Crónica

Los libros de la feria

Brevísimos apuntes del primer fin de semana de la Feria del Libro de Santa Cruz, y una parcial y arbitraria recomendación de los que creemos son los libros bolivianos que valen la pena.
sábado, 4 de junio de 2016 · 00:00
Martín Zelaya Sánchez
 
Para bien o para mal, y para bien y para mal, la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra, cuya XVII edición concluye mañana, ya tiene un ritmo y una tónica propios, casi invariables.

A la hora de hacer una crónica podríamos detenernos en hacer notar (no por primera vez) las falencias que año tras año se evidencian: desmedido costo de la entrada (Bs 20), falta de organización en la agenda cultural (invitados poco informados, anfitriones o moderadores no preparados para dirigirlos, mesas suspendidas), entre otras pocas; pero no lo haremos.
 
En esta página comentaremos, entonces, lo principal de lo bueno, los puntos altos del evento: los libros, claro, sin dejar pasar la oportunidad de destacar tres "parabienes” que ya son un capital de la FIL cruceña: el Festival Internacional de Poesía, organizado por un equipo de incansables vates a la cabeza de Gabriel Chávez; los invitados internacionales de peso: este año la cronista argentina Leila Guerriero y la poeta y narradora nicaragüense Gioconda Belli; y finalmente, la militante y encomiable participación activa de las "fuerzas literarias vivas” de la ciudad, que tengan o no actividad, visitan e interactúan por los stands de libros y las salas de conferencias y presentaciones, al contrario de lo visto en los otros dos grandes eventos de libros en La Paz y Cochabamba.
 
Hay que decir algo más, la Cámara Departamental del Libro decidió este año otorgar su Premio Anual a la trayectoria literaria al escritor y gestor cultural Homero Carvalho Oliva (cuyo discurso de agradecimiento se publica en estas páginas), en reconocimiento a cuatro décadas de labor en las letras y la promoción de las artes bolivianas.
 
A lo dicho, los libros. No es novedad, ya que desde hace un lustro o más lo más fuerte y esperable de las FIL de las tres ciudades del eje sea la oferta de las editoriales locales y nacionales, pues aunque hace ya un par de gestiones de desgravó el IVA para los libros importados, las librerías siguen reduciendo su oferta a best sellers o autores muletilla (Vargas Llosa, García Márquez, Murakami, Kundera, etc.), obviando un sinfín de novedades disponibles en otros países, y tampoco hacen esfuerzos notorios por bajar los precios.
 
Ofrecemos entonces, a ojo de buen cubero, una escueta relación de lanzamientos y reediciones de obras nacionales presentadas en la feria, que no deben perderse de vista.

Novedades

- Las visiones, Edmundo Paz Soldán (Nuevo Milenio-Páginas de Espuma): Si habría que nombrar el libro de la feria, no deberían quedar muchas dudas. El cochabambino retoma en esta colección de cuentos el universo de Iris, presentado en su última novela, en la que la ciencia ficción sirve como canal para narrar-interpretar no tan descabellados posibles escenarios del futuro de la humanidad. El libro, lanzado hace poco en España, cosechó ya no pocos elogios en la prensa ibérica.

- Génesis 4:12, de Adhemar Manjón (Perra Gráfica): Depresivo, ansioso, un looser total. El protagonista de esta novela rechaza infaliblemente todos los trabajos que -ni él sabe bien por qué- se afana en conseguir. No tiene objetivos, motivaciones, pasiones, ni siquiera valor para matarse, como en algún momento se tienta. No puede sacarse de la cabeza a Vero, su ex, pero tampoco termina de animarse a reconquistarla. Se pasa los días, semanas, meses vagando, viendo tele, bebiendo y yendo de putas. Solo o a veces con algunos amigos cuyas vidas se infieren igual. De esto va, más o menos, la opera prima del periodista cruceño.

- Desvelo, de Saúl Montaño (Perra Gráfica): Sobrevivir con trabajos eventuales y el sueldo del papá. Salir en carro o moto a buscar dónde beber, con quién acostarse o con qué amigos irse al local de putas de moda. Aunque no se especifica, y de hecho se mencionan nombres diferentes, el personaje narrador de los relatos es el mismo (¿es él mismo autor?): un hombre en el final de la veintena, que vive sus últimos días en su pueblo natal o sus primeros como inmigrante en la periferia cruceña.

- Perdido viajero, de Rubén Vargas (Plural): "Podemos sentirnos afortunados. Rubén Vargas antes, en entregas quincenales, y ahora sus compañeros de vida, mediante este libro, nos regalan una hilera de bocados, piezas exquisitas zurcidas con letras para el goce expedito de los transeúntes y allegados. Pase usted y sírvase con confianza”, escribe Rafael Archondo en el prólogo de este libro que recoge las columnas de prensa del desaparecido poeta y periodista, y que será el primero de tres que integrarán sus obras completas.

- Desérticas (3600) y Temporarias (Perra Gráfica), de Emma Villazón: Cuentos y poemas. Dos libros póstumos de la destacada autora. Dos ediciones rescatadas y cuidadas por Andrés Ajens y Giovanna Rivero, entre otros. Una imperdible oportunidad de revisar y rescatar el estro poético de la tempranamente desaparecida cruceña. Sobre Desérticas, escribe Rivero: "en estos nueve cuentos, de una belleza y una elegancia que no están sujetas a los tonos cambiantes del tiempo, uno pierde la noción de esos límites, como en las vastas "regiones desérticas”.

- Matilde Casazola. Obra poética Vol. 1. Serie autobiográfica (Editorial 3600): Una de las ars poetica bolivianas indiscutibles. El inicio de la publicación de la totalidad de la prolífica producción de la también compositora chuquisaqueña.

- La crítica y el poeta. Eduardo Mitre, de Mónica Velásquez et. al. (Plural): Es el décimo volumen de la colección que dirige Mónica Velásquez, encabezando un equipo de alumnos y egresados de la Carrera de Literatura de la UMSA. Esta vez, como se lee en una nota de prensa, "ocho ensayos vuelven los ojos a la obra poética y crítica del poeta orureño para reconocer en él un hito de la poesía boliviana y un legado al lenguaje poético”.

Reediciones
 
Editorial El Cuervo presenta dos libros clave de la nueva narrativa boliviana: 98 segundos sin sombra, la novela de Giovanna Rivero editada hace un par de años en España por Caballo de Troya (y sobre la que en estas páginas Anabel Gutiérrez escribe una amplia reseña), y Una casa en llamas, de Maximiliano Barrientos, libro de relatos inicialmente editado en Argentina por Eterna Cadencia.
 
La Hoguera, dentro de un largo catálogo de lanzamientos, se manda un acierto: una de las primeras novelas del tarijeño Gonzalo Lema, La huella es el olvido, una breve pero  contundente y arrebatadora narración ambientada en los primeros años de la república y con el exguerrillero de la independencia  Francisco Burdett O’Connor como protagonista.
 
Por su lado, Kipus, de Cochabamba, sacó la quinta edición de Potosí 1600, de Ramón Rocha Monroy, una de las más exitosas y consagradas obras merecedoras del Premio Nacional de Novela, y la clásica Manchay Puytu, de Néstor Taboada Terán
 
Y, por último, una iniciativa independiente: Rock boliviano, de Marco Basualdo. La segunda edición de este valioso catálogo-álbum que presenta decenas de fichas sobre todos (o casi todos) los grupos de rock que surgieron en Bolivia desde mediados del siglo pasado al presente. Un aporte fundamental para la bibliografía de consulta.

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