Contante y Sonante

Los nuevos cíclopes

En la pequeña pantalla, dice García, está la vida y otras maneras de vivir.
domingo, 07 de octubre de 2018 · 00:00

Oscar GarcíaMúsico y poeta

En la pequeña pantalla se están sucediendo cosas, rostros, frases, dimes y diretes. Con un dedo deslizando, con dos pulgares haciendo de jueces a veces, de melancólicos y solitarios otras veces, de severos críticos de cualquier cosa. Ahí está el mundo, el mediato.

El mundo que existe entre el ojo y la pantalla, entre ambas luces. Una que ansía proyectarse y la otra, la luz celeste, que pretende atrapar, encerrar, succionar, desprender al fin esa otredad viva para llevarla a un Nuevo Hades, uno multicultural, desprovisto de identidades, sin ninguna singularidad. Uno hecho no de misterio si no más bien hecho de absolutas transparencias, sin veredas, sin esquinas. Nada donde esconder nada. Nada donde se evoque.

Un inframundo construido en una planta ensambladora de cositas con circuitos sin alma, en inteligencias desalmadas.

Ahí habita el ojo, el uno y el otro. Se mira a sí mismo, se encanta, se encandila. Se lee. Flota al mirarse en imagen y texto, o en texto sólo o en imagen perfecta con la sonrisa perfecta con la mirada perfecta, con la actitud perfecta de marcar la diferencia.

Como si hubiera diferencia entre la imagen de un rostro con tendencia a la modelación y otro con tendencia al desacato. En ambos, en todos, está la simple necesidad de la exposición, el mostrar y el verse. No hay diferencia. Hay un …aquí casual escuchando una frase tonta en el mercado…, infiriendo claro, que la inteligencia está de parte de quien lo reporta y hay que remarcarlo, hacer lo imposible para hacer notar alguna autenticidad donde no la hay.

Hay un igual, todo se iguala, todos opinan con igualdad de condiciones, que no es lo mismo que con igualdad de soltura en la palabra o en ocurrencias. Todos iguales, lejos del mundo. La conexión ha superado a la comunicación y la transparencia al misterio. Y la velocidad a superado, de lejos, a la contemplación. Ya se escribió al respecto, que la velocidad y la inmediatez han logrado el deshaucio de los planes, de la promesa, de la vida proyectada.

Pues resulta que en la pequeña pantalla está también el amo, la patrona, la fábrica, el escritorio, los deseos, las pasiones, los odios, el maletín, los antojos, los misterios que no lo son pero parecen. Está la vida, la manera de vivir. Lejos de la contemplación, lejos de del descanso. Hubo un tiempo, muchos tiempos, en los que había trabajo, un adentro y un afuera, un en el trabajo y un después del trabajo. En la pantalla pequeña éstas diferencias se han fusionado, acompañan siempre. A veces el sueño salva, a veces una mascota incandescente, a veces una planta. Una planta necesita cuidado, agua, miramiento, un lugar, o varios persiguiendo un poco de sol.

Requiere tiempo que es justamente lo que la pantalla pequeña ha chupado al mundo. Las mascotas también han invadido el mundo de todos. Se sabe de gatos mirando a otros gatos mirados por gentes exponiendo a su vez a otros gatos presentados como únicos sin parangón…y se parecen todos.

Se sabe quién acaba de comprar una vagoneta con señas precisas sobre la marca, el año, el color de los asientos y la ceremonia de la challa. Todos han acudido, estuvieron en la ceremonia cientos de gentes con sus atuendos mejores, estuvieron los parientes que viven en países lejanos. Hasta los muertos. En las artes escénicas se anota todo el mundo, se genializa a los dueños de la obra, se los hermosea, se los bellecea.

En la pantalla pequeña hay siempre lleno completo, aunque en las salas, tres personas de verdad, un ratón, un huevo duro olvidado en un asiento, un documento de identidad de una persona NN. Sin domicilio conocido, imaginado como en cliché audiovisual, con su soledad a cuestas subiendo el empedrado, con las solapas de su saco brillando pero no por limpieza.

El éxito parece ser el tesoro más preciado, rápido, sin discusión, a un solo toque de pantalla, a la velocidad de un dedazo, como se elige a una autoridad incompenente en asuntos de vida o muerte. El éxito es más crucial que el disfrute de una cerveza fría en el parque, a ocultas de los verdes y de los azules y de las inteligencias vigilantes de los aparatos que un día, sin falta, andarán solos por ahí, sin necesidad de lo humano, para gobernar, para esclavizar a las wawas futuras y volverlas como un chip más que vayan sin chistar a la tienda, a comprar pan.

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