Pensamiento

La potencia de la vida

El autor escribe un comentario a propósito de su libro “Potencia de la vida”, en el que se adentra a la comprensión de la génesis de la vida.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 13 de noviembre de 2022 - 5:00

La potencia es energía, es dinámica. No se trata de definir la potencia a través de otros conceptos, sino de comprender este acontecimiento. Si trata tanto de la acontecimiento inaugural como de su desenvolvimiento universal. Este acontecimiento existencial es el devenir de la potencia. La potencia deviene vida.

La materia es energía y la energía es vida en sentido amplio. En sentido restringido, la vida es memoria sensible, tal como la define la biología. Entonces, se puede hablar de vida tanto en sentido amplio como en sentido restringido. Lo importante es comprender la génesis de la vida.

La física relativista, la física cuántica y la teoría de las cuerdas dan cuenta de la composición dinámica e integral, en los distintos espesores de intensidad, del tejido del espacio-tiempo. Las leyes fundamentales del universo se explican por la asociación de partículas infinitesimales. No hay una partícula última, un átomo indivisible, sino toda partícula es asociación de partículas infinitesimales. Es la capacidad de asociación de partículas lo que explica el complejo funcionamiento del universo.

Cuando se habla de vida, en sentido biológico, la referencia indispensable es planetaria y la condición de posibilidad existencial de la vida es el universo mismo; la vida es memoria sensible y es inteligencia sensible. Esto de sensible supone una estructura, una composición, un funcionamiento molecular capaz de sentir. Esto es la célula.

La célula es un sistema autopoiético, que se define respecto del entorno, a través de operaciones de clausura. Establece una complejidad interna capaz de interpretar el entorno. En consecuencia, crea una complejidad capaz de hacerlo. La complejidad interna es simétrica y recíproca de la complejidad externa. Esta complejidad está en constante devenir.

La complejidad es sinónimo de realidad. Entonces podemos hablar de ontología como complejidad de lo que es. El ser es complejidad. Esta complejidad deviene. En consecuencia, el ser es devenir, pero devenir complejidad. Los sistemas autopoiéticos son capaces de interpenterarse, es decir, que un sistema presta su propia complejidad para ser interpretado.

La interpretación es inherente a los sistemas autopoiéticos, es decir a la vida. Las formas de interpretación son múltiples, la biología molecular define un “lenguaje” químico en el relacionamiento y funcionamiento de las moléculas. Quizás podamos hablar de una “interpretación” física, relativista y cuántica, en el funcionamiento atómico; esto quiere decir que los átomos, la composición de los átomos, de las asociaciones de partículas infinitesimales, de su estructura nuclear y de sus órbitas de electrónes, recurren a la interacción física de las leyes fundamentales del universo, del campo gravitacional, del campo electromagnético, del campo relativo a la fuerza nuclear fuerte y del campo relativo a la fuerza nuclear débil.

Los seres orgánicos en el planeta desarrollan relaciones con el entorno y entre ellos mismos. En consecuencia, se desarrollan “lenguajes”, por así decirlo, corporales, que tienen que ver con las percepciones diferenciales. Los seres orgánicos también tienen capacidad de asociación, que podemos llamarla de asociación social, en el preciso significado de conformación de sociedades, en este caso humanas. Los “lenguajes” por señas, por sonidos, se hacen presentes en estas sociedades diferenciales y, de por sí complejas. La aparición del lenguaje evocativo humano emerge de este substrato complejo ecológico. El ser humano coexiste, convive y es codependiente de las otras sociedades orgánicas, de las dinámicas de los ecosistemas, de la armonía de los ciclos vitales planetarios.

La arqueología y la genealogía de las sociedades humanas abarca, por lo menos cuatro millones de años, si comenzamos con el australopiteco, desde el homo habilis, 2,5 millones de años, al homo sapiens, pasando por el erectus, 1,6 millones de años, tenemos 150 mil años correspondientes al sapiens. Podemos ver que el tiempo que llamamos civilización solo abarca el 3% de la vida del homo sapiens; si ampliamos hasta los 15 mil años de sociedades humana que controlan el fuego, que inician la agricultura, pasando por la caza y recolección, y el desarrollo del lenguaje humano, solo hablaríamos del 10% de la vida del homo sapiens. Como se pude ver es muy poco como para pretender que la civilización corresponde a la realización plena del ser humano. Posiblemente no, al contrario, hablamos de unos periodos donde parece haberse perdido en un laberinto el ser humano.

Sin embargo, podemos hablar de la potencia social como parte de la potencia creativa de la vida, potencia social que corresponde a la capacidad creativa del ser humano y de las sociedades humanas. Esta capacidad creativa ha sido inhibida por las genealogías del poder y las estructuras de dominación de las sociedades correspondientes a la civilización, las cuales dan lugar a la fabulosa máquina del poder, que nuclearmente corresponde a la construcción dramática del Estado, a la invención sacerdotal de la religión, a la constitución del patriarcado, al nacimiento del capitalismo, en su etapa primaria, subordinado a la tributacion y conformado en el mercado, usando el equivalente general de la moneda.

En este sentido se puede entender que las genealogías de las civilizaciones se despliegan y se desenvuelven en una larga guerra contra las mujeres, que encarnan simbólicamente el entramado comunitario, y en contra de la vida, tal como se da en su ecología compleja. La evolución, por así decirlo, de las civilizaciones ha derivado en la síntesis barroca del sistema mundo capitalista. La civilización capitalista, como dice Abdullah Öcalan, es la que logra estructurar la dominación planetaria y convertirse en la más acabada civilización de la muerte.

Visto de esta manera, no hay porvenir de la humanidad sino desandando el camino, por así decirlo, reinsertar las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios y abrir los horizontes a las ecosociedades.

“Cuando se habla de vida, en sentido biológico, la referencia indispensable es planetaria y la condición de posibilidad existencial de la vida es el universo mismo”.

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