Cine

Las mil y una noches, juego de azares

El cineasta boliviano Diego Mondaca dialoga con su par portugués, Miguel Gomes, sobre su monumental trilogía Las mil y una noches.
sábado, 13 de febrero de 2016 · 00:00
Diego Mondacca
Cineasta

Desde que tuve la noticia del estreno de Las mil y una noches (2015), de Miguel Gomes, mi curiosidad por ver la trilogía fue inmensa.

A los pocos meses de haber llegado a París, fue la primera película a la que asistí. La pasaban en idioma original, lo que representaba una ventaja para mí dadas mis limitaciones con el francés. Pero igualmente la apuesta para el espectador era titánica. Seis horas de película divididas en entregas de tres volúmenes: El inquieto, El desolado  y El encantado. Cada volumen con una duración aproximada de dos horas.

En Francia la trilogía fue estrenada, volumen por volumen, con intervalos de dos semanas entre cada uno, es decir que asistir a Las mil y una noches tomó al menos un mes y medio; casi 45 días con la misma película en la cabeza. Para mí, como para muchos, representó una nueva manera de asistir al cine. Un evento.

Hace pocos días, luego de incansables intentos por contactar a Miguel Gomes, gracias a una amiga francesa-cochabambina pude asistir a la presentación de los 3 DVD de Las mil y una noches, con la presencia del autor y conversatorio incluido.

Llegamos con Alexa poco antes del inicio, lo suficiente para que me presente con Miguel y pedirle, casi a quemarropa, una entrevista. Para Bolivia es, diciendo. Miguel aceptó con una condición, "que sea corta, unos 10 minutos”. Le pedí que sean 11 y al final tuvimos poco más de 40 minutos de amable conversa.

Las mil y una noches, cuenta Gomes, marcó su infancia. "Yo lo imaginaba como mi país, Portugal, igualmente delirante, por eso la película es muy surrealista, como el libro (…). "En el libro Las mil y una noches ocurre algo muy contrario a la literatura occidental, no hay mucha psicología de personaje. Un personaje puede cambiar completamente de comportamiento al medio de la historia, y eso para mí tiene una fuerza poética inmensa (…). Ese libro hace parte de otra cultura, entonces es muy loco para mí, hay transformaciones y un delirio poético que me encanta”.

Entonces, también la película tiene esos detonantes, poéticos y rocanroleros, digamos. Se compone a base de hechos reales narrados como cuentos absurdos, alegóricos y con un sentido del humor muy fino, muy portugués. Ahí el autor. El inquieto, El desolado y El encantado dan cuenta de la situación político-social actual del que es el país de Miguel Gomes, un Portugal que mira a Europa de manera distinta, y al que Europa mira de reojo.

Las historias que cuenta Scherezade en la película suceden en un Portugal contemporáneo, (y la Europa de hoy), en crisis económica y ebullición social. Habitado por ricos y pobres, poderosos e insignificantes, trabajadores y desempleados, ladrones y hombres honestos. No hay un asunto o un tema en concreto. Se plantean, al mismo tiempo, una gran cantidad de temas, problemas y posibilidades tremendas -como en el libro-, desde la Troika, pasando por la soledad y el suicidio.

"El equipo se identificaba con esa idea de hacer una especie de retrato de Portugal. Seguir lo que pasaba y luego de unas semanas de elaboración del guión (escaleta) salir a hacer la puesta en escena de la realidad.

Esto representa un fuerte e importante vínculo con nosotros, con los portugueses que habitamos ahí. Eso interesaba y motivaba al equipo. Más que hacer una película, estábamos haciendo cine sobre algo que era muy importante para la sociedad portuguesa y en la que toda la gente que trabajaba tenía una relación. Porque en el Portugal de los últimos años muchas cosas cambiaron para peor”, comenta.

Se filma y al mismo tiempo se mantiene un estrecho contacto con la realidad, compaginando ficción y retrato social. Alfombras voladoras y huelgas. Todo junto. Imaginación y realidad que nunca pueden ni podrán vivir una sin la otra. Un territorio donde lo imaginable es tan real como lo real. Ahí el autor, nuevamente. Entonces lo que comenzó de cierta manera va fluctuando, como un río, entre los desniveles del suelo, y la película termina a su manera, siendo tres y una sola a la vez.

En la primera escena del Vol. I, y en primera persona, el cineasta comparte sus angustias antes de huir y dejar "huérfano” al equipo de rodaje en pleno set, confesándose incapaz de hacer una "bonita película” que cuente historias maravillosas y seductoras y simultáneamente acompañar la situación actual de Portugal y los portugueses.

Gomes quiere hacer algo que, en el buen sentido, considera "imposible”, una "película militante que de pronto olvide la militancia y se ponga a escapar de la realidad”.

La primera escena "surgió de la imposibilidad de filmar a los trabajadores que construyen los barcos. Ellos no podían o no se les permitía en ese momento estar a nuestra disposición. Entonces nosotros, todo el equipo, tuvimos que permanecer en el hotel, esperando. Yo tenía la sensación de que había que filmar lo máximo posible. Estábamos en una ciudad que sufre mucho por el hecho que sus astilleros están cerrando, su principal fuente de empleo, y me parecía que era bueno no solamente contar la historia de eso (…). Entonces improvisamos esa primera escena. Un equipo de filmación que está intentado hacer una película y que tiene su propia crisis. Un director que tiene un proyecto que es muy complicado para él y que es muy cobarde para afrontarlo, entonces huye. Una crisis entre abejas y avispas, el drama de los trabajadores de barcos. Es la idea de crisis, una crisis que tiene muchas formas. Entonces por eso era importante iniciar el filme con esa escena, y de esa manera”, cuenta Miguel.

Las mil y una noches da la impresión de ser infinita. Se la puede mirar en el orden propuesto: 1, 2 y 3, o de manera opuesta 3, 2, 1, o 2, 3, 1, o de todas las otras combinaciones posibles que, con seguridad, darían impresiones también infinitas.

"Me gusta esa idea de romper la manera lineal en la que estamos acostumbrados a contar las historias. Me gusta que la película tenga muchas maneras de ser vista e interpretada, que las distintas historias que se exponen dialoguen entre ellas, generando cambios y relaciones entre una parte y otra.

Eso me gusta porque además depende de la memoria del espectador. La división en volúmenes y que se pueda cambiar el orden propuesto, provocando que cada experiencia sea virtualmente distinta para cada persona, considerando también el tiempo que existe entre medio al asistir a un volumen y a otro. Me encanta que la película pueda existir también dependiendo de la manera que el espectador se disponga a verla. Entonces, de cierta manera, es verdaderamente el espectador quien inventa la película”.

Ahí la honestidad de un autor que tiene la generosidad de situar en igualdad al espectador, otorgándole poder creativo, poder de elección. Provocando.

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