Entrevista

¿Do you speak spanish?

Acaba de fallecer Gregory Rabassa, un ícono de la traducción de clásicos latinoamericanos al inglés. En un diálogo por teléfono en 2010, conversamos con él sobre su trayectoria y su breve experiencia con las letras bolivianas.
sábado, 18 de junio de 2016 · 00:00

Martín Zelaya Sánchez

"Many years later, as he faced the firing squad, Colonel Aureliano Buendía was to remember that distant afternoon when his father took him to discover ice”. Seguramente ya identificaron esta frase. Es la traducción al inglés de uno de los inicios de la novela más famosos en la literatura en español, el de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”. 

La versión al inglés, la primera, la más conocida, la que prácticamente consolidó al boom de la literatura latinoamericana en EEUU, es de Gregory Rabassa, célebre traductor fallecido la semana pasada a los 94 años.
 
Este académico, lector empedernido y dominador de media docena de lenguas, cobró fama mundial precisamente cuando en 1970 Gabo declaró: "Prefiero la versión en inglés de Cien años… antes que la mía”. 
 
En mayo de 2010, logramos ubicar a Rabassa, quien amablemente atendió un diálogo telefónico de media hora, ligado por una breve pero grata experiencia suya con la literatura boliviana: la traducción del cuento El pozo, de
Augusto Céspedes, por encargo de su amiga, la promotora de arte paceña  Rosario Santos. 
 
Una voz aguardentosa pero firme, para alguien de –entonces- 88 años, responde al otro lado de la línea en Nueva York. "Do you speak spanish? (¿habla usted español?), le preguntamos desde La Paz, y responde con un directo "sí”. 

- ¿Qué es para usted la traducción, cómo encara el trabajo? 
- Es difícil precisar… la traducción es una lectura, un estudio; si uno es un lector creativo entonces puede reescribir lo que está leyendo en su propia lengua. Eso hice con Rayuela, pero no con Cien años de soledad, porque ya había leído el libro antes. 
 
Luego viene la etapa de copiar la traducción, mejorándola. Es entonces donde hay un trabajo más arduo de trasladar ideas -no solo palabras- de un idioma a otro, pero siempre digo que traducir es ante todo una lectura. 

- ¿Cuánto hay de interpretación, de aporte propio, en esta labor? 
- Se tiene que interpretar en la medida en que al releer lo traducido se vea algún problema, algo que no está claro o que no suena bien; entonces hay que cambiar la selección de palabras. Pero, por supuesto, manteniéndose fieles al original; yo siempre digo que hay que hacer todo lo posible por escribir lo que el autor hubiese escrito si lo hiciera en inglés. 

- ¿Cómo fue su experiencia con Rayuela? 
- Muy interesante porque fue mi primera traducción. Antes había trabajado en algunos cuentos y cosas cortas para una revista de la Universidad de Columbia; lo hacía por necesidad porque no contábamos con un especialista… nunca hasta eso había pensado en dedicarme a la traducción de manera seria. 
 
Entonces me llamaron de una editorial y me plantearon traducir Rayuela. Yo no conocía el libro, aunque sí la obra de Cortázar. Pasé algunos capítulos para muestra, y le gustó tanto a la editora como a Julio. Él acabó siendo mi gran amigo, pues teníamos mucho en común en nuestros conceptos sobre la escritura y el arte. 

- ¿Y con Cien años de soledad? 
- Bueno, esa es una novela completamente distinta en cuanto al estilo; pero creo que hasta cierto punto es un poco más fácil (de traducir) porque Gabo es un maestro de la lengua, no inventa tanto y más bien utiliza las palabras como se deben utilizar. 
 
Lo que yo hice, una vez que conocí bien su estilo, fue imaginarlo escribiendo en inglés, nada más. García Márquez no es tan amigo mío como lo fue Julio, pero pasamos algunos momentos juntos cuando le tocó venir a Nueva York. 

- ¿Qué otras experiencias de traducción rescata? 
- Trabajé con una gran variedad de escritores latinoamericanos, sobre todo modernistas y contemporáneos. De Argentina, a Luisa Valenzuela y Manuel Mujica Láinez -nunca a Borges, me hubiese gustado, pero Borges ya estuvo traducido de sobra en España-; de Chile, a José Donoso, casi todas sus novelas cortas; de Perú, a Mario Vargas Llosa. También a muchos autores brasileños, pues tengo un doctorado en literatura brasileña. Dos obras de Machado de Assis, y algo de poesía, recuerdo un librito de Vinicius de Moraes que incluía La garota de Ipanema y otros poemas. 

- ¿Y de Bolivia? 
- Que recuerde, solo un cuento de Augusto Céspedes para la antología The fat man from La Paz (2000), de Rosario Santos. No recuerdo mucho esa experiencia, creo que no hubo mayor problema. Como lector, me gustaban algunos autores bolivianos que escribían sobre temas laborales, mineros, pero no recuerdo mucho… 

- ¿Por qué le cuesta tanto al estadounidense abrirse a las artes, a la cultura de Latinoamérica?
- Es así también con la literatura de cualquier parte del mundo. La venta de libros de ficción es en gran parte de autores locales, en contraste con países de América Latina y Europa, donde se recibe de todo más ampliamente. Este país es muy provinciano, hasta cuando la gente viaja casi nunca sale de sus fronteras, y si entran a otra cultura es más como antropología, no por confraternidad, no con sentido de igualdad. 

 

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