MIRABILIARIO

A las parcas

domingo, 24 de julio de 2016 · 00:00
Dadme un estío más, oh poderosas,
y un otoño, que avive mis canciones,
y así, mi corazón, del dulce juego
saciado, morirá gustosamente.

El alma, que en el mundo vuestra
ley
divina no gozó, pene en el Orco;
mas si la gracia que ambiciono logra
mi corazón, si vives, poesía,
¡sé bien venido, mundo de las
sombras!

Feliz estoy, así no me acompañen
los sones de mi lira, pues por fin
como los dioses vivo, y más no anhelo.

Pan y vino

7
¡Pero amigo! Llegamos demasiado
tarde. En verdad viven los dioses,
pero sobre la cabeza allá arriba
en otro mundo.

Sin fin actúan allí y parecen no
prestar atención
si nosotros vivimos, con tanto cuidado
nos tratan los celestes.

Pues no siempre puede darles cabida
una vasija débil,
solamente en ciertos tiempos soporta
el hombre la plenitud divina.

Un sueño de ellos es después la vida.

Pero la sala de los desvariados
ayuda, como adormecimiento, y
la necesidad fortalece y la noche,
hasta que héroes suficientes hayan
crecido en la cuna de hierro,
los corazones son en su fortaleza,
como antes, semejantes a los celestes.

Tronando vienen entonces ellos
después. Mientras tanto pienso a
menudo
que mejor es dormir, que estar así
sin compañeros,
que aguantar así, y qué hacer entre
tanto y qué decir,
no lo sé, ¿y para qué poetas en
tiempos de penuria?.
pero ellos son, dices tú, como los
sacerdotes sagrados del dios del vino,
los que fueron de un país a otro en
noche sagrada.

Friedrich Hölderlin (1770-1843)  Poeta, novelista y dramaturgo alemán. En 1793  publicó sus primeros poemas con la ayuda de Friedrich von Schiller, quien además fue su protector. Traductor de Sófocles y Píndaro, es autor de una valiosa obra poética y dramática que lo convirtió en el más grande representante del romanticismo alemán. Es recordado principalmente por sus odas y elegías. (Selección: Gabriel Chávez Casazola)

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