Todos lo saben y el genio de Asghard Farhadi

El periodista Fernando Molina reseña la más reciente película del director iraní.
domingo, 21 de octubre de 2018 · 00:04

Werner Herzog dijo una vez que el cine iraní es uno de los cines artísticos más importantes del mundo. Si esto es cierto, se trata de logro lógico, si se toma en cuenta la historia de este cine, y curioso, si se pone en consideración las actuales condiciones de producción del mismo, dado que Irán es una república islámica, donde los mandatos morales de los funcionarios religiosos son parte importante de la ley y, por tanto, impera la censura.

Como se sabe, la cultura iraní es muy profunda y antigua. Además, desde comienzos del siglo XX la sociedad iraní adoptó el entonces recién inventado cinematógrafo y se volcó a él, logrando desarrollar décadas después, bajo el shah Reza Pahleví, una industria de mucho éxito interno y autores de peso.

También entonces los cineastas debían enfrentarse a la censura, que era de orden político, ya que el gobierno del shah era una dictadura. En 1979 se produjo la Revolución Iraní y el peso religioso de la misma estuvo a punto de hundir al cine del país, que sin embargo renació de sus cenizas en los años 90, gracias a la sobreviniente moderación del proceso revolucionario y al fin de la prohibición de tocar asuntos como la mujer y el amor.

La nueva ola del cine iraní, con obras a la vez originales y seductoras, se potenció por la obtención de muchos premios internacionales; esto explica la paradójica situación actual, en la que a veces el Gobierno apoya en el extranjero filmes que no permite reproducir dentro del propio país.

El mayor nombre asociado a este florecimiento es el del ya fallecido realizador Abbás Kiarostamí, autor de Close-up, considerada por el British Film Institute como la 42 de las 50 películas más grandes de todos los tiempos. El segundo mejor o más conocido director iraní contemporáneo es Asghard Farhadi, que en los últimos años ha hecho dos películas que han quitado el aliento al mundo: La separación y El cliente, ambas ganadoras del Óscar a la mejor película extranjera, además de muchos otros premios.

Gracias al reconocimiento que ha obtenido, el trabajo de Farhadi ha sido visto en todo el mundo, inclusive en Bolivia. Luego de la exhibición de El cliente en nuestra salas, hice un comentario que era el de un fan rendido de admiración: “Tolstoi en imágenes en movimiento”. Pese a que consiste en una crítica subrepticia a la sociedad iraní –y a otros sociedades cerradas–, el guion de El cliente fue aprobado por la censura de este país. Se dice que porque esta no es mecánica ni avasalladora, ya que depende de funcionarios que pueden discrepar entre sí e incluso pueden estar dotados de cierto “vuelo”.

La última película de Farhadi, en cambio, no ha sido hecha en Irán y no presenta una historia propia de este país. Se trata de Todos lo saben, que también ha sido proyectada en La Paz (ignoro si en el resto del país), y que cuenta una historia de “mujeres y amor” ambientada en un pequeño pueblo español. Una historia que, sin embargo, se despliega gracias a los movimientos de una trama de índole policial.

Una familia celebra una boda, con la presencia de una hermana de la novia, Laura (Penélope Cruz), quien llega con sus hijos de Argentina, donde vive. Su esposo argentino (Ricardo Darín), en cambio, se queda en su país. En medio de la fiesta se produce un apagón y la hija de esta pareja es secuestrada y piden por ella 300 mil euros. De un modo algo inverosímil, la familia decide no ir a la Policía y en cambio investigar y negociar con los captores por su cuenta. Siguiendo esta investigación vamos descubriendo los secretos que se esconden en torno a la relación de Laura con Paco (Javier Bardem) y la posible implicación de los propios miembros de la familia en el secuestro. Se trata de una película sobre el infierno grande que es todo pueblo chico, que está llena de esa tensión interior que Farhadi sabe crear con maestría, pero que pierde por su trama no del todo creíble ni del todo impactante ni incluso bien tejida, por una actuación desigual del elenco y, en general, por el hecho de que Farhadi no conoce ni el idioma ni la cultura de la que está hablando, por lo que su trabajo es excelente pero no genial, se pierden los matices y no muestra la sabiduría que es posible observar en sus obras iraníes.

Una película menor de una filmografía sin embargo enorme, y que por esto, y por la oportunidad de ver a un convincente Bardem en pleno dominio de sus facultades, vale mucho la pena.

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