Contante y sonante

Te escucho, te conozco

Se levanta, aparta con suavidad al gato que todavía duerme al lado y en esa acción recuerda de pronto a Lucía, su esposa muerta hace dos años. No te muevas, le dice, descansá...

Letra Siete
Por 
La Paz - domingo, 11 de septiembre de 2022 - 5:00

Mientras el personaje habla en el papel, quien escribe lo escucha. No se puede saber cómo es un personaje si no se lo escucha. Cómo habla es cómo es, se dice mientras piensa y mientras piensa escucha a ese otro que no es él, ese otro inventado de manera sonora y que va tomando forma en la medida en la que habla.

Dice cosas sobre su día, un domingo cualquiera, temprano en la mañana. Se levanta, aparta con suavidad al gato que todavía duerme al lado y en esa acción recuerda de pronto a Lucía, su esposa muerta ya hace dos años. No te muevas, le dice, descansá. Es domingo y los domingos están más quietos que un paisaje en una foto, voy a ir por un café, si quieres uno, lo traigo.

A lo mejor me animo y voy por periódico, te aviso. Caminar me hará algo de bien. He soñado cosas extrañas. Entonces se para, se viste con lo que tenía puesto ayer, no le importa mucho, es domingo, casi no habrá gente en la calle, parece que va a ser un buen día, hablando del clima. No está fría la ciudad, es temprano, se escucha esporádicos cantos de pájaros dulces y agudos. Hace años se los escuchaba más, en mayor cantidad. Debe ser que cada vez hay menos árboles por la zona. Los van cortado a medida en que se construye más casas, más edificios, se asfalta las avenidas, se pavimenta los patios, se silencia la mañana.

Lucía, dice en voz alta, solo, en la cocina. Te iba a llevar un café y pan fresco. Además claro, del periódico. El periódico nos silenciaba por largos momentos. No tanto como ahora los celulares pero nos silenciaba. Pero hablábamos de lo que leíamos, alguna vez no estuvimos de acuerdo con los hechos de los políticos. Ahora sé que fueron momentos digamos que perdidos. Ninguna gente de esa calaña, en el poder, vale la pena ser defendida como para perder aunque sea un necesario abrazo a quien se ama. Ya sabes, yo te decía de querer, se quiere un helado, un asado en olla, se quiere un calzón.

Pero amar, eso que pareciera ser ahora cursi y fuera de moda, es hacer, era hacerte saber que importas. ¿sabes? A lo mejor el gato, no yo, es el que no cree en eso de que si hay algún propósito en este transcurrir, es el de hacer cosas por y para los demás, para una persona, para alguien que importa por sobre mucho. Voy a caminar un poco, igual, te voy a ir contando lo que vaya encontrando en el camino, a ver si te acuerdas. Allá, en la esquina, sigue el carnicero que no pierde oportunidad en pesar lo que le pidas, de menos.

Pero siempre supimos que no es ningún tonto porque para quedar bien siempre nos daba yapa, o sea, el peso que faltaba. Nos vendía por tanto el peso justo pero con un valor agregado, obligarnos a hacerle creer que creíamos que era una yapa. En ese poste, el que siempre está lleno de fotocopias pegadas, sigue la fotocopia del chapicito perdido.

Hace tanto tiempo ya que me apena, como a ti, que no lo hayan encontrado. Quién sabe qué habrá pasado. Ya no quiero pensar pero sigue ahí, parece sonriendo en la foto, era muy dulce. Digo era porque no creo en la posibilidad de lo más positivo. Alguien se lo habrá quedado y es feliz. No. No creo. Mirá, el parque, como siempre a esta hora, vacío. Bueno ni tanto. Está el caballero que viene siempre a hacer ejercicios, a veces hace un trote sostenido, otras veces hace sudokus y se queda en buzo sentado. Seguro fumaba porque hace un ademán con la mano derecha y la lleva a la boca como si tuviera un cigarrillo invisible. ¿te fijaste?. Si no, ahora te lo hago notar.

Se está empezando a nublar, ojalá llueva. Tengo ganas de escuchar llover, el sonido de la lluvia en los techos, en el pavimento. La lluvia también nos silenciaba pero para acurrucarnos y hacernos una sola cosa.

Paró de escribir. Ya lo escuché, se dijo, ya lo escuché como para saber cómo es, quién es, cuándo nació. Tengo que ponerle nombre, parecía un buen tipo. No merece vivir mucho más.

“Sé que fueron momentos perdidos. Ninguna gente de esa calaña, en el poder, vale la pena ser defendida como para perder aunque sea un necesario abrazo a quien se ama”.

Oscar García / Músico y poeta


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