Lenguas

Palabras cantadas, palabras dichas y dichosas

Un apunte sobre las viejas tradiciones orales, precedentes o paralelas a la lírica escrita y en lenguas romance.

Letra Siete
Juan Cristóbal Mac Lean E.
Por 
La Paz - domingo, 04 de septiembre de 2022 - 5:00

A estas alturas, en nuestro mundo plagado de letras y de signos visuales, de mensajes y letreros, damos por hecho que aprender a leer y escribir es algo tan fácil y natural como cualquier otra habilidad mental. Pero no siempre fue así. Cuando la enseñanza de las letras empezaba a llegar a capas más gruesas de la población, esa relativa “novedad” que era leer y escribir se traducía en sorprendentes palabras y modos de considerar lo escrito, las diferenciaciones ortográficas, lo leído en voz alta, lo escuchado, las entonaciones de la voz, las pausas, los gestos...

Ninguna de las prácticas o actitudes que brotaron en esa interfase entre la palabra hablada y la llegada de la palabra escrita se le pasaron por alto a Margit Frenk, la gran filóloga o rescatista mexicana de literaturas primigenias o anteriores a la “literatura” misma y que va a encontrarlas allá donde se está abandonando una tradición oral todavía viva, primero sola, luego paralela a los avances de la letra escrita. De esos indecisos y rebosantes territorios del habla, saca pequeñas, muy pequeñas joyas de muchos siglos atrás, mini poemas que están entre los primeros que fueron llevados a la letra escrita en castellano y que antes, por supuesto, fueron recitados o cantados en voz alta:

-¡Ay luna que reluzes /toda la noche me alumbres.

-Llaman a la puerta, /y espero yo al mi amor. /!Ay, que todas las aldavas me dan en el corason

-Porque duerme sola el agua/ amaneze elada

-Yo m’iva, mi madre/ Las rrosas coger,/ Hallé mis amores/ Dentro en el vergel!

Estas joyas, con su “delicado perfume de primitivismo”, como dijo Ramón Menendez Pidal, provienen del libro de Margit Frenk Entre folclor y literatura, en el que el folclor al que se refiere es el de la Edad Media y la literatura puede ser aquella que se dio en el Siglo de Oro, y que bebió fuertemente de la tradición oral.

Se trataba entonces de un mundo sonoro poblado de voces vivas, donde las tiradas verbales que se escuchan, se aprenden y se entonan, se repiten ante/entre públicos, se llaman endechas, coplas, seguidillas, romances, villancicos, glosas, autos, cantigas, estribillos, “cancioncitas” [1] ...

En otro libro no menos bello, Frenk se dedica a Las jarchas mozárabes y los comienzos de la lírica románica, mostrando y descubriendo versos y tonadas andalusíes del s. XI al XIII con palabras árabes, hebreas y romances. Del zéjel, otro género al lado de las jarchas, dice Frenk que es una poesía “nacida para ser cantada en medio de un pueblo birracial y bilingüe, que hablaba un árabe romanizado y un romance arabizado”. Pensar que también de ahí viene nuestro castellano/americano...

En esos mundos sobre todo orales, por toda Europa y en las lenguas romances y dialectos, florecieron y en gran número, abandonando ya el latín, juglares y trovadores, poetas cortesanos y de plaza pública, cerca de saltibanquis y tahúres, de vinos y de rondas. Edades de fondas y castillos, bailes, versos. E iglesias y señores, espadas y doncellas.

Desde el minnesanger teutónico a los trovadores occitanos, desde la escuela de Sicilia hasta las catingas de amigo portuguesas, o finalmente en la gran letra escrita, desde Cavalcanti, Dante a Garcilazo de la Vega, van cuatro o cinco siglos de lenguas, hablas y parajes, geografías del canto y las estrofas, mucho antes de que acabe imponiéndose la tecnología de la palabra escrita.

Otro gran capítulo aparte en cuanto a la recepción, e incluso efectiva influencia de ese mundo poético, está en la feliz intervención de Ezra Pound.

Pero cuando el gran poeta se acerca (y rescata el sabor) a la poesía trovadoresca, en sus versiones provenzales u occitanas, no lo hace ni como historiador ni como filólogo, sino como alguien que se dejó hechizar por el encantamiento de versos y palabras que relumbraban como joyas o reliquias verbales perdidas al fondo de un cajón del tiempo literario, hasta que llega él mismo, en tanto que poeta
–como no deja de afirmarlo– y las saca de donde estaban arrinconadas, las limpia y las pule otra vez, con el gran poder de su lectura, y las traduce al inglés.

Es muy bello encontrar poemas de Arnaut y otros más, con sus traducciones, en ese libro tan hermoso y sorprendente, que no se sabe cómo pudo Pound escribirlo a sus 25 años (1910): The sprit of romance que indaga, con gran conocimiento, en toda una poética de las lenguas romance, maravillosamente plagada de citas y con sus traducciones, muy dignas de observar, y que tendrían una enorme impronta en su propia poesía, salpicando además a toda la lengua inglesa (luego vendrían las traducciones de Paul Blackburn y otras más).

No hay que olvidar, por otra parte, que así como Pound re-descubrió y puso de nuevo en circulación las lenguas romance, después también lo haría nada menos que con la poesía china. En ambos casos, para Hugh Kenner, de lo que se trataba, para Pound, era de zarandear la poesía inglesa, valiéndose del goce que le procuraban semejantes lecturas y traducciones, siempre transversales y anacrónicas. Todas las edades son contemporáneas, había dicho Pound antes de lanzarse a su aventura romance.

Con un similar talante anacrónico y gozoso, hay que perseguir y volver a escuchar esas tonadas, admitiendo el entrecruzamiento, coexistencia, encabalgamiento, relampagueo de diferentes tiempos históricos que pueden ocurrir durante la lectura de un texto viejo, la contemplación de un cuadro de hace siglos, o la escucha de una catinga de amigo por Youtube.

Despidamos esta página con cuatro más de esas brevísimas joyas, sacadas del mismo libro:

-Embiárame mi madre/ por agua a la fonte fría:/ vengo del amor ferida

-Anoche, amor/ os estuve aguardando/ la puerta abierta,/ candelas quemando...

-Estos mis cabellos, madre,/ dos a dos me los lleva el aire

-Barquero, barquero/ ¡que se llevan las aguas los remos!

[1] Todos esos géneros por supuesto que llegaron y se practicaron en América, aunque, parece, con escasa suerte filológico-académica. Está el libro (descargable) Poesía popular andina, que recoge el material existente en Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. La peor parte del libro, de por sí ya muy mal armado y editado, es la que está encargada a Bolivia. La más jugosa, la concerniente a Ecuador, que por lo visto tiene una gran riqueza de tradiciones orales de manera que se recogen, por ejemplo, muchísimos Amorfinos ecuatorianos como este: Para decirte mi amor/ Tomé dos copas ayer/ Y por culpa del licor/ Se lo dije a otra mujer... Hay, por otra parte, muy buenas antologías de poesía quechua, aymara y guaraní, aunque en viejas ediciones ya agotadas de la Fundación Patiño. Otro tema vasto que oscila entre la antropología, la lingüística y la literatura...

“En esos mundos sobre todo orales, por toda Europa florecieron y en gran número, abandonando ya el latín, juglares y trovadores, poetas cortesanos y de plaza pública”.

Juan Cristóbal Mac Lean E. / Escritor


Mensaje de Página Siete

El periodismo independiente es uno de los pilares de la democracia porque al fiscalizar a los poderes del Estado se logra una Bolivia más justa.

Suscríbete a Página Siete, es una buena causa.

 

Hacer click

 

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS