Meditaciones ocasionales

Sergio Suárez Figueroa y su guitarra

La Mariposa Mundial no deja de trabajar en la amplia obra inédita del autor y músico uruguayo-boliviano. Va un pequeño adelanto de las investigaciones.
domingo, 30 de octubre de 2016 · 00:00
Alan Castro Riveros Escritor
 
Ya decía Jaime Saenz en Vidas y muertes que Sergio Suárez Figueroa "era modesto en extremo, y muchos lo conocían no como poeta, sino como guitarrista, pues en efecto lo era, y muy notable por cierto” (170). Valga esta brevísima presentación para desperdigar algunas imágenes que dan cuenta de la tenaz relación que Suárez Figueroa mantenía con la guitarra y con la música.


Los conjuntos

Desde que llegó a La Paz, Sergio Suárez Figueroa trabajó como guitarrista en diversos ambientes y tenía tratos con distintos géneros musicales: el folklore, el jazz, la música clásica y el bailongo. 

De tal manera, Suárez Figueroa ofició de guitarrista en algunos salones de hotel, pero también amenizó junto a diversos conjuntos musicales las noches de locales y boites como el Malí (Plaza del Estudiante), el Galey (avenida Camacho), el misterioso Altri Tempi (situado detrás del coliseo del Don Bosco y sobre el que Suárez Figueroa escribiría un cuento titulado Los piratas del Altri Tempi) y el mítico Gallo de Oro (Obrajes). Además, en Carnaval -época en la que ganaba más dinero que en todos los meses del año juntos- alegraba las jaranas con el conjunto típico de los hermanos Molina.

En 1956, después de regresar solo del viaje que hizo a Venezuela junto a Los Provincianos, Suárez Figueroa -defraudado- abandonó la interpretación pública de música folklórica y se dedicó a la interpretación y al estudio de la música clásica y del jazz. El año de su regreso intentó junto a Mario Ferrari (pianista egresado de la Escuela de Milán) la aventura estética del jazz, a la que Suárez Figueroa relacionaba con la pintura abstracta. La poca difusión del jazz en nuestro país hizo que practicase esta música con intérpretes extranjeros y en ámbitos más o menos exclusivos.

Según leemos en recortes de periódico guardados en el archivo de su familia, Suárez Figueroa impuso en aquel pretencioso medio musical a los músicos bolivianos que no eran aceptados en los locales "exclusivos” de La Paz. Entre esos músicos estaban el pianista Humberto Tapia, el saxofonista H. Monroy y el contrabajista Andrés Molina.

Suárez Figueroa y Alfredo Domínguez

En septiembre de 1960 Suárez Figueroa dio un concierto en el Teatro Suipacha de Tupiza. Sergio tenía razones para visitar Tupiza, pues allí vivían sus amigos Gastón Suárez y Líber Forti -ambos, dramaturgos a carta cabal-.

Aquella interpretó a Francisco Tárrega, Fernando Sor y Félix Mendelssohn. Sin embargo, lo más alucinante de aquel concierto fue el último número: un conjunto de guitarras compuesto por Ginés Vargas, Sergio Suárez Figueroa y el maestro tupiceño Alfredo Domínguez. Habrá que decir que en 1960 Alfredo Domínguez tenía apenas veintidós años y, según sabemos, Suárez Figueroa (que le llevaba 14 años) había compartido cuanto misterio sabía de la guitarra con él. Desde entonces, el bailecito Alto Sud (compuesto por Domínguez) entraría en el repertorio de los conciertos de guitarra de Sergio Suárez Figueroa.

El estudio de la guitarra

1965 es uno de los años más agitados de Sergio Suárez Figueroa como concertista. El 14 de julio da su primer concierto en la ciudad de La Paz, bajo el auspicio del Centro Cultural Bolivia-Brasil. Su presentación tiene lugar en uno de los salones del Instituto Boliviano-Alemán. 

Este concierto es muy importante, pues es la base de una serie de recitales que daría más adelante y en los que busca dar una visión histórica de la transformación de la guitarra a lo largo de los siglos. En ese sentido, la primera parte de este concierto llega hasta el barroco, la segunda al romanticismo y la tercera al folklore latinoamericano. Suárez Figueroa repetiría este concierto varias veces aquel año, ya fuese con motivo del XXXV aniversario de la autonomía universitaria en la UMSA, como parte de los festejos patrios en Oruro o por el precio de cinco pesos en el Club Social de Cochabamba.

Esta serie de presentaciones derivaría en una conferencia-concierto titulada "La evolución de la guitarra de la Edad Media hasta nuestros días”. Este concierto se presentó el 22 de octubre de ese año en la Tribuna de la Alianza Francesa. Su recorrido empieza con un bloque compuesto por una suite de Robert de Vissé (1655-1733) y una pavana del vihuelista Luis de Milán (1500-1561). Como segundo bloque, Suárez Figueroa se entrama en el Romanticismo e interpreta a Fernando Sor (1778-1839) y a Francisco Tárrega (1852-1909).

En cuanto al folklore latinoamericano que compone el tercer bloque, Suárez Figueroa ejecuta dos de sus composiciones: Canción andina y el bolero de caballería Aire de banda. En una entrevista posterior, comentaría en torno a esta última composición que "si bien la música de los boleros de banda posee algunas reminiscencias del repertorio de los vihuelistas no obstante conserva un sabor indiscutiblemente boliviano”. (El Diario, 10 de Julio de 1966). Además de sus composiciones, Suárez Figueroa interpretaría en este bloque al salteño Eduardo Falú (1923-2013) y tocaría una canción popular catalana. Para finalizar, el concertista interpretaría la pieza Las meninas (balada para un tema del pintor Diego Velázquez) -otra composición suya que posiblemente envolvía en una unidad este concierto que despuntaba con aires barrocos-.

 Suárez Figueroa y su guitarra

El mes de julio de 1966 sale un disco EP de Sergio Suárez Figueroa con el sello Méndez. La única composición suya que aparece en este disco (de las tres que interpreta en su conferencia-concierto) es Aire de banda, posiblemente por su relación con el periodo vihuelista, que es considerado por Suárez, el más poético y rico para los guitarristas (Prensa Libre, Cochabamba, 8 de octubre de 1965).

Las piezas incluidas en el EP titulado Sergio Suárez Figueroa y su guitarra son: Lado A: 1. Noche de Moscú (canción rusa) 2. Aire de banda (SSF) 3. Estudio (Fernando Sor). Lado B: 1. Estudio (Dionisio Aguado) 2. Sonatina (Niccolò Paganini) 3. Adelita (Francisco Tárrega).

Aunque este es el único disco de solista de Suárez Figueroa, sabemos que hay muchos otros en los que acompañó con la guitarra, tomando en cuenta que el poeta era parte del conjunto de guitarras que acompañaban a los cantantes en los estudios de grabación Méndez. En ese sentido, el rescate de su obra tiende un puente para el recuperación conjunta de ciertas memorables piezas de la literatura a contrapelo de aquellas de la música boliviana, que con su reaparición concederán nuevos bríos a nuestra deslucida memoria.


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