Poesía

Lentitud, de Vilma Tapia

Este libro responde a la clasificación de libro de poesía. No son solo poemas reunidos. Es un tema que se va mostrando en cada pliegue, en cada página, reseña el autor.

Letra Siete
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La Paz - domingo, 07 de agosto de 2022 - 5:00

Es posible que haya un juego y un pacto de lectura con el lector desde el propio título de este nuevo libro de Vilma Tapía. Lentitud, editado por Plural Editores, es, al menos dos cosas a un mismo tiempo. La voluntad de conectar con el mundo a través de un lenguaje meditado que es capaz de capturar la emoción desde unas palabras que siempre dejan espacio para el silencio y que, por el otro lado, construyen nuevos significados al dotar a sus referentes de un estímulo que es visual, pero más que todo, una serie de imágenes que quedan en el lector tras la lectura.

También este libro es la visión lenta sobre lo que acontece a nuestro alrededor. La amistad, la fugacidad del amor, el recorrido por una ciudad desconocida, la evocación de un alma gemela o la certeza incontrovertible que es la búsqueda de una certeza en un libro de un autor al cual se regresa siempre, como cuando los amantes tras separarse, regresan al sitio donde alguna vez fueron felices. Pero en el caso de Tapia, el regreso es para lograr mayor conocimiento, mayor contemplación, mejor consciencia sobre el rol del lenguaje en la vida de un poeta.

Lentitud es un paseo por obsesiones que nos son particularmente cercanas, porque el universo de Tapia si bien es personal, logra ser transpersonal. Nos induce a creer en el más allá del acto creativo y creador. Y por ello, nos invoca a pensarnos desde la lentitud en un mundo que está destinado a la velocidad.

Es sobre la velocidad del tiempo que los poemas van acumulando versos, que quedan como señales de un trayecto. Es un libro, Lentitud, que responde a la clasificación de libro de poesía. No son solo poemas reunidos. Es un tema que se va mostrando en cada pliegue, en cada página.

Quizá por ello hay poemas que se construyen con fragmentos de ideas, de hilos de continuidad entre realidad y evocación, entre ficción y memoria; pero también ciertos poemas, divididos con asteriscos parecen estar construidos con sentencias, invocaciones o aforismos, y es que su carácter es el de la duda y el desconcierto. Y, sin embargo, son poemas y versos que atraviesan la razón para anclarse en la emoción de un recorrido.

Tapia conjuga el tiempo en su base lenta y por ello anuncia la luz casi siempre. En ese movimiento, contenido, es que a la Roland Barthes, busca un placer con el texto. Dispone la página para escribir sobre ella. Y pica la palabra, la pule y la retuerce para alcanzar su último significado. Aquel que siendo poético establece el verdadero sentido de la poesía que no es otro sino la búsqueda de un mundo basado en significados y sentidos que rebasen el sentido común.

Y si busca el placer del texto, la página es un lienzo, una roca que es martillada para extraer de ella, solo lo que ella puede contener desde tiempo antes. Los poemas, los versos, son resultado del trabajo de Tapia con el lenguaje, pero también, demuestran la capacidad de estilo que posee la poeta para congregar en sus palabras, un imaginario, una vocación y una trayectoria.

En ese sentido, Lentitud, lentamente anuncia, o presagia el instante de un nuevo lenguaje para a poeta que se hace de referencias y resonancias y con ellas enuncia un nuevo mapa. La poeta es consciente del oficio y por ello, puede ir más allá. Lentitud es el instante en que se llega a un sitio, sin pausa, pero sin prisa. Es la ars poética que contiene la cifra de lo que vendrá y el significado del camino recorrido.

Lo cual es interesante, porque lo normal sería ir lento, pausado, pero no; es lentitud, porque no es la simple acción, es la adjetivación lo que importa. Lo cual en sí mismo ya es una declaración de principios. En el acto creativo y, sobre todo, en la poesía, lo que importa, lo que determina todo, no es sólo el tema, ni el conjugar bien los tiempos; aquello que da sentido al hacer es el adjetivo. Por la calidad en la adjetivación es que el mundo cobra sentido y se vuelve espeso.

Finalmente, con Lentitud estamos ante la presencia de un libro más que sólido, vivo. Más que uniforme, resonante. Es como una serie de latidos que se comunican entre ellos y que al unirse nombran una frecuencia. La frecuencia es el tono con el que el mundo es habitado de forma lenta y es dicho con la lentitud de las palabras que se escogen como quien escoge la mejor aguja para zurcir de mejor modo los sentidos del mundo cuando el mundo atraviesa la humanidad de aquellos que lo habitan.

“Lentamente anuncia, o presagia el instante de un nuevo lenguaje para a poeta que se hace de referencias y resonancias y con ellas enuncia un nuevo mapa”.

Christian Jiménez K. / Escritor

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