Entrevista

John Campos y el cine radical

Un diálogo con el programador de festivales-realizador: un lazo “nuevo” en el mundo audiovisual contemporáneo, a propósito del próximo Festival de Cine Radical en Bolivia.
domingo, 28 de agosto de 2016 · 00:00
Mary Carmen Molina Ergueta Crítica de literatura y cine

 

El programador principal del Festival de Cine Radical se presenta como un cinéfilo. El peruano John Campos trabaja como programador independiente   para festivales, centros culturales y universidades en   Perú y Latinoamérica. Desde la primera versión del Radical, es el responsable de la programación de Panorama Radical, un recorrido anual por las cintas de lenguajes y modos de producción más innovadores en el mundo, y Radicalismos Peruanos, un acercamiento al más reciente cine radical del vecino país. El Festival 2016 en Bolivia  será del 14 al 24 de septiembre en La Paz y, antes de su inicio, John Campos conversó sobre la labor de los programadores en el mundo del cine hoy en día.  

  ¿Cómo es tu trabajo de programador en festivales?

  Considero que mi trabajo es compartir cine. Suena sencillo y debería serlo. Sin embargo, de manera natural me incliné por proponer un cine sesgadamente marginado más por su limitado valor de producción que por su propuesta discursiva o por su riesgo estético. Como centrar lo arbitrariamente descentrado. 

  Además del Festival Radical de Bolivia, ¿en qué festivales programas películas?, ¿cuáles son las características de tu trabajo según cada festival?

 En el Festival Distrital (México) se busca proponer películas que se escapen al canon del "cine de prestigio” que se exhibe en los festivales Clase A como Cannes, Venecia y Berlín, como si ello ya validara la calidad de filme per se. 

En el Festival de Valdivia (Chile) se pretende poner en el centro del programa las películas más arriesgadas que se vean precisamente en esos festivales Clase A, las que mejor se desmarquen de la corrección formal y discursiva que impera en esos espacios. Además de descubrir algo inédito de cinematografías poco desarrolladas como la boliviana, peruana o películas más modestas de México, Brasil o Argentina. 

En Transcinema (Perú) buscamos películas de no-ficción (documentales de autor, ficciones no-narrativas, películas de experimentación cinematográfica) que amalgamen el riesgo formal con temáticas atractivas para un público más amplio. 

Y en el Radical (Bolivia) es prioridad mostrar películas que desde su forma y fondo proyecten una impresión de asequibilidad para hacer películas. Producciones que desmitifiquen la idea de que el cine es caro y demandante, y que estimulen la realización con los recursos que se tengan a la mano. Es mostrar películas para provocar el hacer películas. 

 ¿Cuál es la vía más efectiva hoy en día para mostrar una película en festivales? 

La vía más efectiva es que los realizadores mantengan relación profesional con los programadores. Los cineastas independientes hacen las películas y los programadores las muestran en el mejor contexto posible para su visibilidad y comprensión. El programador no debe ser alguien que sólo escoge las películas que quiere mostrar sino que, además de buscar y hacer seguimiento al trabajo de los realizadores, participa activamente de la actividad cinematográfica con crítica, asesorías y demás colaboraciones. 

Es así que el lazo cineastas-programador se estrecha y fortalece, a base de  la mutua colaboración de ambas funciones. Ahora, si me preguntas cuál es la vía más fácil, es la de tener mucho dinero para pagar derechos de exhibición a todo mundo. De esa manera nunca me ha tocado trabajar y así tuviera la chance, me parece bastante impersonal y de índole mercantilista.
 
Lo ideal sería hacer un trabajo de campo como programador/crítico y poder ofrecer dinero al cineasta a cambio de exhibir las películas. Pero eso sólo lo pueden hacer no más de cinco festivales en el mundo.

 ¿Cómo te acercaste a Bolivia?

Fue a través del compañero radical Sergio Zapata a quien conocí en el Talent Campus del BAFICI en  2011. Luego me invitaron al Bolivia Lab 2012 y vi que el contexto estaba dado para un festival con las características del Radical. En aquel Bolivia Lab se pensaba en un cine con altos valores de producción y en la construcción de una industria, aspiraciones válidas pero fuera de lugar para cinematografías de producción exigua porque ese pensamiento aleja a la gente del cine en lugar de acercarla. 

Es un tema delicado pero no hay que rehuirle. Entonces fue en 2012 que se empezó a cocinar la idea de un festival de cine independiente en La Paz.

¿Por qué programar para el Radical?

Porque participé de la idea desde el principio. Si bien me fue imposible participar de la gestión desde mi ciudad, Lima, estuve siempre atento y pendiente a las novedades relativas a su producción. Y porque me encanta hacerlo. Es el evento de cine más horizontal que conozco, más participativo, más relajado y más literalmente radical.

Importan las películas a base de que propongan convivencia y discusión. Es como un cine-foro permanente, pero relajado, sin aires de solemnidad académica. Debería poder autosustentarse como todos los buenos proyectos independientes para poder realizarlo sin contratiempos, pero su espíritu siempre debería ser ése. Radical se siente como de todos quienes lo han podido visitar y eso es hermoso.

 

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