El estante vacío

Francisco Iraizós, la memoria antes que la escritura

El autor comenta tres hallazgos del escritor, filólogo, abogado, diplomático y periodista, descrito por Franz Tamayo como “como al mejor escritor boliviano, solo que no escribe”.

Letra Siete
Por 
LaPaz - domingo, 24 de julio de 2022 - 5:00

Una de las historias que me quedó grabada hace tiempo es la que cuenta Carlos Medinaceli en Estudios críticos (1969), donde Franz Tamayo considera a Francisco Iraizós “como al mejor escritor boliviano, solo que no escribe” y agrega que de su obra literaria se conoce poco. En un sentido, este trabajo estará centrado en brindar apuntes biográficos sobre el autor aludido. En otro sentido (dentro de este panorama) develar tres escritos recolectados de tres distintos libros. De esta yuxtaposición, mi critica consiste en reflexionar que el espacio de la memoria está antes que la escritura.

Para dibujar un croquis sobre la semblanza del autor referido recurro primordialmente a Trayectoria de la diplomacia boliviana. Siglo XX 1900-1952. 179 años de internacionalismo. Tomo II (2004), de Oscar Patricio Vargas Aguirre y Juan Carlos Montecinos Luque, volumen donde aparece un capítulo destinado exclusivamente a Iraizós y se pueden apreciar nuevos datos trascendentales de los movimientos ejecutados a lo largo de su existencia. Y añado otros antecedentes conseguidos en el ensayo de Medinaceli.

Francisco Iraizós nace en La Paz, en 1857. Escritor, filólogo, abogado, diplomático y periodista. En su condición de articulista escribe para el periódico La Patria en contra del desempeño del Poder Ejecutivo. Por estas notas es apresado por el gobierno del general Campero en 1883. Luego, en 1909, como político, funge el cargo de representante de la provincia Loayza del departamento de La Paz.

En el campo de la diplomacia ejerce la cartera de secretario en la Legación Telmo Ichazó, en Buenos Aires (1891); de 1918 a 1919 es encargado de negocios de la Legación boliviana ante el gobierno de Paraguay. En 1920, en calidad de miembro del Partido Republicano es elegido senador convencional por La Paz. En 1921, Bautista Saavedra lo nombra ministro de Relaciones Exteriores. Entre 1923 y 1925 desarrolla las funciones de ministro de Gobierno y Justicia.

El 25 de agosto de 1927, junto a Víctor Muñoz Reyes y Rosendo Villalobos, funda la Academia boliviana de la Lengua. De igual manera es miembro activo de la Sociedad de Geografía e Historia de La Paz. De 1928 a 1929, el gobierno de Hernando Siles Reyes lo designa ministro del Despacho de Estado y seguidamente, en el mismo lapso, ejerce como canciller.

Creo importante y oportuno en esta segunda parte detallar los hallazgos de tres escritos de Iraizós y contemplarlos como indicios de la aseveración de don Franz Tamayo y de don Carlos Medinaceli. El primer trabajo está alojado en el Boletín Nº 5 y 6 de la Sociedad geográfica de La Paz, de 1901. El título del texto es El sudeste de Bolivia, donde en 96 páginas el autor comienza declarando las razones de esta empresa narrativa: “Corrían, hace poco, rumores alarmantes sobre la actitud del Paraguay para con Bolivia, y me decidieron a llamar la atención pública hacia las fronteras y las cuestiones que nos separan de aquel país. No es otro el origen de este ensayo, que comprende rápidas notas acerca de nuestros vecinos orientales y del litigio territorial contra ellos sostenido”.

En otro párrafo descuella el conocimiento profundo del Chaco boliviano: “La documentación de Bolivia es abundante. Sus partes esenciales, eliminada la enorme cantidad de manuscritos e impresos secundarios, son las cédulas de la Corona de España que en diferentes ocasiones pusieron el Chaco bajo la jurisdicción de la Audiencia de Charcas y en ninguna ocasión se la quitaron”.

El segundo escrito reside en la antología Cien sonetos bolivianos. Homenaje al Primer Centenario de la República (1925). En ésta, el soneto A Bolivar trasluce el afán poético de Iraizós: “No bendigo tu nombre. Si la historia / te llama el padre de la patria mía / y te eleva a las nubes la poesía, / es porque a todos deslumbró tu gloria.

Tú vives de Bolivia en la memoria, / hacen tu apoteosis a porfía / y el brillo de tu injusta nombradía ha ofuscado a la musa adulatoria.

Pero a pesar de universal locura / no quiero transigir con el destino / que te levanta a inmerecida altura.

No maldigo tu nombre, más me obstino / en decir la verdad sencilla y pura: / ¿Qué fuiste de Bolivia? Su padrino”.

Finalmente, en la compilación Medinaceli: Escoge. La prosa novecentista en Bolivia, de 1967 aparece “El modernismo en América”, estudio que Medinaceli trascribe de la Revista de Bolivia. Nº 8, de 1898. Para el recopilador, el ensayo “es una de las mejores páginas de crítica que se ha escrito en Bolivia. Era casi desconocida, permanecía olvidada en las páginas ya amarillentas de La revista de Bolivia, hasta que, en 1940, tuve el gusto de hacerla conocer, con una nota sobre Iraizós, que publiqué, –sin firma– en la revista Kollasuyo, año II, Nº 15, marzo, 1940”.

El colector de la miscelánea admite que, a pesar de haber explorado mucho, solo pudo encontrar esta prosa. De la misma rescato un fragmento: “Es el producto de transformaciones que espantarían a fausto; un hornillo infernal le prestó su fuego; se preparó en retortas de lujuria y pasó por alambiques de remordimientos para ir a caer sobre la flor del sacrilegio, en cuyos pétalos se balanceo largo tiempo, antes de mostrarse al orbe como la gota de la fuente cristalina, en que se abreva la grey de los castos y de los pobres de espíritu”.

En este recorrido, recapitulo que, de la paradoja de Tamayo, Francisco Iraizós es el “mejor escritor boliviano, solo que no escribe” y de la desventura de Medinaceli: “el colector de esta antología, por mucho que ha explorado en pos de su valiosa producción (...) solo ha podido dar con esta prosa...” converge la figura de la memoria como iniciadora de relato. Memoria que además tiene la capacidad de recobrar la silueta de una identidad literaria, en este caso “el más avezado de los críticos de su generación (...) de 1890 a 1910...”.

A estos nexos deviene su escritura con “una severa disciplina estética”. De manera implícita, la memoria rescata un gran pasado y se concatena con la escritura para fijar la presencia de Francisco Iraizós.

“Tú vives de Bolivia en la memoria, / hacen tu apoteosis a porfía / y el brillo de tu injusta nombradía ha ofuscado a la musa adulatoria”.

Jorge Saravia Chuquimia / Arquitecto

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