Personaje

Al Capone, del mito a la realidad

A los 27 años era uno de los mafiosos más famosos de EEUU y a la vez dulce padre de familia, amante esposo y protector de los pobres. Una biografía lo muestra así.
domingo, 14 de octubre de 2018 · 00:00

Ricard Bellveser Escritor

Hay personajes que en sí mismos, su historia y sobre todo su mito, despiertan un excepcional interés y uno de ellos es Al Capone, Al es la abreviatura de Alphonse Gabriel, probablemente el gánster más famoso del mundo, un tipo que aviva una curiosidad universal.

Por ello es protagonista de historias inventadas, soporte a películas relevantes, (Eliot Ness y los Intocables, El Padrino, etc.) donde se le representa cargado con sus tópicos y cuanta imaginación le ha rodeado, historias unas ciertas, otras inventadas y dejadas caer en su camino de subida al cielo económico del capitalismo que él representa y el descenso a los infiernos de la enfermedad, el olvido, la demencia y la miseria que tuvo por última compañía. ¿Porqué? ¿a qué se debe la fama perdurable de Capone sino es a que la mafia vine a significar el nacimiento de cierto modelo de empresario?

La escritora Deirde Bair, famosa por sus biografías de personajes famosos e ilustres, como las de Samuel Beckett (1978), Simone de Bauvoir (1990), Anaïs Nin (1995), C.G. Young (2003) o Samuel Steinberg (2012), ha publicado una biografía de Capone que ha titulado Al Capone. Su vida, su legado y su leyenda que para los lectores en español nos llega en impecable traducción de Antonio-Prometeo Moya (Editorial Anagrama. Barcelona, 2018. 500 páginas).

Con personajes tan soberbios, la primera dificultad es separar la verdad, los datos contrastables, del mito y la imaginación que la literatura, el cine, la ficción, la imaginación y las fantasías han creado en su entorno. Capone, procedente de una familia de inmigrantes italianos, comenzó haciendo pequeños trabajos en el puerto de Nueva York, pero aún así logró acabar sus estudios de secundaria.

Hasta ahora se había venido afirmando que los había abandonado precozmente para convertirse en un niño pandillero y no es así. Terminó su formación, lo que hizo de él un hombre agradable de trato y educado, lo que también pone fin a esa imagen de personaje ignorante, sanguinario y cruel. Todo lo contrario “quien lo conocía, le caía bien”.

Ciertamente, antes de cumplir los 30 años de edad, principalmente con 27, 28 y 29 años, ya era el mafioso más famoso de Estados Unidos, un hombre que se había hecho inmensamente rico traficando con el alcohol, aprovechando la oportunidad que le ofrecía la Ley Seca, el sexo en prostíbulos que él controlaba y propiciando chantajes políticos a políticos destacados e incluso ordenando ejecuciones de adversarios, como la Noche de San Valentín entre otras, que están en la historia mafiosa americana.

Para poder construir una imagen lo más verdadera posible, Deirde Bair se ha valido de las confesiones, declaraciones, aclaraciones y opiniones de los descendientes consanguíneos de Capone, cuestión nada sencilla, pues la mayoría de ellos, ha preferido optar por la discreción, el disimulo, o el anonimato, incluso habían cambiado su apellido por el de Brown, para huir del estigma de llamarse Capone, pero por fortuna sí colaboraron en la investigación con sus opiniones y sus recuerdos.

En el momento de reunir estos datos, aún vivían cuatro de las nietas del capo, y de ellas el testimonio más relevante es el de su sobrina nieta Deirdre Marie Capone, que conoció a su abuelo, de él aprendió a hablar italiano, a montar en bicicleta y a convivir en familia porque, según desvela, su abuelo era un hombre sumamente familiar, padre de familia, amante esposo, querido abuelo y patriarca familiar, cariñoso con su hermana Mafalda, atento a su madre Teresa, a quien llamaba a diario, y feliz con su mujer Mae Coughlin, a quien la familia no aceptó de buen grado porque Al la dejó embarazada, menor de edad, sin haberse casado, y por ser irlandesa, o dicho de otra manera, por no ser italiana.

De adolescente, a Capone, en una disputa le cortaron la cara, de ahí su apodo de Scarface, o Caracortada, que arrastró durante toda su vida porque era una señal bien visible.

Esta imagen de manos blancas, contrasta enormemente con la del sanguinario enemigo público número 1, lo que se acrecentaba con escenas como la de invitar a uno de los miembros de su organización que le iba a traicionar y matarlo partiéndole el cráneo con un bate de beisbol en la misma mesa del banquete, escena que no se ha podido documentar aunque actúe como metáfora en la película de Eliot Ness y los Intocables.

Llegó a acumular una fortuna, pero al mismo tiempo, entre otras acciones de carácter social, abrió un comedor, que pagaba él, en el que se daba de comer, diariamente, a más de 3.000 personas afectadas por la depresión, que había arruinado sus economías, lo que le dio un cierto aire de Robin Hood y ha venido desorientando a los amantes del tópico.

Fue detenido y encarcelado por un tecnicismo sobre su impago de impuestos, algo muy menor, que fue aprovechado por las autoridades de anticorrupción de un modo judicialmente abusivo, como se encargaron de demostrar constantemente sus abogados defensores.

No había otra manera, porque Capone pagaba a policías, políticos, funcionarios, investigadores, inspectores de Hacienda, tenía una nómina de cientos y cientos de empleados públicos a su servicio y por ello percibían de su bolsillo cantidades importantes de dinero todos los meses, por lo que eran los primeros interesados en el que el imperio Capone no se acabara.

Fue a la cárcel condenado a ocho años, periodo en el cual se fue desmantelando su imperio. Habían aparecido nuevos gánsteres y mafiosos, entre ellos Lucky Luciano, que perfeccionó el método Capone para encajarlo en un mecanismo de cierre de la organización mafiosa, que hizo girar en torno a la familia y las familias. Desde la cárcel no podía llevar el gobierno de sus negocios, por lo que se fueron desmantelando. Capone contrajo la sífilis en uno de sus propios burdeles, y a los pocos meses se empezaron a manifestar evidentes daños mentales que le llevaron a la demencia. Demente, arruinado, abandonado por todos, murió en la miseria el gánster más famoso del mundo, fama que sigue teniendo y que se mantiene impecable.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.