Historia

Retórica de una épica: Boquerón

A Alfredo Saravia Pérez, uno de los 619.

Letra Siete
La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

Existen razones históricas que consiguen justificar una imagen que bordea lo épico. El caso que me ocupa en esta ocasión es la memorable defensa de Boquerón, parte de la Guerra del Chaco, recogidas en dos obras. Y tanto la historia como la literatura están al servicio de esta epopeya de hace 90 años. El interés de este artículo es ver el orden del relato de estos dos trabajos históricos (en prosa) titulados Boquerón, de dos diferentes autores, en proyección con lo literario. Ambos manejan un tipo similar de estrategia discursiva al momento de entramar la estructura de la narración. Me refiero al diario de campaña que despliega un lenguaje sincrético a favor de la situación narrativa. A todo esto, busco un efímero acercamiento a El texto histórico como artefacto literario, de Hayden White, para consumar mi interpretación.

Antes debo expresar que siempre permanece latente el interés por recordar detalles ciertos de esta hazaña para convertirlos en análisis y reflexión. La defensa del fortín Boquerón estuvo comandada por el teniente coronel Manuel Marzana, conjuntamente 619 soldados bolivianos dotados con 350 fusiles, 13 ametralladoras pesadas, 27 ametralladoras livianas, 2 piezas de artillera Krupp, 1 cañón Schneider y 2 cañones antiaéreos. En 23 días, los disminuidos protagonistas resistieron ante la arremetida de más de 10.000 soldados paraguayos.

Boquerón son dos obras que rescatan este hecho fundamental de la Guerra del Chaco. Cuando me refiero a lo épico destaco que los contenidos de ambos rememoran los logros heroicos de aquel grupo pequeño de soldados. Y los describen héroes con rasgos físicos y espirituales excepcionales que exponen miedo y valentía, al mismo tiempo, para aguantar el primer embate de la contienda guerrera.

Distinguiendo, el primer libro a tratar es Boquerón. Diario de campaña. Guerra del Chaco, del mayor Alberto Taborga T., edición que circula en 1956 gracias a la editorial Canata de Cochabamba. Tiene 112 páginas y se divide en 7 capítulos. De ellos, rescato el prólogo encargado a Porfirio Díaz Machicao, que puede posesionarse como un sumario delicado: “Este bello libro me ha conmovido, pues no pude ni puedo hacer crítica de él. Se me llenó en el corazón y rebasó por mis lágrimas”. En seguida, los demás apartados detallan la secuencia de las gestas. La tercera parte comprende el relato de cada día de la contienda desde la voz de un “oficial” del ejército boliviano.

El segundo tratado es Boquerón. Diario de campaña de Antonio Arzabe Reque, publicado en 1961, en Oruro. Son 170 páginas separados en tres grandes segmentos. El primer capítulo es “A manera de prólogo” escrito por el autor, en el que expone que esta obra nace en las arenas del Chaco y es narrado “bajo el influjo del dolor y la desesperación”. Confiesa que muchos sucesos fueron extraídos del libro de Taborga y de La guerra del Chaco de Aquiles Vergara Vicuña, porque diversos actos los olvidó. El segundo capítulo reúne los sucesos de los 23 días que dura esta contienda. Es importante notar que el narrador del relato es un “soldado” de la tropa.

En los dos entramados sobresalen dos historias: la primera es la consumación de una narración épica que contiene eventos claves de esta destreza cuando enfrentaron a las fuerzas mayoritarias paraguayas. La segunda es indudable que ansían brindar una lección moral a la nación en su conjunto.

Desde estas interpretaciones, la estructura del relato de uno y otro libro comienza en media res. Cada autor rememora el acontecer diario dentro el fortín en tiempo presente, como si tratara de dar parte de lo que sucede en el tiempo de la narración al lector. Un claro ejemplo de esto está en la bitácora del 8 de septiembre de 1932. En el diario de Taborga surge el temor por la presencia de los paraguayos y “se percibe un ruido intenso de camiones. Es la señal inequívoca de aproximación del enemigo. Nuestro jefe ha elevado el parte respectivo al Comando de Muñoz. La respuesta no se deja esperar: – ‘Es necesario dominar el miedo’. (...) La situación se torna más comprometida. Nos sentimos solos. No podremos resistir la avalancha”.

En la misma fecha, Arzabe cuenta que “el combate se ha generalizado en el sector noreste, entre las picadas Antigua y Nueva Isla Poí. Es un ensordecedor traqueteo de disparos. Llegan los primeros heridos, uno de ellos tiene un disparo en el pecho (...) otro tiene el brazo colgando, apenas le sostienen algunas fibras nerviosas; la sangre corre por la blusa de kaki, que también está destrozada; inmediatamente los cirujanos han amputado aquel brazo ya inutilizado”.

En la primera cita el narrador es homodiegético porque es narrador-personaje y testigo, a la vez. En cambio, en el siguiente fragmento el narrador es heterodiegético, tal que solo se limita a contar. En cada discurso, estos personajes describen detalles “terribles” y relevantes que complementan el relato.

El punto de vista de los dos es externo, no están al tanto de todo ni saben lo que piensan los demás. Las dos piezas develan estos detalles narrativos puesto que la lectura tiene una trascendencia novelesca por la forma en que enfocan la trama. Para esta misión recurren a la figura retórica de la hipérbole, por lo cual ofrecen una amplitud situacional relevante de las acciones de la defensa.

Es obvio que el relato de los dos Boquerón no es ficción, pero la forma novelesca en que está estructurada la trama posibilita compartir lo que manifiesta White aludiendo a R. G. Collingwood “en que el historiador es sobre todo un narrador” y para darle sentido a las rupturas del registro histórico hacen uso de una “imaginación constructiva” o tienen “olfato para el relato”. Sin embargo, White concluye que los acontecimientos históricos por si solos no constituyen un relato sino “lo máximo que podría ofrecer al historiador son elementos del relato”.

Antes de finalizar, aclaro que todos los acontecimientos históricos relatados en los Boquerón son verídicos, legendarios y asombrosos. El estatus literario que le asignó al orden del relato histórico es porque el armazón del relato esta sustentado en elementos novelescos. Definitivamente, los narradores relatan bajo la forma de diario de campaña o de guerra logrando usar figuras retóricas y así obtener un novedoso aparato textual estético de un hecho épico sin igual.

“El estatus literario que le asignó al orden del relato histórico es porque el armazón del relato esta sustentado en elementos novelescos”.
“El estatus literario que le asignó al orden del relato histórico es porque el armazón del relato esta sustentado en elementos novelescos”.

Jorge Saravia Chuquimia / Arquitecto

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