Entrevista

Luis García Montero, poesía como reivindicación

A pocos días de su llegada a Santa Cruz, el reconocido poeta español conversó con LetraSiete sobre su conciencia poética y otros temas.
domingo, 4 de junio de 2017 · 01:05

Martín Zelaya Sánchez

 

- Tantos años después de que fue considerada una innovación (la cultivaron los de la generación del 25), se lo vinculó a usted con la "poesía de la experiencia”. ¿Cómo ve de "salud” a esta manera de concebir la poesía, en el ámbito literario actual, y cómo se lleva con ella en su evolución poética de los últimos años?

- La poesía realista es una de las grandes tradiciones de la modernidad. Lo que ocurre es que otras tradiciones han querido negarla, creyendo que el poeta debe inventar un lenguaje distinto del de la comunidad y encarnar la figura de un elegido de los dioses en vez de un ciudadano como otro cualquiera. Esa idea se extendió en España al final de la dictadura de Franco, siempre interesada en alejar la poesía del debate histórico, y cuando nosotros empezamos a escribir en los años 80 se nos llamó "poetas de la experiencia” porque no nos gustaba el culturalismo o el experimentalismo. 

Creo que una de las grandes tonterías literarias del siglo XX ha sido confundir la calidad poética con el hermetismo o con la desfiguración del lenguaje, y separarse de una tradición que viene de Jorge Manrique, Garcilaso o San Juan de la Cruz. Poetas como Antonio Machado o Borges son mucho más modernos que los experimentalistas envejecidos del siglo XX. 

La poesía es enemiga de la palabrería, de esa acumulación de palabras que caen como ceniza en cuanto se agita un libro con una verdad. Creo que en la poesía europea se ha impuesto una vuelta a la realidad. Se ha superado el antirrealismo, porque estaba originado por una simple rabieta poética. Como la sociedad es cada vez menos poética, se pensó que la poesía debía ser cada vez menos social. Y esa fue una reacción muy infantil. 

- Con similares criterios aparece luego la "poesía ante la incertidumbre”. Dicho esto, ¿será posible que la poesía pueda pensarse siquiera parcialmente más allá de la individualidad del poeta y el lector… sea esta hermética o no, sea esta social o incluso política? 

- La poesía es una reivindicación de la conciencia individual y del lenguaje. Pero es que el lenguaje es un patrimonio de una comunidad, no un vertedero de ocurrencias, y los individuos se educan y se forman en sociedad, no se forman en las nubes. Por eso me parece tan peligroso que un individuo diluya su conciencia individual en un Todo como que otro individuo se crea que vive al margen de la sociedad que le ha dado su ser y sus palabras. Estas tonterías están ya muy superadas en la poesía. 

Leo con mucha simpatía a los "poetas de la incertidumbre” porque han reivindicado la emoción como valor alto en poesía y miran a la realidad desde su conciencia. El neobarroquismo es, sin embargo, un fraude que pretende vender como poesía un ejercicio de simple habilidad. Quien se esconde en las palabrerías porque no tiene nada que decir. La poesía es un diálogo con la verdad. Me hacen mucha gracia los poetas que se quejan de que la gente no lee poesía, cuando ellos no se molestan en interesarse por la verdad de la gente.

- Tiene publicadas tres novelas y varios libros de ensayo y además es un experimentado columnista. ¿Cómo se lleva con la narrativa, con la prosa un poeta de cepa como usted? ¿Hay estados de ánimo para pensar-escribir poesía ahora, prosa luego? ¿Para leer una u otra?

- Yo me siento poeta. Empecé a escribir novela cuando llevaba casi 30 años publicando poesía. Cuando se es joven, la prisa es una virtud porque uno necesita encontrar su propio mundo. Pero al pasar de los años es importante la paciencia, escribir lentamente para no repetirse o utilizar recetas. Me impuse una disciplina de lentitud y dediqué el tiempo a otras formas literarias como la novela. He aprendido que cada género tiene sus códigos distintos. No vale ponerse poético al escribir una novela o ponerse prosaico al escribir poesía. No es lo mismo fundar un mundo propio en la intensidad de 30 versos que crear varios personajes, cada cual con su forma diferente de ser, para mantener un relato a lo largo de 200 páginas. 

El columnismo, por otra parte, es una forma de participar en los debates de la sociedad. Está bien que los escritores colaboren en la prensa para demostrar que las opiniones de los periódicos no son verdades objetivas, sino puntos de vista. La realidad es una construcción humana, y es bueno saberlo y moverse en ella. La literatura no deja nunca de ser una forma de rebeldía contra las injusticias del mundo.

- Cuéntenos sobre el grupo que conforma con Almudena, Ángel González, Joaquín Sabina, Benjamín Pardo… Se conoce que es una amistad labrada en el amor por los libros, ante todo… pero, ¿hay algo más allá, por ejemplo, el desarrollo de alguna estética o propuesta particular? 

- Los amigos son una familia, un ámbito de hermanamiento. Nos ha unido una forma de pensar parecida en la literatura, en la política, en la vida. Admiro mucho las canciones de Sabina, las novelas de Almudena, la poesía de Ángel. Y sé que con ellos he podido opinar libremente, aunque hubiese tomado muchas copas, sin que nadie se molestase. Los amigos dan esa confianza que hace falta para ser valiente, y son un recurso para sentirse en compañía en las situaciones de más soledad. Hay mucho artista que siente como una ofensa el éxito ajeno. Yo he tenido la suerte de vivir como propios los éxitos de los amigos. Nos gusta beber, cantar y escribir bien.

- Hace poco comentó que de ser por usted no le hubiera dado el Nobel a Bob Dylan. ¿No cree que un buen letrista cancionista -Joaquín, por ejemplo- haga literatura en sus piezas?

- Bueno, seamos sinceros. Hoy en día un cantante es más importante socialmente que un poeta. Tiene mucha más repercusión en la sociedad. Ganan más dinero, tienen más novias o novios. ¿Para qué quieren los premios literarios? A mí me parece que esa dinámica es propia de instituciones que quieren participar de la sociedad del espectáculo. 

Leonard Cohen tuvo mucha razón al decir que darle el Nobel a Dylan era como ponerle una condecoración al Everest. Soy muy partidario de la complicidad entre canción y poesía. Desde la edad media, la forma más eficaz que ha tenido la poesía de evitar separarse de la vida ha sido abrir las ventanas para que entre la canción. Y creo que una canción gana mucho cuando está bien escrita. Pero ese enriquecimiento solo se produce cuando no hay confusiones baratas entre poesía y letras de canción. Y eso no es elitismo literario. Si a mí me dieran a elegir entre el Nobel de Literatura o llenar un estadio de fútbol con mis canciones como hace Joaquín, yo seguramente escogería el campo de fútbol.

- ¿Con qué expectativas aguarda su visita a Bolivia  y qué acercamientos tiene a la literatura boliviana?

- Nunca había tenido la oportunidad de conocer Bolivia. Me siento muy identificado con la poesía latinoamericana, y conozco casi todos los países. Me faltaba Bolivia. Quiero conocer su gente, su situación, su realidad, y compartir buenas conversaciones con algún poeta amigo, como Gabriel Chávez. La Feria del Libro me va a permitir acercarme a la literatura boliviana.

 

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