Aullidos de
la calle

Los devoradores de loto

La miniserie The white lotus, de Mike White, está basada en mitos griegos, en poemas y en apellidos. Con un gran reparto, tiene 20 nominaciones a los premios Emmy.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 31 de julio de 2022 - 5:00

Hay un mito. Hay un poema. En el mito griego de La Odisea y en el poema del británico Tennyson, los devoradores de loto viven sus días en una isla desconocida de África. Se dedican, cómo no, a comer loto y a aislarse del resto del mundo, se entregan (calzones y todo) a la apatía, al sopor y a un estado de irrealidad producto del consumo de, sí, loto.

El guionista, director y creador Mike White comentó que antes de tener desarrollado el proyecto de su miniserie, sabía que se llamaría The white lotus como una referencia al mito, al poema, y a su propio apellido. Esta serie basada en mitos griegos y en poemas y en apellidos tiene 20 nominaciones a los premios Emmy. Ajá. Pero ¿por qué?

Empecemos con Mike White. El buen Mike tiene en su currículum cosas tan dispares como Dawson’s creek, Freak and geeks y Enlightened. Y en el cine, será siempre recordado por el guion de esa icónica comedia del 2003 Escuela del rock.

Viendo esos títulos sabremos cosas importantes de Mike, una de ellas es que tiene sentido del humor, otra sería que su humor ha ido evolucionando y, de hecho, en The white lotus llega a encontrar en la sátira y el sarcasmo a sus mejores amigos.

The white lotus tiene solo seis episodios. Una de sus primeras escenas es cuando el grupo de empleados de un resort de lujo están parados en la orilla de una playa hawaiana, con las olas golpeando las rocas y un pequeño yate lleva a los turistas-huéspedes a su lugar de vacaciones. La primera escena marca muy bien las separaciones empleados-huéspedes, escala social baja-escala social alta, no privilegios-privilegios.

Esta es una serie de personajes por lo que cada personaje tiene muy marcadas sus características. Por el lado de los huéspedes: Tanya, la doñita mayor (Jennifer Coolidge) cuya madre abusiva ha muerto y está yendo a esparcir sus cenizas al mar; la familia Mossbacher, en la que Nicole (Connie Britton) es una exitosa mujer que gana más que Mark (Steve Zahn), su marido que anda fatigado porque piensa que tiene cáncer de testículo, Olivia (Sydney Sweeney) es la hija que constantemente cuestiona sus privilegios y que invita a Paula (Britnnay O Grady) su amiga no privilegiada, a sus vacaciones de lujo, mientras Queen (Fred Herchinger), su hermano, vive metido en el celular viendo porno.

La parejita de jóvenes recién casados compuesta por un hijito de mamá, Shane (Jake Lacy) y Alex (Alexandra Daddario), una periodista que siente que ha cometido un error. Por el lado de los empleados está Armand (Murray Barlet) gerente/administrador del lugar, un drogadicto gay en recuperación que se estresa lidiando con los huéspedes y la empática Belinda (Natasha Rothwell) que administra el spa del lugar, como los personajes principales.

La serie de Mike White propone un relato en el que constantemente se está haciendo foco sobre los devoradores de loto (los huéspedes) gente con tantos privilegios que sus preocupaciones suenan tontas si se las compara con los problemas con los que lidian a diario los empleados del hotel.

La historia que pretende tener una alta dosis crítica, presenta un misterio también, ya que en sus primeros minutos se revela que uno de los personajes murió, y a partir de eso se hace como un flashback en el que se cuenta qué pasó, quién murió, cómo y por qué. Eso consigue mantener nuestra atención porque llega un momento (sobre todo en las comidas de la familia Mossbacher) que el panfleto se usa como elemento narrativo y se discute sobre el feminismo, el racismo, la brecha social, etcétera...y es ahí donde el aburrimiento y la impostación cachetean al espectador.

Felizmente, la fantástica música del canadiense/chileno Cristobal Tapia hace que te sacudás cualquier cansancio narrativo. Chillidos de animales, gemidos, instrumentos de viento, una onda tribal, que como dice White, transmiten la sensación casi de un acto barbárico, como si se estuviera a punto de realizar un sacrificio. Debe ser una de las mejores bandas sonoras de series del año. La podría poner en loop todo el día.

The white lotus tiene la habilidad de envolvernos en todas las historias y de darle a cada una el foco que requiere, pero hay una contradicción en la crítica que pretende hacer. No dudo de sus buenas intenciones, pero cómo podés plantear una crítica a las clases privilegiadas, ignorantes de la realidad, utilitarios de los que se encuentran más abajo, ajenos a las necesidades de los demás, si la otra cara de la moneda la resolvés con los estereotipos de siempre: el gay de closet que contrajo sida, el empleado que termina robando porque supuestamente los ricachones con su existencia le han robado a “su gente”, la chica morena y de menos recursos que resiente la amistad de la privilegiada que no la denuncia y hasta trata de ser empática con ella, el gerente gay drogadicto que comete todos los ilícitos posibles...si la trama se analiza bien, hay muchas cosas que hacen ruido.

Amén de que el reparto sea muy bueno (por algo están casi todos nominados a mejor actor/actriz) y que la serie se vea con dosis de entretenimiento y humor negro, hay temas que ojalá se resuelvan en la segunda temporada porque la impresión que queda es un resabio al mito de La Odisea, al poema de Tennyson: tenemos un devorador de loto tratando de criticar a los devoradores de loto.

“The white lotus tiene la habilidad de envolvernos en todas las historias, pero hay una contradicción en la crítica que pretende hacer”.

Mónica Heinrich V. / Reseñista y cinéfila de corazón

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