Aullidos de la calle

Un mundo para el mundial

En cuatro episodios, la serie Los entresijos de la FIFA explora el origen del “FIFA Gate”; lo que pasa en el fútbol se extrapola a la amoralidad y a la falta de ética del mundo.

Letra Siete
Por 
Santa Cruz - domingo, 20 de noviembre de 2022 - 5:00

A escasos dos meses de la caída de las torres gemelas, Maradona se despedía el fútbol en el estadio de Boca Juniors en noviembre del 2001. El ambiente era emotivo, como tenía que ser la despedida de alguien que era considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. En paralelo, su vida de excesos, sus derrapes, sus escándalos y todo aquello que hacía un marcado contraste con sus logros deportivos provocó que en esa despedida Maradona dijera: La pelota no se mancha.

Ajá, la pelota era sagrada, se separaba de cualquier tipo de acción deleznable, de acto político o ideológico, la pelota estaba por encima de todo. Pero, como en todo, siempre hay quienes se agencian la representación o el control de aquello a lo que se le puede sacar partido, y lo que no era político se vuelve político.

Netflix lanzó hace poquito (y con muy buen timing) una serie documental llamada Los entresijos de la FIFA (FIFA uncovered), tiene cuatro episodios destinados a explorar el origen del FIFA Gate, ese escándalo desatado el 2015 cuando se arrestó a 14 personas relacionadas a la FIFA o a negocios con la FIFA por 47 cargos, entre los que destacaban corrupción, soborno, fraude y lavado de dinero. Como dice un periodista en el primer episodio, los cargos parecerían más cercanos a la mafia y al narcotráfico que a una federación relacionada al fútbol.

La serie cuenta los inicios de la FIFA y cómo pasó de ser algo pequeño manejado por un ex árbitro de fútbol inglés a caer en las manos del ambicioso Joao Havelange, un exnadador y jugador de waterpolo. Havelange se dio cuenta que podría cobrarle a las marcas por ser parte del torneo, y que podía vender los derechos de los partidos, y así fue como la FIFA, y sobre todo el fútbol, se convirtieron en un negocio.

Los entresijos de la FIFA siguen también la subida al poder de Blatter, sucesor casi natural de Havelange. Y de paso nos cuenta cómo eligen las sedes de los mundiales. Nada es casualidad. No solo sirve el dinero, sino también los votos de los países para elegir al próximo presidente de la FIFA o para mantenerlo en el poder. Si ya era triste que un tipo que fue nadador o jugador de waterpolo dirigiera una federación de fútbol, Blatter ni siquiera fue deportista. Las sedes se canjean al mejor postor y hay un complejo entramado de cómplices y criminales de corbata.

No hay nada muy artístico ni talentoso en cuanto a la narración o la forma de contarnos cómo la FIFA merecería tarjeta roja de por vida, solo hay información relevante, que no es poco y siempre se agradece. Porque en los tiempos que corren se ve de manera muy poco acrítica tal celebración (que lleva mucha alegría a la gente) en Qatar, un país cuyas leyes son todo lo opuesto a los derechos humanos y cuyas minorías están tan lejos de la felicidad. Es lo que en el documental llaman sportwashing, una forma de lavar conciencias y limpiar reputaciones a través del deporte. Por eso es que para rematar podemos ver el testimonio del mismo Blatter y del secretario general de Qatar 2022 que intentan desesperadamente hacernos creer que son injustamente cuestionados. Lo único que provocan es un efecto similar al del documental The act of killing: Sabemos que mienten, sabemos que solo hay cinismo y sus testimonios dan asquito.

Daniel Gordon es quien pone la firma a Los entresijos de la FIFA. Son episodios de casi una hora en los que se mezclan la historia, los juegos de poder, el intercambio de sospechosos sobres de dinero, y toda una maraña de situaciones entre dirigentes, futbolistas, políticos y autoridades mundiales que termina siendo lo que vulgarmente se dice: un mierdero.

Se extraña, quizás, la presencia o testimonios de más jugadores que saben de estos negociados. Al fin y al cabo, ellos son la materia prima que se usa para que todo suceda. Maradona en su momento no tuvo empacho en llamarlos ladrones, mafiosos, corruptos, porque detrás de todo lo que es la FIFA como organización en sí misma, el fútbol tiene otra veta de negociados y traiciones que es la contratación y los pases de los jugadores.

Los entresijos de la FIFA se queda en la FIFA y concluye con un panorama pesimista. Lo que pasa en el fútbol se extrapola a la amoralidad y a la falta de ética del mundo en el que vivimos. La pelota ya está manchada, la salida de Havelange dejó a Blatter y la salida de Blatter a Infantino, cambia el collar, pero no cambia el perro.

Uno de los momentos más chocantes es cuando describen el mundial de Argentina en 1978. El estadio Monumental estaba a escasos 500 metros de la Escuela de Mecánica de la Armada donde se torturaban, asesinaban y desaparecían a opositores de la dictadura de Videla. Havelange aparecía al lado de Videla en los partidos. El horror y la fiesta. Cuando se lo cuestionaron dijo que el fútbol y la política no se mezclan. Si estás a 500 metros de la muerte, ya están mezclados.

Hoy comienza, una vez más, un mundial de fútbol. El fan, el hincha, disfrutará al máximo de los encuentros, y capaz que la pelota que no se mancha también sea eso, esa visión inocente, que aún cree en el jogo bonito, en los partidos no amañados, en que todo ocurre sin ninguna mano negra que digite resultados, en el placer de disfrutar y listo, lástima que este mundial sea en una sede en la que es más difícil mirar hacia el costado.

“La pelota ya está manchada, la salida de Havelange dejó a Blatter y la salida de Blatter a Infantino, cambia el collar, pero no cambia el perro”.

Mensaje de Raúl Garáfulic, presidente de Página Siete

 

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