El estante vacío

Novelas inconclusas

La muerte sorprendió a muchos escritores bolivianos que llevaban adelante proyectos ficcionales; el autor repasa algunas de las obras que dejaron sin terminar.

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 25 de septiembre de 2022 - 5:00

Ignacio Prudencio Bustillo, en el ensayo Hay que apresurarse (1928), sentencia: “apresúrate a inventar, tú, sabio, que sabes cuán tenue es el paso de la vida a la muerte”. Y es la muerte la que sorprendió a muchos escritores bolivianos que llevaban adelante proyectos ficcionales, por ende, dejaron obras sin terminar. Novelas inconclusas que si hubiesen sido acabadas habrían enriquecido nuestra historiografía literaria. Desde esta perspectiva, hoy quiero ahondar sobre este aspecto exponiéndolos como manuscritos que reflejan ser un modelo para construir territorios argumentales.

Como he apuntado anteriormente, este artículo trata sobre las novelas inconclusas nacionales producto del fallecimiento del autor, pero que algunas llegaron al Olimpo de la publicación. Por un lado, enumero las halladas acordes al año de aparición: La inocente maldad (1988) de Carlos Medinaceli; Otra vez marzo (1990), de Marcelo Quiroga Santa Cruz; El jardín de Academo (2016) de Ricardo Jaimes Freyre; He regresado a casa (2017) de Blanca Wiethüchter. Este primer corpus también se inscribe como obras póstumas. Por otro lado, detallo aquellas que no tuvieron la dicha de ser expuestas a la luz pública, tales dos ficciones de Alcides Arguedas, una de Oscar Soria Gamarra y La araña negra de Sergio Suárez Figueroa. Puede que existan más novelas inconclusas, pero por ahora éstas rondan por mi memoria.

Del conjunto de ficciones citadas, existe algo insondable, un lector puede tener varias interpretaciones críticas sobre este tipo de narrativa. Lecturas que simula(ría)n recomponer un rompecabezas. Una manera de componer la brindo yo, pues las veo como modelos de interpretación de la construcción argumentativa. Por eso, aquí desarrollaré dos rasgos y referencias que pueden sustentar la posible edificación de una historia novelesca partiendo de imaginarios sobre el final y el título de la obra. Presupuestos textuales que tratan de aproximarse a lo que el autor hubiera planificado para la última versión.

La primera referencia es (literalmente) la muerte del autor. Con esta desaparición surge el misterio de cómo habría sido el final de cada obra. En tal medida, estas novelas siempre tendrán un final abierto y probablemente cada lector vislumbre, en esa apertura, un final diferente conforme sea su lectura y análisis crítico.

Como ejemplo, planteo un sentido de ensoñación a He regresado a casa, de Wiethüchter, novela trunca de solo siete capítulos, publicada en el Tomo II de la Obra completa, en 2017, gracias a la fundación cultural del BCB. Según mi lectura de la Introducción, aparecen pistas en forma de reflexiones existenciales de espejismo de la protagonista (el yo reflexivo). De éstas creo que un posible final habría sido que Lucía nunca salió de casa. Casa entendida como cuerpo. Que todo fue un proceso imaginativo de un viaje que no se consumó jamás. Esto surge porque podría plantearse la dicotomía realidad-sueño o que talvez ella salió o no salió a algún lado. Así, el narrador insinúa que la protagonista no “sabría decir cuándo fue la ausencia y cuándo la presencia”. Mi valoración sobre un factible viaje imaginario gira en torno al núcleo argumentativo metafórico de que vivir se puede experimentar como viajar por la ilusión.

Entonces, el final de una novela inconclusa puede concebirse en el mismo comienzo del relato. Mejor dicho, el novelista cuando empieza a escribir en vida su obra ya visualiza uno de tantos finales sobre el relato que tiene redactado hasta ese momento y el lector puede considerar ese potencial final. O, dicho de otra forma, el final de la obra inacabada se visualizaría en la primera redacción. Leer la apertura del relato (paratexto o texto) sería una clave para conjeturar un final. Sería el primero de una serie de eslabones. Algo así como empezar la novela por el final. Resultado: lo que falta(ría) por escribir sería el comienzo del relato.

Continuando esta narrativa como modelo de interpretación del argumento, me detengo en el título asignado a la obra. La mayoría del conjunto expuesto tiene rótulos designados por sus creadores. Otros quedaron desamparados con este recurso. Recurro a la entrega Otra vez marzo, de Marcelo Quiroga Santa Cruz, publicada póstumamente en el año de 1990 por Los amigos del libro, para ejemplificar mi posición. La obra tenía la intención de ser una trilogía, pero la muerte del escritor cochabambino truncó la culminación del acertado proyecto.

Esta novela ambiciosa la conformarían El estiércol, La sangre y La sombra. El autor logra escribir un manuscrito de nueve capítulos pertenecientes a la primera obra y un solo capítulo de la segunda. La tercera obra no logró ni empezar a redactar. La terna de títulos arroja la idea de una escritura y lectura sombrías. En consecuencia, la congruencia de los tres términos radica en observar la intención de tratar el tema del hombre y la muerte. Es interesante ver la relación del título actual con esta trilogía de nombres por parte de Luis H. Antezana, ya que en Acotaciones a Otra vez marzo, brinda un pormenorizado estudio sobre la elección definitiva del nombre.

Todo partiría de una anotación al margen del autor el 23 de marzo de 1967: “Marzo para morir. Este es el título”. Yo discurriría y complementaría que hay estrecha relación con la fecha histórica que nos compete como bolivianos, y remataría aseverando que marzo sería buena fecha para morir.

Con todo esto, puedo subrayar que la línea argumental es la historia de toda novela y gira en torno al personaje y cómo enfrenta un conflicto. Toda buena novela acoge estos dos elementos que desencadenan en que no se resuelva el argumento hasta el final. Sobre esta base teórica procuro solapar la esencia teórica a la novela inconclusa, porque sí existe una línea argumental gracias al conflicto del lector (personaje) ante la obra a medias (conflicto). Por eso estimo que este tipo de relatos son modelos para trabajar con imaginarios la causalidad propia de la creación de argumentos. En último lugar: “Apresúrate, artista, a realizar tu obra, porque cuando menos lo esperes, la muerte ha de helar tus venas y paralizar el brazo que sostiene tu pluma...” (IPB).

“La línea argumental es la historia de toda novela y gira en torno al personaje y cómo enfrenta un conflicto. Toda buena novela acoge estos dos elementos”.

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