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Elena Ferrante: la saga de las dos amigas

Reseña de la serie de novelas que deslumbra a lectores y críticos… casi tanto como el misterio que envuelve a su autora.
domingo, 28 de agosto de 2016 · 00:00
Carlos Decker- Molina  periodista y escritor
 
Llegaron a mi poder los cuatro volúmenes digitales. Venían precedidos de fama. El New York Times: "Deslumbrante”. Juan Marsé: "Las novelas de Elena Ferrante me han tenido atado al sillón, leyendo y celebrando unas páginas donde la emoción nunca es banal: el dolor y la alegría de sentirse vivos están ahí para que el lector los haga suyos y todo lo que dice es necesario, sin que sobre ni falte un solo adjetivo”. Para The Guardian, Ferrante se merece el Nobel de Literatura. 

Pero ¿quién es Elena Ferrante? Nadie lo sabe y esa duda, convertida en incertidumbre, me hacía dudar de leer los cuatro volúmenes, pues pensaba que era un nuevo atajo de mercadotecnia. 

Me fui a la red a leer más sobre la escritora, que bien podría ser hombre; es más, hay quien creía que  Ferrante era Domenico Starnone, pero éste lo negó rotundamente.

Lo que Ferrante quiso que se supiera de ella está en un pequeño libro titulado Frantumaglia, donde se recogen una entrevista y unos apuntes personales sobre su modo de entender la vida y la escritura.

Vanity Fair la entrevistó por correo electrónico. De ambas fuentes, se desprende que Elena Ferrante es mujer, napolitana, madre, separada y mayor de 60 años, a la que nadie ha visto. Confesó que había escrito la tetralogía napolitana bajo el hechizo de Mentira y sortilegio de Elsa Morante.

A pesar de esos datos pobres, me atrevo a decir que la saga tiene matices autobiográficos, no sólo porque está escrita en primera persona sino porque Elena Greco, el personaje que relata la saga, tiene un poco más de 60 años cuando comienza a contar su historia junto a su amiga Lila Cerrullo, además la Greco de la novela es también escritora.

En el primer libro, La amiga estupenda, todo comienza con un prólogo. Elena recibe una llamada telefónica de Genaro, a quien conoce desde su nacimiento y lo llama Rino, es el hijo de su gran amiga Lila Cerrullo.

Rino me llamó esta mañana; pensé que iba a pedirme más dinero y me preparé para decirle que no. El motivo de su llamada era otro: su madre había desaparecido

- ¿Desde cuándo?

- Desde hace dos semanas.

- ¿Y me llamas ahora?

Lila no había salido nunca de Nápoles.

- Por favor, de vez en cuando compórtate como a ella le gustaría; no la busques.

- Pero, ¿qué dices? Es mi madre.

- Lo has oído. Es inútil. Aprende a vivir solo y a mí tampoco me busques más.

Lila Cerrullo, es la hija del zapatero. Amiga del barrio napolitano. Iban a la escuela juntas y eran muy buenas compañeras y amigas. 

La novela no se detiene a buscar a la desaparecida, sino que vuelve a los años de la postguerra cuando ambas eran dos niñas que pierden sus muñecas en un sótano tenebroso.

La intriga es de thriller. La trama de culebrón. Es una novela realista desde el punto de vista sociopolítico y tiene matices propios de la literatura fantástica. Es todo eso, pero tampoco ninguno de ellos a cabalidad.  

Los cuatro libros cuentan los altibajos de la amistad, el sexo -hay escenas que me recordaron a la Bolivia mojigata de los años 50-, la relación con el cuerpo y el abismo de lo doméstico. Más luego, figura predominantemente la maternidad y la relación entre familias. Lo interesante es el contexto político que no sobresale frente al relato lineal, pero fluido, dicho por una sola voz. 

Figura, luego, la época de la universidad y de las sesiones políticas permanentes. La lucha armada, la panfletaria… y, de trasfondo, Elena siempre estudiando y leyendo, pero no ausente del contexto, al contrario, como un personaje más.

Se advierte rápido que el barrio vive la pobreza postbélica. Hay recovecos de fascismo. Una familia, la madre usurera con un libro rojo más "peligroso que el de Mao” que tiene dos hijos, los niños "bien” del barrio con auto a disposición. La familia de Enzo, el comunista. Lila y Elena al medio de esos extremos, pero, actuando en sus bordes o dentro. La nitidez de las diferencias de clase se patentiza con la aparición de los Airota, los burgueses intelectuales, socialistas y alentadores del saber y el conocimiento.

Es una saga que tiene de todo: a medida que las niñas crecen, se hacen jóvenes, madres y al final viejas, unos aparatos con tarjetas perforadas se incorporan a la producción y luego unos aviones atacan las torres gemelas de Nueva York. El ritmo de la narración es delirante, avanza en movimientos pendulares entre el hiperrealismo y la ensoñación etérea.

Pienso que gusta, sobre todo a la generación de los 40, porque nos recuerda a nosotros mismos, con las distancias geográficas e históricas. A todos nos pasó más o menos lo que le pasa a Nino, uno de los personajes que no desaparece en toda la saga. 

Si las novelas sobre familias tuvieron su apogeo, ésta es una novela de amigas, pero ahí están las familias y algunas muy decisivas en el barrio y en la vida de ambas.

Para finalizar esta reseña y hacer una síntesis redonda del contenido de los cuatro volúmenes, acudo al primer libro.

Elena Ferrante cita a Goethe en su Fausto:

"El hombre es demasiado propenso a adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio”.

Elena Greco necesita el estímulo de Lila Cerrullo, el demonio de la saga. Lila, la que desaparece y abandona a su hijo Genaro, empieza todo. Pero finalmente Elena se da cuenta junto a los lectores, que siguen su vida paso a paso durante cuatro volúmenes, que ya ni siquiera alcanza con Lila, que ya no es más que una vieja que sólo recuerda, porque ya no puede ser la protagonista.

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