Cafetín con gramófono

De reskatiris y resKataris

Hace 20 años nació La Mariposa Mundial como revista y posteriormente cobró el estatuto de editorial. Sobre la labor de esta publicación escribe Omar Rocha.
domingo, 07 de octubre de 2018 · 00:00

Omar Rocha Literato

Estos son algunos fragmentos (no todos) leídos en el marco de las IV Jornadas de Literatura Boliviana, realizadas en La Feria Internacional de Libro de La Paz-agosto de 2018-. Próximamente aparecerá una publicación en la que se darán a conocer todas las ponencias, también ésta en su versión completa.

• La Mariposa Mundial nació como revista hace 20 años (aunque si nos ponemos un tanto exquisitos diría que nació antes como separata de una revista llamada Puntos Suspendidos), después, con el correr de algo de tinta fue adquiriendo el estatuto de editorial. Hoy somos una revista y una editorial pero queremos ser “coleccionistas públicos de resonancias”, como dijo Alan Castro en un texto publicado el año 2015.

• Hasta el momento llevamos publicados 24 números de la revista y 24 libros de un catálogo que, lenta y rápidamente, se va haciendo más grande. 13 libros en la colección “papeles de antaño” (contando a Café y Mosquitero, libro de Jaime Saenz que tuvimos que sacar de circulación por temas de derechos de autor), siete en la colección “ogaño” y cuatro en la colección “argolla” (dedicada a la traducción). Actualmente tenemos cinco títulos en preparación (un libro sobre Gamaliel Churata que Rodolfo Ortiz está trabajando y que se publicará en coedición con Skepsis), un libro de Sergio Suárez Figueroa, La Araña Gigante, que ha trabajado Alan Castro y que esperamos publicar en coedición con la Maestría en literatura boliviana y latinoamericana de la UMSA, Pirotecnia bilingüe de Hilda Mundy, poemas de Roman Antopolsky, un libro, en realidad dos, de poemas de Zeke Rosso y quizá un libro mío sobre revistas literarias bolivianas de antaño.

• Hace pocos meses, durante la presentación del Nro. 23/24 de la revista y haciendo referencia a una reciente publicación, Rodolfo Ortiz, planteaba un deslinde del que quisiera partir para hablar de La Mariposa Mundial: En pocas palabras y sin aleteos excesivos, reskatiri no es lo mismoque resKatari.

• La Mariposa Mundial hizo su aparición hace 20 años, por tanto, aunque estemos aquí presentes, creemos que no somos parte de la moda de los reskaritis, ni de las recientes pulsiones que se acercan al pasado, así, es imprescindible considerar que no todas las iniciativas convocadas a este evento tienen que entrar en la misma bolsa.

• Nos separamos del gesto que impone un canon desde el escritorio, atendiendo a cierta iluminación y derecho que se olvida de un trabajo colectivo, nos separamos también de aquellos proyectos que acuden al pasado como parte de una estrategia de mercado, enarbolando la teoría de la relatividad que se traduce en el famoso “todo vale”.

– Tenemos más afinidad, por ejemplo, con el THOA y el trabajo de archivo que hizo Silvia Rivera y su colectivo en los 80/90 cuando estudiaban a los artesanos y anarquistas y, también, con algunos proyectos académicos de largo alcance.

• Aquí vale la pena recordar LaHistoria Crítica de Literatura en Bolivia (2002), allí se dio una feliz coincidencia, pues llegaron a encontrarse y convivir sensibilidades similares. Copio, como ejemplo, unos fragmentos del proyecto que presentamos al PIEB, institución que lamentablemente está en proceso de desaparición:

Es en El Loco de Arturo Borda que encontramos la volanda que hace posible una organización territorial crítica y definitiva de las formas literarias y permite articular un corpus que llamaremos luego Historia Crítica de la Literatura en Bolivia.

Esta propuesta pretende demostrar que la obra El Loco de Arturo Borda funda hacia adelante y hacia atrás la literatura en Bolivia. Es decir, la proponemos como obra que en su lugar mismo de escritura consistente y de vaciamiento de identidad hace posible imaginar literariamente con cierta coherencia este país imposible.

• En esta Historia se trabajó la idea de olvidadero como aquel basurero o botadero de lo que no se quiere recordar, de aquellos seres que la historia ha negado, la memoria de lo que se oculta, pero siempre estuvo presente: mendigos, locos, leprosos, etc. Compartimos esta idea y la incorporamos al trabajo que veníamos realizando.

• Alan Castro escribe: Un libro se pone a resonar cuando aparece –junto a otros títulos– en la lista de imprescindibles de un lector activo (un editor en estado natural). Esa es la idea del editor como “coleccionista público de resonancias”, alguien que las comparte y adquiere la confianza (o no) de otros lectores, a quienes también les resuena o sólo suena ese algo indefinible que ha hecho sonar o resonar al editor.

• Compartimos en nuestro trabajo la idea de contemporaneidad trabajada por Giorgio Agamben, compartimos la idea de cultivar cierta anacronía, cierta “intempestividad”, cierto desfasaje con el tiempo que nos corresponde. Leer o escribir son actos anacrónicos en sí mismos, son experiencias devaluadas, residuales e inútiles, pero como experiencias platean la incorporación subjetiva de una otredad, un extrañamiento que permite visitar ámbitos en los que el encuentro entre sujeto y objeto queda alterado, transformado.

Ese es el sentido de contemporaneidad recuperado por Agamben, un anacronismo que lo liga al pasado inevitablemente y que lo distancia de su propio tiempo, pues si estuviera demasiado imbuido en él no aportaría ninguna posibilidad de experiencia, por el contrario, seguiría adherido al determinismo puro –de nuestro tiempo– sin que nada se pueda hacer.

• Así, desde el principio asumimos una oscilación asidos a la joroba de Ismael Sotomayor: Ogaño-Antaño-Ogaño.

• En una entrevista que Virginia Ayllón hizo a Rodolfo Ortiz se planteaba que el trabajo de La Mariposa Mundial es el siguiente: i) una relectura de la literatura boliviana fundamentalmente, pero también de la literatura mundial o más cosmopolita, ii) la relectura de la literatura más que la promoción de nuevos valores y, iii) continuar la obra de papelistas, en tanto rescatadores de papeles, de archivos.

• Hace tiempo que reunimos papeles (y no sólo los papeles, también objetos, dibujos, fotografías, etc.) de Guillermo Bedregal, Sergio Suárez Figueroa, René Bascopé, Juan Conitzer, Gamaliel Churata, Arturo Borda, Jaime Saenz e Hilda Mundy, hemos pensado y seguimos pensando en archivos, en colecciones.

• El coleccionista se considera heredero, no cualquiera que reúne libros es coleccionista. Esto va más allá de acariciar libros en un gesto fetichista, por eso interesan las figuras de Gunnar Mendoza, Gabriel René Moreno, Carlos Medinaceli, Ismael Sotomayor (y la miniaturización de su biblioteca), ellos intentaron re/construir una historia, una tradición, somosherederos en ese sentido.

• Y aquí aparece el término “resKatari”, donde destaca el apellido Katari, es decir, el investigador que averigua que pasó con El Loco y, además, se encuentra con un manuscrito…

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