Reseña

Las travesías de Preiswerk

Matthias Preiswerk narra las iniciativas que emprendió en Bolivia. Se puede ver cómo la historia del país ocurre mientras que él va actuando desde su trinchera, escribe el autor.

Letra Siete
Hugo José Suárez
Por 
La Paz - domingo, 22 de mayo de 2022 - 5:00

Hace unas semanas ha salido a la luz el nuevo libro de Matthías Preiswerk: Travesías. Itinerario pedagógico, teológico y político (Ed. Plural, 2022). Se trata de un segundo volumen biográfico que viene a completar el texto escrito en francés llamado Partir para aprender (2019), en el cual el autor de origen suizo narra su vida previa al viaje sin retorno que fue llegar a América Latina.

Confieso que adoro leer biografías. Escribir sobre uno mismo es un ejercicio reflexivo exigente e indispensable. Son horas de estar sentado ante una computadora recorriendo pedazos de una trayectoria intensa, con la convicción de que las horas invertidas se multiplicarán en otras horas más que los lectores dedicaremos al diálogo con el autor. Una biografía, lejos de un ejercicio narcisista, es una muestra de generosidad con la historia, y con quienes más adelante podrán leer el pedazo de una vida.

A pesar de conocer a Matthias hace varias décadas, recorrer los capítulos de su vida fue redescubrir a un amigo querido, interesante, con tantas cosas qué contar. Quien llegue a ese documento, quien se beneficie de esa lectura, encontrará primero una escritura clara, fluida, envolvente. Uno abre una página y sin darse cuenta han pasado demasiados minutos sin poder dejar el relato. Además, haciendo honor a su sentido pedagógico, acude a recursos que facilitan la comprensión. Utiliza los pies de página para quien quiere tener más información de los personajes que evoca y separa en apartados especiales las explicaciones y contextos históricos o institucionales que probablemente sólo interesen a algunos lectores.

Me encantó encontrarme con episodios tan formativos como su rebelión juvenil escrita en una institución militar. Adoré la experiencia de la comunidad que hicieron en Suiza con unos amigos que compartían todo. En sus siete capítulos, el autor muestra cómo parte desde una Suiza en discusión ecuménica hacia una América Latina desconocida y candente. Llega a Buenos Aires –donde comparte su salario con los estudiantes de la institución que lo recibe– y se abre un universo que jamás lo volvería a dejar.

Matthias narra las iniciativas que emprendió en Bolivia en sus distintos momentos. Uno puede ver cómo la historia del país va ocurriendo mientras que él va actuando desde su trinchera. En su narrativa, transita de lo personal a lo colectivo, de la historia social a la historia individual, dialogante y complementaria.

En la dictadura se involucra directamente con la lucha por los derechos humanos y la educación escolar, en la democracia impulsa la educación popular y la teología. Vive la persecución, la esperanza, la decepción, la lucha y el descalabro. Me identifiqué con cada una de sus apuestas. Viví con él la esperanza en lo que significaba la revolución sandinista en Nicaragua, el ascenso de Evo Morales y el inicio del “proceso de cambio” en Bolivia. Tan altos fueron los sueños y tan dura la caída. Vivo con él el desencanto de ver cómo las nobles ideas se diluyen con tanta facilidad y al final del día sólo queda retórica vacía en boca de personajes siniestros.

Matthias pertenece a una generación bisagra, es de los últimos religiosos europeos que llegan al país en los 70, cuando años antes lo habían hecho Xavier Albó, Gregorio Iriarte, Pedro Negre y otros, y por tanto vivió la época de oro de la Teología de la Liberación; y es a la vez de los primeros que le toca vivir la transición democrática, el neoliberalismo, el populismo posterior, y debe actuar y adecuarse en cada contexto.

Quien lea estas páginas se encontrará con una vida entregada a la educación, la teología y los derechos humanos, emprendiendo siempre nuevos proyectos, iniciativas, siempre buscando justicia, buscando intervenir en lo público, tendiendo puentes entre Suiza y Bolivia, entre pedagogía y teología, entre política y religión.

Como migrante que soy, siempre me he interesado en las vidas que navegan en dos aguas. Matthias entre Suiza y Bolivia, yo entre Bolivia y México. Cómo se administra la doble nacionalidad, cómo se viven las dos culturas, cómo se es propio y ajeno a la vez. No es fácil dejar una patria, partir hacia otra; aunque partir no es dejar. O no del todo. Personalmente lo he vivido con angustia y gozo en iguales proporciones. Recuerdo que un colega y amigo mexicano, Carlos Martínez Assad, que vivió la herencia libanesa, afirmaba que “hay que tener cuando menos dos mundos porque, de lo contrario, se corre el riesgo de quedar encarcelado en uno de ellos”. Tenía razón.

El escritor ecuatoriano Miguel Donoso, luego de su paso por México, hablaba del “enigma de las dos patrias”, y sugería que había que sentir ambas como propias, y yo añadiría: sufrirlas y festejarlas con igual intensidad, amarlas y criticarlas con igual pasión. No se trata de compararlas, sino interiorizarlas, mezclarlas, a menudo perder la noción de frontera, dónde termina una y dónde comienza la otra. Significa mirar una montaña y establecer el vínculo con otro paisaje similar, aquí o allá; significa sentirse doble, no dividido; significa confundirlas, confundirse, no poder desprenderse de ninguna. Ser árbol con dos raíces. Pero también se trata de ser puente, de fungir como correa de transmisión.

Y Matthias, su libro y su vida, encarnan ese puente. Hablar con él, en castellano sin acento, es descubrir parte de Bolivia, y parte de Suiza. Es navegar en dos lagos, trepar a dos montañas, distantes y gemelas.

Quiero terminar con el último episodio personal que hemos vivido con Matthias y su esposa Carmen, y es casi un reclamo porque son muy pocas páginas dedicadas a ese período en el libro: Coroico y el bosque. Ambos impulsan hace años un extraordinario proyecto de reforestación desde su casa en Yungas, que se expresa en el cariño a la naturaleza, vivir sin atormentarla ni dominarla. Hablar con ellos me dio un toque de esperanza en este mundo carcomido por la política. Cuando prima la desesperanza, escucharlos hablar del proyecto coroiqueño es refrescante: es política, es ternura, es ética, es otra forma de vivir. Su proyecto actual es una síntesis de lo vivido las décadas pasadas, es el diálogo entre la poesía y la política, entre la plástica y la teología, entre la solidaridad y la tierra.

Esa es la herencia de Matthias y Carmen: se atizadores de la esperanza.

Matthias pertenece a una generación bisagra, es de los últimos religiosos europeos que llegan al país en los 70, cuando años antes lo habían hecho Xavier Albó y otros.
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