En memoria de René Bascopé Aspiazu

martes, 22 de julio de 2014 · 21:13
Omar Rocha Velasco

Literato

"Bascopé Aspiazu transcurre por las orillas, por los fantasmas de la propia ciudad: artilleros, aparapitas y locos”.

Artículo

René Bascopé Aspiazu fue un escritor que luchó por la democracia; El Basco, como lo llamaban, era una persona absolutamente comprometida con su medio social. A finales de los 70 y principios de los 80 denunció a la dictadura, dirigió el legendario semanario Aquí y tuvo que vivir en el exilio porque su vida corría peligro.
Su apuesta por la literatura era un camino indirecto relacionado con sus ideas, de allí sale el realismo de horror que logra en su escritura. Su lucha política y su escritura son una muestra de cómo el "arte” fue una de las vías más transitadas por esa generación víctima de los regímenes militares más horrendos.
La narrativa de Bascopé se centra en la ciudad de La Paz, esta ciudad se le impone como una exigencia de creación. Bascopé Aspiazu cree que la posibilidad de ser "artista” implica una fusión con la ciudad de La Paz, en otras palabras, ser artista es adscribirse y ceder a los caprichos de la ciudad misma.
Cada cuento y cada una de sus novelas es un pequeño capítulo de una escritura más grande. Cada capítulo es el ingreso a uno de esos cuartos de conventillo donde sitúa su escritura; son fragmentos, escenas, de una gran novela.
Q   uizá la imagen que mejor expresa este lugar está en el cuento Niebla y retorno, cuando el protagonista recuerda algunas palabras que le dijo su abuela: "Recién ahora entiendo y respeto ese inadvertido acto de sabiduría: ella sabía que mis primeros años no eran sólo ceniza”.
Las particularidades del cuento como género literario hacen que éste sea el campo privilegiado de experimentación de nuevos modos y formas de narrar; es la punta de lanza, el campo de experimentación y configuración de los más diversos y ricos universos narrativos.
Sin embargo, y a pesar de ello, Bascopé desmitifica el texto literario como espacio de búsqueda y experimentación, ofrece pequeños relatos de la cotidianidad, explora los repliegues íntimos de la existencia individual y grupal, hurga en las heridas sin costra de nuestra sociedad.
Los personajes de Bascopé Aspiazu son habitantes de un tercer, cuarto y quinto patios, viven atisbando, escuchando, inventando, (des)conociendo misterios, creando santos, santiguándose, purgando culpas, viven del gemido y el rumor de los demás.
Bascopé Aspiazu transcurre por las orillas, por los fantasmas de la propia ciudad: artilleros, aparapitas y locos, ellos saben que no hay pasión ni libertad sin estar en la miseria, al borde de la muerte, en el basural.
No son precisamente los hechos concretos los que lastiman con más saña, sino los ambientes, las presiones constantes contra el espíritu. Enanos, fetos, borrachos, prostitutas, muertos espiritualmente, (in)acabados, bizarros, son los personajes que posibilitan una opción que tiene su centro en los márgenes, en los bordes de la ciudad.
René Bascopé Aspiazu fue otro de los escritores bolivianos que perdieron la vida muy jóvenes, fortuitamente y dejando una incógnita sobre las posibilidades literarias que han quedado frustradas desde su desaparición.
Persiguiendo el misterio que esta muerte acarrea, se puede decir que una intuición rondaba en la cabeza de Bascopé casi todo el tiempo. Cierto apuro en la vida es un testimonio. Cierto prurito por dar a conocer su producción da mucho en qué pensar -no es nada casual que la mayoría de sus libros publicados, por no decir todos menos dos, hayan sido presentados a concursos literarios-.
Llama también la atención esa especie de "purificación” que otorgó a sus escritos y que dio lugar a La noche de los turcos, libro en el que el propio autor seleccionó los cuentos que consideraba más dignos de ser publicados.
Él decía, desde mucho antes del suceso que provocó su muerte, que se iba a morir a los 33 años, y así fue.

Una aproximación al universo, al imaginario literario del escritor paceño.

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