, en La Paz, con un carácter eminentemente periodístico. Su eslogan rezaba: “Órgano mensual de los alumnos del colegio de La Salle”. El director era Gastón Rojas V, los jefes de redacción eran Mariano Antezana y Fernando Iturralde Chinel y el administrador era César Pacheco, todos jovencísimos. Se imprimía en la tradicional imprenta paceña Escuela Tipográfica Salesiana, que hacía las veces de casa editorial para los más relevantes escritores nacionales de aquel tiempo, y tenía un costo al público de 10 centavos.

¿Por qué se eligió la palabra excélsior para llamar al periódico escolar de La Salle? En el primer editorial, los jóvenes escritores evocan el poema Excélsior, del libro Baladas y otros poemas del poeta estadounidense Longfellow, en el cual se narra la ascensión de un joven a las altas cumbres del monte San Bernardo con un estandarte que llevaba la inscripción Excélsior. Muchos lugareños, desde un viejo hasta una joven, advirtieron al jovencito sobre el peligro que significaba la ascensión a las frías cimas de la montaña, pero él jamás desistió y osó seguir subiendo, siempre más arriba, con tal de plantar su estandarte en el pico.

Los primeros números de esta peculiar e interesante publicación fueron de reducida extensión: no más de ocho páginas. Sin embargo, con el tiempo fue cobrando aliento y, para 1931 por ejemplo, se extendió a más de 15 páginas. Lo más notable e impresionante fue la calidad de los textos que hay en el periódico Excélsior de aquellos años. Una noticia del vespertino Última Hora del 18 de febrero de 1932 decía: “Pulcramente editada, se halla también pulcramente redactada. Al contrario de lo que suele ocurrir en los periódicos escolares, en que las prosas son tanteos imperfectos y los temas ñoñerías sin importancia, “Excélsior” registra un material que, por la atención con que está redactado, viene a demostrar la calidad misma de la educación que se proporciona en ese colegio, pues una enseñanza capaz de dotar al alumno de ese espíritu vigilante sobre su propia obra, necesariamente ha de ser una buena enseñanza”.

Las páginas de Excélsior acogían a plumas noveles pero con cosas siempre interesantes y depuradas. Había poemas de buena factura, artículos sobre diversidad de temas y reportajes más amplios. En verdad pienso que aquella publicación no tenía nada que envidiar a los buenos periódicos de entonces. Sus columnas, luego, en algunos años, se convertirían en referentes de las letras y la cultura (como los hermanos Crespo Rodas), había invitados especiales como Abel Iturralde.

En años posteriores, Excélsior se fue refinando más, mucho más, siempre más alto, y en sus columnas se podía leer, por ejemplo, un peculiar e interesantísimo artículo titulado “¿Era hermoso Jesús?” (un texto sobre la belleza física del Hijo de Dios).

Con el tiempo Excélsior entró en un periodo de declive; hoy se publica todavía, pero ya no como periódico mensual, sino como revista anual y los alumnos ya no tienen intervención en ella. Con todo, como manda Pablo, siempre se debe ver el futuro con optimismo. Así que esperemos que algún momento Excélsior se renueve como las águilas, y vaya, también como las águilas, arriba, ¡siempre más arriba!

“Los primeros números de esta peculiar e interesante publicación fueron de reducida extensión: no más de ocho páginas, luego serían 15”.
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