Homenaje

“Land ohne Hass”, la tierra sin odio de M. Friedrich

Karl Michael Friedrich dedicó su vida al servicio de la cooperación cultural y el desarrollo; era un motor que generaba soluciones más allá de los obstáculos, recuerda el autor.

Letra Siete
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La Paz - domingo, 31 de julio de 2022 - 5:00

En una época convulsiva en todo el planeta, mientras la invasión rusa a Ucrania ha acelerado la inflación, el enésimo episodio de la pandemia sigue cobrando víctimas, los incendios y las olas de calor golpean parte del globo, mientras la otra se friza, partió el pasado 22 de julio un amigo de Latinoamérica, en particular de Perú, Venezuela y Bolivia, director del instituto Goethe de La Paz durante más de seis años, rol que ejerció hasta jubilarse de dicha institución a la que perteneció desde el año 1989. Karl Michael Friedrich fue un hombre que dedicó su vida al servicio de la cooperación cultural y el desarrollo.

En 2016 llevamos una muestra del cine boliviano junto al equipo de BMD por distintos puntos de Europa, en particular de Alemania. Junto a mi colega Deborah Pfeiffer nos disponíamos a traducir al alemán la película Yvy Maraey, de Juan Carlos Valdivia, que había recibido el reconocimiento del público y expertos en la Berlinale de 2015, fue entonces que el director del Goethe se ofreció a traducir dicho filme.

Mi aflicción radicaba en que Michael estaba en funciones como director del instituto alemán y consideraba que no tenía el tiempo necesario, nosotros teníamos una retrospectiva encima y acuerdos con varias salas alemanas, necesitábamos darnos prisa para que se incluyan los subtítulos en los DCP y blue-rays. En medio de los intercambios se generó el debate respecto a qué título sería más apropiado, decidimos mantener el título en inglés, mientras que en las referencias del mismo, en los diálogos, se presentó un desafío ya que no se podía usar inglés, lo que nos llevó a una discusión de carácter lingüístico, filosófico y poético entre Michael y mi persona. Se formularon varias alternativas, según Friedrich ninguno de los títulos sonaba medianamente poético como sucedía en castellano o inglés. Tras un análisis e intercambios de ideas, acordamos que el título sería Land ohne Hass (Tierra sin odio).

Luego de culminar el trabajo en tiempo récord me dejó dos regalos, además de su amistad, su tolerancia y apertura, jamás puso en duda mi alemán, desde luego no se podía comparar con la de un nativo, además filólogo y profesor, segundo; la humildad que tenía para escuchar los argumentos y decidir en conjunto, esto fue una preciosa contribución que me llevó a reflexionar sobre la profundidad y los alcances que nacen del verdadero intercambio cultural y de la colaboración seria.

Land ohne Hass es un título y también una declaración que se refiere a los odiadores que pululan en el diario vivir, en las instituciones, en las redes, incluso en la misma casa. Para Friedrich era importante que en el diálogo no existan elementos de envidia, calumnia, o agresión, por ello centraba su tiempo en construir, en buscar resultados concretos, en apoyar el intercambio entre gestores, creativos y expertos para conseguir el bien común.

La relación entre Bolivia y Alemania es una historia que se remonta al siglo XVIII, cuando llegan los primeros alemanes al país, este intercambio se dio desde lo comercial, lo militar, incluso en el campo de la salud. Bolivia era considerada un paraíso para algunos médicos alemanes que proponían Oruro como destino a sus pacientes que padecían de artritis y que podían tratarse en alguna de las tantas fuentes termales de dicha ciudad. De igual manera en el ámbito cultural los lazos de amistad se fueron enriqueciendo gracias al trabajo de servidores como Karl Michael, entre otros.

Lejos de la presunción que persiste en algunos funcionarios de instituciones alemanas, Michael era un motor que generaba soluciones más allá de los obstáculos, lo suyo era materializar proyectos en los que encontraba fundamentos para la cooperación, por eso se dedicó a romper parte de la maquinaria burocrática boliviana, sus logros no eran suyos, sino se convertirían en enseñanzas en servicio de la cultura, esto lo llevó a recibir el reconocimiento de propios y ajenos.

Desacelerar para crecer

Ese es para mí el más valioso legado que deja Karl Michael, en medio de tanto caos en la formación de los niños y jóvenes, él ha impulsado a un grupo de jóvenes talentosos, como es el caso del fotógrafo Alvaro Gumucio, quien participó en diversos proyectos gracias a su confianza y a su trabajo en el mundo de la imagen. Cuán importante apostar al arte, máxima prioridad de toda institución cultural que muchas veces se contradice por las malas decisiones, preferencias o elecciones erráticas. Ante dichos escenarios el también periodista alemán nos invita a “desacelerar para crecer”, nos invita a frenar para meditar en los procesos, a frenar para reflexionar sobre la coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones, a frenar para crear desde la resiliencia, a frenar para no emporar las situaciones diarias en el hogar como en el trabajo. Cómo poder crecer si no invertimos tiempo para alimentar el espíritu, para asimilar complejos procesos, para aprender a escuchar en medio de todo el ruido al que estamos expuestos a diario.

La tecnología era un tema que le ocupaba mucho, creía que es posible que un día las limitaciones biológicas del humano puede ser beneficiadas gracias al avance tecnológico.

Mientras la generación Z se inspira a golpe de TikTok y su aporte e inteligencia se desvanecen como humo en el horizonte gracias a la dependencia digital, peligros que constata y advierte Manfred Spitzer en su Demencia digital, hay quienes logran desarrollar tecnología al servicio de la humanidad, es lo que Friedrich planteaba; la búsqueda de modelos sostenibles y su aplicación en el diario vivir.

Elegante, de buen humor y cariñoso como pocos alemanes, su ejemplo también se sentía en lo laboral, no solo respondía los emails con la información precisa, sino que los escribía con afecto, denotando su calidad humana, así me sorprendió alguno de sus correos.

Michael filólogo, historiador, periodista o profesor, Michael, esposo, padre y amigo, hombre de valores y principios deja un ejemplo digno a seguir. Su presencia brillará en el firmamento andino.

“Cariñoso como pocos alemanes, su ejemplo también se sentía en lo laboral, no solo respondía los emails, sino que los escribía con afecto”.

Milan M.A. Gonzales / Periodista

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